El voto en el Exterior: ¡qué chasco! Parte 1

Por Rolando Robles miércoles 20 de mayo, 2020

Bien pudiera yo ni hablar del asunto éste pues, he venido tratando el tema desde hace sobre veinte años y, a decir verdad, los dominicanos que vivimos fuera del país, no hemos recibido ningún beneficio del “dichoso voto en el exterior”. Dicho proyecto nos llegó como una “panacea”, fruto de la voluntad política del doctor Peña Gómez, que lo propuso -junto a la doble ciudadanía- en el Pacto por la Democracia de 1994.

En ese momento, no hay dudas de que el líder del PRD estaba muy bien intencionado, aunque también, muy equivocado. El voto a distancia desde otra nación fue recibido con gran alborozo por las claques de los partidos nuestros en el exterior, porque les permitía validar su vigencia política y -en consecuencia- acceder al disfrute del presupuesto nacional, su sueño más atesorado.

El voto es un ejercicio político legítimo, pero no es nada provechoso para una comunidad de migrantes que tienen la necesidad de insertarse en la nueva        sociedad que nos alberga, para poder progresar en ella. Aun y cuando se tiene la esperanza de un “retorno triunfal” al país de origen, la realidad nos indica que la segunda generación -nuestros hijos- no van a retornar y, por tanto, hay que concentrarse en la educación que les permita convertirse en ciudadanos de “primera clase”, no simples migrantes como sus padres.

Es cierto que más de cien países permiten a sus ciudadanos votar desde la nación donde residen y que en una veintena de casos, hasta se les otorga un número reducido de representantes en el Congreso. Pero, no es menos cierto que, para los fines prácticos, tal “conquista” es meramente simbólica. Lo que sí está bien claro es que, ello sólo acarrea un abultamiento en las nóminas de los estados de origen.

Hoy la incertidumbre es, si podremos votar cívicamente en nuestros países de residencia, como lo hemos hecho antes en cuatro oportunidades. Las pasiones políticas enturbian el debate, distorsionando -en uno y otro sentido- la realidad de los hechos. Algunos sostienen que el gobierno del PLD no quiere las elecciones, porque sabe que va a perder. Mientras, en el lado opuesto, los peledeístas depositan toda la responsabilidad de los comicios en la Junta Central Electoral. Tanto el partido, como el Gobierno, se han pronunciado en tal sentido.

Sin embargo, he notado un optimismo desbordante en la oposición, que supone ganará ampliamente; y, en consecuencia, plantean “elecciones el 5 de Julio, aunque entre el mar”. Parecen olvidar -los opositores- que en los países donde residimos, esa decisión no está en manos nuestras sino, de las autoridades locales. Pero, además, agregan un componente triunfalista en su apuesta. El problema no es que sus candidatos tengan o no simpatías, que realmente la tienen. El asunto es convertir esas simpatías en votos y en ese orden, todos sabemos que las posibilidades de llevar gente a las urnas están a favor del Gobierno, porque es un asunto de recursos.

Por el otro lado, los gobiernistas muestran un pesimismo inentendible para mí. Yo no comprendo cómo es que los dirigentes y militantes del PLD en Nueva York -que es donde vivo- no alcanzan a notar, que una “maquinaria electoral” como es su partido, estando en el poder durante cuatro períodos consecutivos, siempre tiene las posibilidades de ganar, o cuando menos, de competir con decoro. Ese miedo latente, no tiene sentido, digo, si es que en realidad ellos son demócratas y boschistas, como proclaman a viva voz.

Establecida mi opinión sobre lo absurdo de esta pugna por la celebración de las elecciones dominicanas en el exterior, quiero recalcar las razones que me llevan a este juicio tan extremo. Primero, los políticos parecen olvidar que el certamen depende de la voluntad de un protagonista, tan indeseado como inclemente, que se lama COVID19. También parecen ignorar que, “nosotros no mandamos en este país”. Aquí hay autoridades y únicamente ellas pueden decidir si hay o no elecciones el 5 de Julio en su territorio.

Personalmente, creo que no hay un solo un logro que hayamos tenido por votar en el exterior. Los votos nuestros son los votos más costosos para país alguno, porque no producen mas que añoranzas y melancolías. Nuestros hijos sólo van a retornar a la isla de vacaciones y nosotros -si es que nos vamos de retirada- volvemos en un 90%. Además, con el dichoso voto del exterior, fraccionamos la unidad de la comunidad, al tiempo que nos imposibilita la construcción de una verdadera Agenda Dominicana en el exterior.

En una segunda entrega, voy a mostrarles -con números- el historial de nuestras elecciones aquí, y de cómo se evidencia la apatía de los votantes, al entender que no sacan nada positivo de este ejercicio cívico. Pero, hay que admitir que es una ley y que las leyes hay que cumplirlas, aunque no nos gusten. La cuestión es si la JCE podrá montar o no el evento en países extranjeros.

POR ROLANDO ROBLES

¡Vivimos, seguiremos disparando!

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