El ser más hermoso del mundo

Por Ernesto Jiménez viernes 26 de mayo, 2017

“Madre: la palabra más bella en labios de la humanidad”. Kahlil Gibrán

El amor, como sentimiento supremo, es el origen y sentido último de todo lo relativo a la raza humana. La fuente primaria de dicho sentimiento es la persona que durante 9 meses nos da cobijo en su vientre, aquella que durante ese período nos infundió su propia sabia vital y que desde sus latidos hasta sus pensamientos nos mantuvo seguros en sus adentros. Ese ser tan especial, en la lengua de Cervantes, es llamado Madre o Mamá.

Desde el inicio de cualquier vida humana se establece un vínculo inigualable e inquebrantable entre el hijo y la su progenitora. En esa relación primigenia es donde conocemos el significado del amor en su más pura expresión; amor verdadero y sin medidas, que no conoce engaño, ni hipocresía, ni traición. Un amor tan grande que solo sabe entregarse por completo sin esperar nada a cambio, que se expresa con una fuerza inconmensurable que solo puede equipararse al amor de Dios.

Es incuestionable, que independientemente las circunstancias, una buena madre representará todo lo anteriormente descrito. Sin embargo, como ser humano al fin, su capacidad de cuidar, alimentar, vestir y educar a sus hijos estará determinada por múltiples factores materiales que van más allá de la bondad, la ternura o el cariño. Y es aquí donde la cruda realidad muestra sus feroces garras, que suelen ser mucho más crueles, con aquellas desfavorecidas por el poder, el dinero o la fortuna.

En países pobres como la República Dominicana, la mera condición de madre representa en sí un importante desafío, debido a que en su gran mayoría pertenecen a segmentos poblacionales que sufren de amplios niveles de desprotección social y estatal. Lo cual se evidencia en diversos estudios que, una y otra vez, constatan los importantes rezagos económicos y sociales que complican la indispensable labor de ser mamá. Entre estos, el más reciente informe de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE) muestra un panorama aciago y aterrador.

De acuerdo con dicha investigación, el 89 % de los niños nacidos en el 2015 pertenecen a madres solteras. Lo que significa que estos chicos tienen grandes posibilidades de crecer en hogares monoparentales, lo que a su vez representa un reto muy importante para la madre y un indicador delicado para el país. ¡Ojo! este dato no es negativo per se; sin embargo, somos de los que pensamos que lo ideal es que la madre cuente con la ayuda idónea de un padre responsable dentro del hogar. Así se fortalece la familia y se consolida la principal institución de la sociedad.

En este estudio de la ONE, también se destaca una realidad compleja, indignante y atroz: los embarazos en niñas y adolescentes. En el 2015, el 27.3 % de las madres, al momento del nacimiento de sus hijos tenían menos de 19 años. Es decir, una cuarta parte de todas las damas que dieron a luz en ese año eran menores de edad. Como entenderán, esto es simplemente vergonzoso y a todas luces inaceptable.

El Estado tiene la responsabilidad de ponerle coto a este fenómeno social que perpetúa ciclos viciosos de pobreza y marginalidad. En consecuencia, es preciso que se establezca como prioridad inaplazable la protección de la integridad física y moral de las niñas en la República Dominicana, para que de esta manera, cuando decidan ser madres, puedan hacerlo con plena conciencia y con amplias posibilidades de brindarle una vida digna a sus hijos.

Una nación que no es capaz de garantizarle condiciones mínimas al ser más hermoso sobre la tierra, definitivamente, está llamada a desaparecer. Ellas son el pilar fundamental de la familia, y sin éstas, es inconcebible la vida en sociedad. En fin, la moraleja es breve, pero cardinalmente importante: el ejemplo de sacrificio y entrega absoluta de nuestras madres debe ser correspondido en igual magnitud por sus hijos, porque al honrar su amor infinito nos honramos a nosotros mismos, y a la vez, cumplimos con un deber sagrado ante el Creador.

POR ERNESTO JIMÉNEZ

*El autor es economista y comunicador.

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