El problema con la frontera es verdadero problema de República Dominicana (1)

Por Ángel Moreta viernes 19 de noviembre, 2021

Hemos dicho varias veces que el problema con la frontera dominicana-haitiana es verdadero problema de República Dominicana.

No es problema para Haití porque potencialmente miles de haitianos tienen deseos de salir de su país y la única vía de escape es la línea fronteriza. Para la República Dominicana nunca será posible el control de la frontera en razón del problema histórico que existió y existe actualmente entre ambas naciones.

Pero existe pesimismo sobre la posibilidad de fomentar un control exitoso de la frontera, el cual proviene de diversos factores culturales y políticos que hemos tratado de esbozar con anterioridad.

No son las parturientas, no son los ilegales, no son los trabajadores haitianos los responsables del problema mencionado; el verdadero problema de la relación entre ambos pueblos ha sido y es la línea fronteriza, es decir, que la población haitiana se ha excedido en la ocupación del territorio y que la única manera de evitarlo es el control estricto en la frontera y sacar permanentemente a los ciudadanos extranjeros en su mayoría haitianos que han venido ocupando el territorio de nuestro país, de manera pacífica, trabajando en la construcción de edificios y viviendas, en la construcción de obras públicas y de infraestructuras de empresas transnacionales y de empresas del Estado.

Estos dos problemas exigen soluciones inmediatas y la clave es la aplicación de la ley de migración No.285 del año 2004 y los principios de la Constitución dominicana sobre el tema, es decir, que las parturientas no representan propiamente dicho un problema insoluble.

La solución está en un trabajo permanente de vigilancia en la frontera y en un trabajo permanente para organizar la salida de haitianos hacia su país, pero tales acciones nunca se han realizado cabalmente. Algunos gobiernos dominicanos han intentado resolver esos dos componentes de las difíciles relaciones entre ambos países.

Joaquín Balaguer intentó ambos objetivos, pero por múltiples factores no pudo configurarse un estricto control utilizando las tropas del ejército nacional.

Actualmente hay once mil soldados en la frontera, gestión militar y política que podría controlar la situación temporalmente, pero no sería una solución definitiva, ya que desarrollamos la tesis de que los controles de la frontera dominicana talvez nunca existirán (El Nuevo Diario “Los controles de la frontera dominicana” talvez nunca existirán, 30/9/21).

Tesis pesimista

¿Por qué no existirán nunca los controles de la frontera?

Es una tesis pesimista pero fidedigna, ya que en la frontera dominicana y en el trasiego poblacional este-oeste de la isla, los soldados y policías nunca renunciarán al dinero que ofrecen los aspirantes a ingresar a la vida económica y social de la parte este de la isla.

Venir para la República Dominicana mediante un trasiego pagado a los grupos de traficantes de personas y al personal militar-policial de nuestro país, es una tarea muy dudosa, pues dicho personal nunca renunciará a percibir los dineros pagados por los inmigrantes ilegales.

¿Y por qué nunca renunciarían? La respuesta es que existe una cultura consolidada de negociaciones entre los controles de la parte este, que necesita de esos valores para su estabilidad familiar y para su “progreso”.

Las mafias internacionales Haití-República Dominicana constituyen una costumbre consolidada que busca dineros dejando entrar a los inmigrantes ilegales. Constituye un verdadero torrente de personas que vienen para todos los barrios de las zonas urbanas e interurbanas, para las zonas rurales y urbanas, para las labores agro ganaderas, la construcción, el cuidado de edificios, el trabajo doméstico, y todo tipo de actividad en que puedan insertase dichos inmigrantes, para quienes esa es su única solución familiar.

Es decir, que estamos en presencia de un escenario en el cual la pobreza, la inseguridad, el deseo de progresar y tener un buen vivir, las posibilidades de matar el mal vivir mediante la recepción de un salario que no viene revestido de la seguridad social.

De modo que por eso hemos dicho que los controles fronterizos de la República Dominicana han sido, son y seguirán siendo una barrera insuperable.

La hibridez y la debilidad de la formación de la frontera dominicana-haitiana

¿Qué hacer para que haya controles de la frontera dominicana? ¿Qué solución posible podrá ayudar a la expulsión de ilegales extranjeros? (italianos, franceses, españoles, europeos en general? ¿Qué solución encontrar para la entrada de tantos miles de extranjeros indocumentados?.

