El Tour de Francia busca el suspense por encima de las nubes

Por EFE jueves 25 de octubre, 2018

EL NUEVO DIARIO, PARÌS,(EFE).- Nunca había subido tanto el Tour como lo hará la próxima edición, cuyo recorrido fue desvelado hoy en París marcado por la alta montaña, con seis cimas de más de 2.000 metros en una búsqueda más allá de las nubes del suspense que el dominio del Sky ha anestesiado en los últimos años.

La edición de 2019, en la que se celebrará el centenario del maillot amarillo, fue presentada en sociedad en presencia de los tres ciclistas vivos que lo han ganado en cinco ocasiones, el francés Bernard Hinault, el español Miguel Indurain y el belga Eddy Merckx.

Este último, más que ningún otro, será homenajeado el próximo julio, porque lo vistió más veces que nadie (111). El Tour se lanzará desde su ciudad de Bruselas el 6 de julio y recorrerá algunos de los escenarios de sus hitos. De todas formas, Franciaentera lleva la impronta del Caníbal.

Especial recuerdo en Valloire, donde se impuso en 1972. Tampoco se olvidará a Anquetil y su triunfo en Bagnères de Bigorre de 1963; a Hinault y su victoria contra el crono en Saint-Etienne en 1986; ni a Indurain y su éxito cronometrado en Macon en 1991.

Cien años del maillot amarillo y 50 del último triunfo de Merckx, dos guiños demasiado llamativos que no podían dejar indiferente a una carrera siempre en busca de símbolos. Los turísticos estarán en el Pont du Gard, que se visitará dos veces (una como inicio de la décimo séptima etapa), y en la pirámide de cristal del Louvre, que se rodeará por vez primera en la última jornada coincidiendo con su trigésimo aniversario.

Además del inicio en Bruselas, el Tour sacará de su armario el traje de las grandes fiestas, el Tourmalet, que solo viste de meta cuando la ocasión lo merece. Lo fue en 2010 cuando se cumplían cien años de su primer ascenso, que abrió la puerta a las grandes cotas, y lo volverá a ser para festejar el maillot de líder.

“Poner la meta en el Tourmalet exige fechas particulares”, aseguró el director de la prueba, Christian Prudhomme.

Sus 2.115 metros de altitud, que tendrán que escalar el 20 de julio, le convierten en la única cima por encima de esa cifra en Pirineos, pero no será más que un aviso de lo que les espera en la última semana en Alpes.

Nunca antes la carrera había situado tres finales por encima de los “dosmiles”, que superarán en total en seis ocasiones, tres en una misma jornada (Vars, Izoard y Galibier), algo que solo había ocurrido una vez en la historia, en 2011.

La última será en Val Thorens, un día antes del desfile triunfal por los Campos Elíseos, una subida tendida de 33 kilómetros que, con casi 3.500 kilómetros en las piernas, puede acabar con cualquier organismo.

Al menos eso quieren pensar los organizadores, que cuentan con que la altura desregule la táctica, pese a que están resignados a que Sky, que ha ganado seis de las siete últimas ediciones (cuatro con Chris Froome, una con Bradley Wiggins y la pasada con Geraint Thomas).

“A más de 2.000 metros se producen cambios fisiológicos que alimentan la incertidumbre”, promete Prudhomme, que asegura que “para ganar el Tour hay que ser un buen escalador y en 2019 más que nunca”.

Como la última edición, volverán a primar con segundos al ciclista que supere en cabeza el último puerto cuando no albergue la meta y han pedido a la Unión Ciclista Internacional que sean más que este año, una apuesta más por los escaladores.

La montaña acechará a cada esquina, frente a la contrarreloj, relegada a una por equipos de 27 kilómetros la segunda jornada por las calles de Bruselas y otra individual de la misma distancia en Pau el 19 de julio, cerca del récord más bajo que se marcó en 2017.

Contraste con las 30 ascensiones, más que nunca, en todos los macizos, desde los Vosgos, con una nueva versión de la Planche des Belles Filles el día 11, un kilómetro más arriba de lo subido hasta ahora y rampas de más del 20 %, hasta la traca final alpina.

Antes, un paso por el macizo central con dos etapas de media montaña y los Pirineos, menos altos que los Alpes pero que, además del Tourmalet, prometen guerra con el inédito Prat d’Albis, a las puertas de Foix, además de la contrarreloj de Pau plagada de subibajas.

Restarán los Alpes, con un maratón que se acaba en el siempre esperado descenso del Galibier y dos etapas cortas más, con final a más de 2.000 metros, en Tignes y en Val Thorens, el tercer final más alto de la historia del Tour. Allí donde habitan los imprevistos.

 

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