El Reverendo Díaz ante la nueva Inquisición

Por Rolando Robles martes 12 de febrero, 2019

Aun y cuando nacimos -mas o menos- en la misma época, Rubén Díaz padre y yo, tenemos notables diferencias. Pero también muchas coincidencias. Esto último, muy a pesar de que casi no compartimos espacios sociales en común.

Rubén es un político a tiempo completo y muy exitoso. Yo soy sólo un, consumidor y crítico -validado por mi condición de taxpayer- del fruto de su trabajo. Él es un boricua nativo de Bayamón, mientras que yo soy un dominicano que vengo de Macorís del Mar.

Nos separan unas 48 horas en yola (de las que salieron en los años 70’s y que eran motorizadas); que son equivalentes a cerca de una semana remando, en los años 20’s y haciendo el viaje invertido; pero con las mismas maletas, llenas de las iguales esperanzas y ansias de vivir.

Rubén es un hombre de Dios, yo no tanto. Su pasión es el servicio a los intereses divinos y a sus feligreses. Mi escenario es un poquitito mas limitado, pues siendo un simple hombre de mundo, solo procuro la felicidad de los seres humanos en esta vida terrenal. No me aventuro a mirar en el “mas allá”, porque no tengo la fe ni el temple del Reverendo. Mi suerte no ha sido tanta.

Sin embargo, imagino que compartimos otras cosas. Desde el orgullo por la patria grande, África, hasta la pasión por la familia, el hogar materno, las buenas costumbres. Esa herencia íntima y filial que nos obliga e impulsa a no hacer nada hoy, que hubiera avergonzado a nuestros abuelos ayer.

Eso que los nuevos sociólogos definen como “la tenue e imborrable frontera, que separa los hombres formados en la fragua de valores familiares, de aquellos que crecen y se desarrollan en los linderos marginales de la sociedad”.

Todo este introito viene a cuento, porque quiero dejar bien claro mi relación con Rubén Díaz padre. Yo no estoy de acuerdo con todas sus posturas y enfoques sobre el conglomerado LGTB, simplemente porque yo no soy un cristiano en ejercicio como lo es él y mucho menos tengo un ministerio.

Imagino que una buena parte de los LGTB, sean públicos o todavía dentro de sus closets, profesan la fe cristiana, al igual que lo hace el Reverendo Díaz. Eso no me sucede a mí, que visito las iglesias no mas de dos o tres veces al año, y siempre lo hago en una diferente a las anteriores. Yo solo pretendo oír un buen sermón, que reconforte mis ideas, y ya está.

Es así como, a la luz de esta dualidad de criterios sobre el pensar de Rubén, me asalta la necesidad de expresar mi opinión, relacionada con el diferendo entre el veterano político, hoy concejal y algunos líderes del Concejo de Nueva York.

Lo primero es que Díaz padre, no ha dicho nada que no sepamos los newyorkers. Porque ciertamente, la agenda LGTB es la constante mas significativa en las iniciativas políticas del municipio. Sólo que Rubén se ha quedado corto, en la fecha de empoderamiento de ese colectivo.

Ellos están “mandando” desde los años 80’s y de una forma u otra, hemos respaldado su empoderamiento. Yo en particular, nunca me opuse a su avance. Y no me opongo porque ese mejoramiento en la forma como tratamos esa minoría, es el resultado de un ejercicio legítimo en las luchas de los gays por la inclusión, por sus derechos civiles y por el cese de la discriminación a que eran sometidos, y aun lo son en muchos aspectos.

Yo no soy homofóbico ni lo seré, ni lo promuevo entre mis familiares y amigos. Y lo he demostrado de manera pública, en por lo menos una veintena de artículos en periódicos y discusiones en la radio y la TV de Nueva York. Esos son los hechos, mis hechos.

Lo de Rubén es otra cosa. Él es un practicante de la fe cristiana y su condición de pastor en ejercicio ministerial, lo obliga a ser coherente, responsable y respetuoso con sus principios y con sus votantes y sus feligreses. Y él siempre lo ha sido, por eso lo apoyo y felicito. Mas allá de si pudiera tener la razón en su totalidad o solo de manera parcial.

Y lo del Concejo, también es otra cosa. En realidad, el Concejo no ha pedido al Reverendo que se excuse, ni creo que se aventuren a tal disparate. Quien lo ha pedido es Corey Johnson, su vocero y ha sido respaldado por el alcalde De Blasio. Mas luego, pero en son de “llevar la fiesta en paz”, su hijo Rubén Díaz Jr., también solicitó la excusa a su padre; sin dudas, un error de sobrevivencia del joven y talentoso presidente de El Bronx,

Hay que recordar que ni el concejal Johnson ni el alcalde De Blasio pueden hablar a nombre del Concejo, sin que medie una decisión autorizándolos. Ellos solo hablaron a título personal y del cargo que ostentan, como tiene que ser. El Concejo no ha deliberado sobre los comentarios del Reverendo referentes al poder de los homosexuales en NYC.

Creo que el concejal Cory Johnson y el alcalde De Blasio, están muy “sensibles” y deben detener el asunto ahí mismo. Si las cosas se escalonan y la confrontación se mantiene, el mas perjudicado no lo será el Reverendo. Quien va a perder es el conglomerado LGTB, que aún necesita el respaldo de la ciudadanía consciente para sus luchas reivindicativas.

Recuérdese que la lucha en favor de los derechos de homosexuales, hombres y mujeres, sólo ha alcanzado el éxito, cuando se ha logrado integrar a las mayorías heterosexuales (94% de la población) Lo peor que puede hacer el grupo LGTB es sesgar sus demandas, haciendo que luzcan odiosas a la mayoría.

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Rubén Díaz, lejos de ofender a los homosexuales, les reconoció el grado de influencia que tienen en la ciudad. Si el impasse termina en los tribunales, y ojalá que no suceda, el Reverendo tiene todas las de ganar y como les dije antes, eso tendría resultados nada gratos, para las luchas por venir del conglomerado LGTB.

Hay que evitar que “la sangre llegue al río” y la mejor manera es que el concejal Cory Johnson tienda el ramo de laurel al Reverendo; y si se excusara, reconociendo su híper sensibilidad que fue lo que generó el exabrupto, mucho mejor. Rubén, de seguro que aceptaría el gesto.

El Reverendo no tiene que excusarse de nada y mucho menos renunciar a su cargo, que es mas legítimo que el de la mayoría de sus colegas.

¿Hasta dónde apoyaremos las demandas del colectivo LGTB?

Hasta donde toquen los derechos intrínsecos de las mayorías heterosexuales.

Reeditar la “medieval inquisición” hoy, contra el reverendo Rubén Díaz, no es un papel que corresponda al grupo LGTB.

¡Vivimos, seguiremos disparando!

 

Por ROLANDO ROBLES

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