Algunos han planteado la construcción de un muro divisorio. Una “maldita pared” que pueda resolver el problema migratorio. Tampoco parece viable porque podrían entrar por la puerta principal con la aquiescencia de los funcionarios de seguridad que se dedican a la tarea de negociar a cambio de unas monedas. Esta cultura existe en todos los estamentos del Estado dominicano, aduanas, fronteras marítimas, fronteras terrestres, etc.

De ahí que la frontera ha sido un gran problema histórico de ambas naciones. Ese problema lo trató sistemáticamente Manuel Arturo Peña Batlle, en su obra ”Historia de la cuestión fronteriza dominico-haitiana”, en dos volúmenes publicados en 1946, mediante una exposición detallada de los acontecimientos relacionados con la configuración geográfica entre Haití y Santo Domingo.

De ese libro se aprende que un país pobre como Haití, con población analfabeta en un 90%, con necesidades de empleo, de alimentación, de salud y educación, y a potestad de grupos de gobernantes haitianos organizados en tendencias sectarias e hipócritas que se han robado y se roban todo el patrimonio público, sean préstamos, donaciones, ingresos públicos grupos a los que hemos llamado troikas, que son grupos corporativos mafiosos que invierten impúdicamente sus capitales mal ganados en Miami, Puerto Rico, Panamá, República Dominicana y varios sitios de los Estados Unidos.

Una necesidad histórica de la población haitiana

Los ciudadanos haitianos pagan a través de los choferes o por su mediación material para entrar al territorio nacional, que es su mayor aspiración para integrarse a la diversidad del empleo en la construcción, los servicios, los condominios, las actividades de vigilancia privada y en tantos y diversos trabajos en el medio rural, como trabajadores rurales. Tal situación se ha convertido en costumbre arraigada y difícil de limitar. Es un sueño para todo haitiano pobre incorporarse a la actividad productiva en la República Dominicana, un sueño que puede pagarlo inclusive con su vida, pues sus ansias más profundas se encuentran en el salvamento del empleo para enviar algunas “chiripas” a sus familiares desvalidos en Haití. Y ese sueño no es imposible porque Judas se vendió por 40 monedas.

Ese es el problema con la frontera, verdadero problema de la República Dominicana.

En nuestro artículo anterior ya citado “Los controles de la frontera dominicana talvez nunca existirán”, abordamos también el problema de la ocupación territorial e intervención militar, y dijimos lo siguiente:

Actualmente para nadie es un secreto que en la frontera dominicana-haitiana están de puesto militares extranjeros. Particularmente militares norteamericanos que conversan normalmente con militares dominicanos. Que yo sepa, ni el Congreso haitiano ni el Congreso dominicano han dictado autorización para tal presencia. Esto revela el desorden institucional la prepotencia de los Estados Unidos y la flojera de las autoridades de ambos países.

Mientras para Estados Unidos se trata de una estrategia política y militar, para la República Dominicana es algo que hay que mantener sin comentarios, que hay que mantener en silencio. Es que somos el patio de Thomas Monroe que declaró en 1823 que “América es para los americanos”, doctrina que combatió en ese mismo momento Simón Bolívar, enemigo del colonialismo y del neocolonialismo de los Estados Unidos, quien antes de venir desde Jamaica a nuestro país, prefirió irse directamente de Jamaica a Puerto Príncipe, donde el presidente Petion lo acogió en su desgracia, lo fortaleció, lo animo para continuar su guerra de liberación: le dio 15 toneladas de pólvora, armas, municiones, embarcaciones y soldados. Y Bolívar no vino a la parte este porque ninguna de las facciones del poder entonces cuestionaron el colonialismo español, contra el cual luchaban en el continente americano, precisamente en un momento en el cual Núñez de Cáceres y su grupo tenían esclavos a su servicio en sus negocios y hogares.

Hoy las tropas extranjeras son aplaudidas por la ignorancia quienes actúan como si fuéramos el patio trasero de los Estados Unidos, como si fuéramos sus esclavos que no merecen ninguna explicación. (Continuara).

Por: Ángel Moreta

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