El retorno del Estado

Por Nelson Reyes Estrella miércoles 24 de mayo, 2017

El Estado debe mantener la administración absoluta de la salud, educación, electricidad y la seguridad.

Desde el florecimiento de las ideas liberales de John lock, Padre del Liberalismo Clásico, en el siglo de las luces (XVIII), el Estado fue perdiendo espacio en la administración y creación de riqueza.

El avance social, político y sobre todo económico, fue abriendo paso a un Estado cada vez más recaudador y asistencialista; en principio con el sistema que lleva el nombre de liberalismo y luego en el siglo XX con el neolibelismo, es decir, el liberalismo renovado. Con el auge de este último se fundamentaron los términos capitalización y privatización de las empresas públicas que se convirtieron en una forma genuina de sustituir el Estado hasta en áreas neurálgicas, de alta prioridad estatal, y que, por asunto de seguridad nacional, no pueden estar en manos de particulares.

Hay que destacar la diferencia entre privatización y capitalización, la primera es transferir una empresa o actividad pública al sector privado, mientras que, la segunda es la acción orientada a aumentar el capital de una entidad, en el aso de la privatización el Estado pierde todas las acciones de la empresa o actividad, mientras que en la capitalización queda siendo socio de la misma.

Como resultado del proceso capitalizador no se puede negar la riqueza creada en algunas de las empresas públicas, y que justifica en ciertos aspectos la ola privatizadora y capitalizadora que emergió a partir del consenso de Washington entre el Presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan y la primera Ministra inglesa, Margaret Thatcher, en los años 80; desconocer sus aportes al desarrollo, sería un acto de injusticia, pues las riquezas creadas fueron cuantiosa, no obstante, la desigualdad creció en igual o mayor proporción, porque el Estado no jugó un papel eficiente en las recaudaciones, el establecimiento de nuevos impuestos y en la distribución. En Estados Unidos, por ejemplo, se estimuló la reducción en las cargas impositivas y esto estimuló lo que afirma Joseph Stiglitz en su libro “El Precio de la Desigualdad”, “El 1% de la población tiene lo que 99% necesita”.

Sin dudas, este fenómeno ha hecho la sociedad más desigual, pues los recursos se han concentrado cada vez más en meno manos, y, áreas transversales en las cuales el Estado debe mantener su absoluta administración, tales como: salud, educación, electricidad y seguridad sufrieron la debacle a raíz de la priorización por un lado de lo privado y por el otro, el descuido del sector público.

El caso dominicano.

En República Dominica hay experiencias positivas y negativas, por ejemplo, en el sector eléctrico fue un desastre, no obstante,  en las empresas del sector azucarero, el resultado ha sido optimo, cifras récord en la producción y exportación de azúcar. También con la ola privatizadora han estado en constante deterioro las áreas educativas, de salud y de seguridad, que, si bien no se puede afirmar que estén privatizada, es evidente que el deterioro por la falta de inversión del Estado ha beneficiado y estimulado el crecimiento del sector privado y favorecido la desigualdad social del país.

Consciente de esto, en un momento el Estado dominicano tuvo la intención del recuperar el sector eléctrico, con el famoso pacto, sin embargo, el escándalo ODEBRECHT y otros problemas han sacado del debate público el tema y todo parece indicar que el sector eléctrico se quedará en mano del sector privado, aun con la millonaria inversiones que viene haciendo el gobierno; lo mismo en el sector salud, donde los intereses se apoderaron del sector y aunque hay ciertas mejorías, no obstante, la salud sigue siendo un lujo y las inversiones del gobierno están paralizada, en cierto modo, por las razones mencionadas.

En fin, es necesario y urgente el retorno del Estado como un ente creador de riquezas y de protección social, sobre todo, en los sectores neurálgicos mencionados, que, en una alianza estratégica del sector privado con el sector público y con inversiones 51/49 favoreciendo el Estado, esto puede estimular el crecimiento global y la distribución equitativa del crecimiento económico.

Por Nelson Reyes Estrella

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