El voto en el exterior: ¡Qué chasco!  (parte 2)

Por Rolando Robles lunes 1 de junio, 2020

La primera experiencia nuestra en materia de voto a distancia fue en el año 2004. Luego del traumático gobierno de Hipólito Mejía, el pueblo se volcó a votar por la alianza del PLD, y Leonel Fernández logró una victoria apabullante (57% PLD-33.7% PRD). En el Exterior, la diferencia fue mayor aun, (67% PLD-19% PRD) con una participación récord de 67% del total de inscriptos, que eran 52,440 votantes.

En el 2008, la presencia dominicana en las urnas del Exterior fue mas que

discreta. De nuevo la alianza peledeísta y Fernández ganaron, pero, con un porcentaje menor (53.8% PLD-40.5% PRD); mientras que la ciudadanía comenzó a ausentarse de las urnas. Solamente un 46% participó, por ello, la abstención alcanzó el 54%.

En el 2012, el PLD registró algunos enfrentamientos internos y su imagen sufrió cierto deterioro; pero, con la influencia electoral que da un gobierno integrado al partido que lo sustenta, y desde luego, con las expectativas que generaba Danilo Medina como ente político, se logró un desempeño en las elecciones de mayo, mas que bueno.

De nuevo ganó la alianza oficialista en el país (51% PLD- 47% PRD), se preservaron cuatro de las plazas a diputado del Exterior y una supremacía discreta en el voto presidencial. Específicamente, en la ciudad de Nueva York, el PLD perdió por unos cinco mil votos; ello generó la percepción de que su reinado había terminado en la comunidad residente del Exterior.

Sin embargo, al revisar los resultados en el resto de las ciudades y países donde se votó, comprobamos que la participación masiva de la comunidad pudo superar la desventaja de Nueva York con creces, que ésto era una derrota emocional mas que real y que, todavía se conserva el favor de los votantes. El yerro informativo generó la percepción de un fracaso de la alianza oficial en la Gran Manzana y a consecuencia, tanto los opositores, como los gobiernistas, malinterpretan el sentir de los dominicanos que residimos fuera de la isla.

En el 2016, la lucha intestina en el PLD tomó un carácter definitorio y los resultados electorales de Ultramar marcaron el derrotero a seguir. De nuevo Danilo Medina se impuso, pero esa vez con el porcentaje más alto de la era post trujillista (62% contra 35% de Abinader), superando de paso a Fernández (57% en 2004) y a don Juan (58% en 1962).

Otra vez el PLD y sus aliados, mantuvieron los cuatro diputados obtenidos en el 2012 y ganaron el voto popular en todas las provincias dominicanas y ciudades del Exterior donde se votó, aunque perdieron -o digamos que no ganaron- cuatro de las treinta y dos senadurías nacionales. Los resultados de 2016 certificaron el liderazgo interno del presidente Medina dentro del PLD y por extrapolación, del país.

Pero mi intención no es hacer una apología de la solidez del PLD como partido, que sin duda lo merece. Lo que me interesa es el comportamiento de los votantes en el Exterior y su alta tasa de abstención. Cada vez se evidencia mas que, los dominicanos no tienen interés por participar en los procesos electorales criollos, pero sí, en la política doméstica de USA.

Los récords de la JCE demuestran que: en el 2004 la abstención fue 33%, en el 2008 54%, en el 2012 55% y en el 2016 alcanzó el 61%. Esa apatía a la participación sugiere lo que una conocida socióloga dominicana plantea en artículo publicado recientemente en la prensa nacional bajo el título de “Voto en el exterior: un invento problemático”. Sostiene doña Rosario Espinal que: “tarde o temprano el voto en el exterior tendrá que ser evaluado en la República Dominicana, y quizás sea en estas elecciones 2020…”

Es saludable señalar que, en estas elecciones pasadas, especialmente en la circunscripción número 1 del Exterior, se manifestó un comportamiento malsano, de parte de los organizadores y de los partidos políticos en general. La JCE permitió -inexplicablemente y a media jornada del evento- que personas que no estaban inscriptas en el padrón, votaran en cualquier mesa electoral.

Inmediatamente terminada la votación, los partidos políticos se lanzaron a una campaña “hipócrita e irresponsable” de acusarse mutuamente de la vulgar violación, a sabiendas de que todos, absolutamente todos, hicieron barbaridades, llevando a votar a sus militantes mas activos en todos los recintos que pudieron. Esta degradación del sistema abultó la cantidad de participantes y evidentemente, disminuyó falsamente el % de abstención.

El asunto que nos preocupa hoy es, si habrá elecciones el 5 de julio y si estamos de acuerdo con que se realicen. Si se dan las condiciones para que las autoridades locales autoricen su realización y la JCE hace su tarea en el escaso tiempo que le queda -algo de lo que no estoy tan seguro- no me opondré a participar y creo que ningún dominicano debe hacerlo.

Personalmente, entiendo que votar aquí resulta más dañino que beneficio, porque fracciona la unidad de la comunidad al momento de enfrentar los problemas que tenemos aquí, y además, porque no tenemos un solo logro que podamos atribuir al dichoso voto en el Exterior.

Pero, las leyes son las leyes y aunque a uno no le guste, igual debemos obedecerlas. Aun estando en contra, voy a votar el 5 de julio -si es que las circunstancias lo permiten- especialmente, por mi candidato a diputado, el activista comunitario doctor Yomare Polanco, la única nota luminosa del proceso.

¡Vivimos, seguiremos disparando!

 

POR ROLANDO ROBLES

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