El voto electrónico

Por Manuel Hernández Villeta martes 10 de septiembre, 2019

En una época cibernética, la Junta Central Electoral tiene que complementar todo lo relacionado con el voto electrónico. Está bien que lo ponga en práctica en cuantas votaciones se den en el país, pero que se cuide de caer en las redes de las primarias de los partidos políticos.

De primera intención, la mayoría de los votantes fueron indiferentes ante el simulacro, pero la JCE debe seguir adelante. Es su obligación modernizar el sistema de elecciones, pero al mismo tiempo garantizar que los ciudadanos tengan el conocimiento para poder ejercer su derecho a elegir y ser electos.

No se debe repetir el caso de los escáner de las pasadas elecciones, los cuales nunca funcionario y ahora son trastes viejos. Si se va a utilizar el voto electrónico, se debe estar seguro de que esa inversión va a rendir frutos. Lo importante es la confiabilidad de las elecciones.

Los jueces de la JCE tienen que estar claras en que dejar a un lado el papel y el creyón lleva la ejecutoria  de una gran campaña de educación, de trabajo, de perseverancia. Descuidarse, es poner en peligro el justo equilibrio de las elecciones.

Respaldamos que se hagan todas las pruebas necesarias para la implementación del voto electrónico. Es un método nuevo  que va a revolucionar el sistema de elecciones, pero no está exento de fracasos, de tropezones y hasta de acciones fraudulentas.

Hemos dicho en varias ocasiones que la principal tarea de la Junta Central Electoral es levantar su credibilidad, hacerse potable, que pueda tener la fuerza moral de ejecutar las venideras elecciones congresuales, municipales y presidenciales.

En esta institución tiene que haber más fortaleza, más verticalidad, más fuerza de acción, si eso no se logra, será difícil poder tener unas elecciones libres y democráticas. Si no hay credibilidad y fuerza moral, el voto electrónico no salva el proceso.

 La Junta se tiene que cuidad de caer en las garras de los partidos políticos. Hay simpatías manifiestas de jueces con partidos, pero ello no debe estar por encima  del compromiso nacional. El que se mete a puestos de responsabilidad electoral debe saber que su compromiso no es partidario sino con el país.

Las primarias de los partidos políticos van a estar al rojo vivo, serán tierra de enfrentamientos y de impugnaciones. La Junta Central Electoral haría bien de estar lejos de ese terreno de guerra. Mandar supervisores, pero guardando distancia.

Si los organismos de los partidos son impotentes para poner el orden, no lo va a lograr una JCE que tiene todavía las piernas de gelatina. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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