El problema de fondo de la UASD

Por Víctor Manuel Peña martes 24 de julio, 2018

El 28 de octubre de este año 2018 la UASD cumplirá 480 años de fundada, y será en el 2038 cuando cumpla los 500 años de existencia.

En esos 480 años está registrada no solo la historia de la UASD, sino la historia de la humanidad y del país en la historia del último milenio que nos ha tocado vivir.

Precisamente la historia de la UASD hay que verla en el contexto de la historia del país, y la historia del país en el contexto de la historia de América y del mundo.

Prolongado período de la historia mundial en que la humanidad ha estado construyendo y desarrollando las etapas de la modernidad y de la posmodernidad comenzando por los albores y hervores del renacimiento.

¿Qué se ha hecho y cuáles son los desafíos que tiene ante sí la Universidad Autónoma de Santo Domingo?

Convertida en autónoma después de la muerte del sátrapa Trujillo, la UASD organiza y materializa su primer gran movimiento renovador después de la Guerra Patria de Abril de 1965.

El movimiento renovador, reflejo fiel de la reforma de Córdoba de 1918 que tuvo lugar en Argentina, transformó las estructuras jurídico-políticas de organización y de dirección de la Universidad. La reforma de Córdoba democratizó la educación superior y consagró el carácter científico de la educación desterrando los vestigios e influencias de la religión.

Ese movimiento le dio categoría política al movimiento estudiantil y consagró su participación en las estructuras de cogobierno universitario.

El movimiento renovador fue uno de los efectos o consecuencias positivas que produjo la Guerra de Abril en la sociedad dominicana: El movimiento renovador tuvo por misión transformar el régimen político de la Universidad.

El movimiento renovador daba cuenta que en la Universidad del Estado dominicano se ampliaban los horizontes de la democracia, una universidad abierta y popular y con una reflexión crítica respecto de la sociedad y de su problemática.

Y la Universidad se convirtió en un escenario donde estaba representado y reflejado el arco-iris político del país.

Pero con el tiempo esas estructuras de cogobierno universitario se convirtieron en presas del populismo y del clientelismo.

El populismo y el clientelismo, tanto de izquierda como de derecha, terminaron cooptando todas esas estructuras y cercenando la calidad a nivel de todas las estructuras y de las funciones esenciales de la Universidad.

La expresión más vulgar del populismo y del clientelismo en la UASD son los clanes profesorales que han terminado sepultando la calidad a nivel de la docencia, de la investigación y de la extensión y de las estructuras administrativas.

En medio del deterioro generalizado y progresivo que vive la Universidad, en que asistimos al escalofriante derrumbe físico y moral de sus estructuras por dentro y de la asunción de medidas de total ilegalidad como es la estrambótica y exótica figura de jubilación en proceso, hubo un instante de lucidez en que se hicieron dos reformas importantes: la reducción de la representación estudiantil de un 33 % a un 5 % y la desarrabalización del campus sacando de su seno todos los negocios que pululaban y campeaban por su fuero.

En medio del deterioro generalizado y progresivo que vive la Universidad, en que asistimos al escalofriante derrumbe físico y moral de sus estructuras por dentro; Leonel Fernández, el presidente de la República que más ha hecho por la UASD, tuvo la visión de llevar a cabo la más grande obra de transformación física de la Universidad, convirtiendo los recintos y  los centros en verdaderas ciudades universitarias regionales.

La otra gran transformación que está pendiente ahora es la transformación de la Universidad por dentro, es decir, la revolución de su cerebro, de su corazón y de su alma.

Todo lo anterior implica una revolución del conocimiento, de la calidad y de la moral.

Transformar la universidad por dentro es transformar de cuajo sus estructuras jurídico-políticas y administrativas y las estructuras en que están montadas la función docente, la función de investigación y la función de extensión.

Las estructuras jurídico-políticas y administrativas tienen que estar totalmente conectadas a las tres funciones esenciales de una universidad.

Todo lo anterior implica o significa que la UASD tiene que asumir las tres funciones esenciales siempre en atención de los planes de desarrollo de la nación.

En otras palabras, lo que estamos diciendo es que la Universidad tiene que llevar a cabo ya la otra gran transformación: la transformación por dentro que es una permanente, integral y verdadera gran revolución de la calidad.

Pero ninguna fuerza en la Universidad está en capacidad de llevar a cabo por si sola esa necesaria y anhelada gran revolución de la calidad.

Para poder materializar con efectividad y eficacia esa gran revolución de la calidad a todos los niveles en la UASD, es necesario que tengamos en el Palacio Nacional un presidente progresista que tenga una visión de la misma naturaleza y que esté comprometido con esa gran transformación de la UASD por dentro.

Esa gran revolución de la calidad implica que la UASD tiene que racionalizar y eficientizar la administración y la gerencia de los recursos humanos, físicos y financieros de la institución.

Tiene que haber evaluaciones permanentes del personal docente y del personal administrativo. A nivel macro y a nivel micro tiene que haber una supervisión permanente de las tareas y de las funciones.

No puede haber una revolución de la calidad sin evaluación y sin supervisión.

Y que los gobiernos deben dedicar presupuestos suficientes a la UASD, de tal manera que la institución pueda asumir sus funciones sin las precariedades y los sobresaltos de siempre con relación a los déficits y a las deudas acumuladas.

Otra cosa, una institución como la UASD no puede ni debe manejarse dentro de rígidos esquemas de centralización administrativa y financiera, por lo que tiene que haber los necesarios y adecuados espacios de descentralización.

Con revolución de la calidad o no, un rector o una rectora no pueden ir a la Rectoría de la UASD a pasarse cuatro largos años dedicados a administrar la rutina.

Los déficits recurrentes de la Universidad no solo son presupuestales y financieros, también están los déficits de la dirección política y los déficits de la administración financiera.  Y éstos son tan graves como los primeros. Y yo diría que más graves que los primeros porque son déficits que tienen que ver esencialmente con el conocimiento (con el conocimiento en sí y su correcta aplicación para resolver efectiva y eficazmente los problemas y lograr realmente que la Universidad avance y progrese).

Entonces hay una evidente, notoria e innegable crisis del conocimiento y de la gerencia en la dirección política de la UASD: No basta con saber el qué, hay que tener mucha capacidad, mucha sagacidad, muchas agallas y mucha visión y gerencia para instrumentalizar con eficacia y efectividad el cómo.

¡Prometer es muy fácil, y en una campaña electoral lo más fácil es prometer hasta el cielo, pero de ahí a realizar las grandes transformaciones y los grandes cambios prometidos hay una gran distancia! ¡Para ello hay que empoderarse del espíritu de la transformación!

Iván Grullón, exrector, fracasó estrepitosamente porque lo único que hizo, y de muy mala manera, fue administrar la rutina. Y para administrar esa rutina se hizo acompañar de lo peor de la UASD.

Iván Grullón demostró desde que asumió la Rectoría que no iba a poder cumplir con el programa de reformas estructurales que le había prometido a la familia universitaria.  Nos decepcionó y nos defraudó a todos y lo único que hizo en cuatro años fue complicar, profundizar y agravar la situación de calamidad y de exasperación que habíamos heredado del fenecido exrector Mateo Aquino Febrillet (siempre hemos lamentado la manera en que perdió la vida a destiempo el profesor Mateo Aquino Febrillet).

¡Ojalá que la actual rectora de la UASD, profesora Emma Polanco, no se dedique a administrar la rutina en los cuatro años venideros!

Hablar de la necesidad de impulsar ya una verdadera revolución de la calidad significa que tenemos aplicar un verdadero programa de transformaciones estructurales de la UASD y en ella.

Esto quiere decir que mientras se definan y apliquen los nuevos reglamentos, hay que respetar los reglamentos que están vigentes porque el principio de legalidad tiene que estar vigente y ser respetado siempre.

Hay un reglamento que establece taxativamente que a los exrectores que sean contratados como asesores de la Rectoría no debe pagárseles por los servicios prestados porque esos servicios deben ser prestados a título honorífico, habida cuenta de que a ellos se les paga jugosas pensiones que están por encima de los 300 mil pesos.

¡Ojalá, que la actual rectora, profesora Emma Polanco, le ponga el cascabel al gato, ya que su predecesor, profesor Iván Grullón, no se lo puso!

¡Se ve claro que el problema de fondo de la UASD es llevar a cabo una revolución de la calidad, en lo material y en lo moral, que ponga fin al deterioro generalizado y progresivo que vive la Universidad desde hace un largo tiempo y, por consiguiente, que ponga fin al derrumbe físico y moral de sus estructuras!

En síntesis, la Universidad precisa y necesita de la gestación e impulso de un nuevo movimiento renovador que transforma profundamente sus esencias, y no solo el régimen político.

 

Autor: Dr. Víctor Manuel Peña

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