El Prestigio, la Autoridad y la Junta Central Electoral

Por Francisco Rafael Guzmán jueves 9 de mayo, 2019

Nadie tiene la culpa de nacer en una familia aristocrática o en una familia de abolengo y aspirar a ocupar roles importantes en la sociedad, lo que  si debe importar  es a quien o  a qué se le sirve. Se puede servir desde una posición a que la sociedad se más justa o a crear una sociedad más justa, pero se puede servir a grupos minoritarios o clases sociales minoritarias y privilegiadas, fracciones de clases sociales privilegiadas o a representantes de fracciones de clases en el poder, o bien, a los intereses de las clases y sectores sociales  explotadas o mayoritarios en la sociedad. En este último caso estarían de lado de una sociedad relativamente igualitaria o justa y en el primero de una sociedad muy desigual o injusta.

Si se aspira, se accede y se ejerce el poder político  para favorecer el interés de las clases y capas sociales privilegiadas, o bien, ocupando posiciones desde o en cargos en entidades de la sociedad civil que favorecen a la desigualdad social o a la injusticia, se es nefando o indigno como el que comete un crimen horrendo u homicidio porque por las acciones de los que ocupan tales posiciones mueren muchos seres humanos de hambre, en accidentes laborales y de otros tipos por el desorden en que se vive en la sociedad; por el contrario es digno o justo aquel va a ocupar las posiciones con el interés de favorecer a las mayorías de los ciudadanos y en contra de las grandes desigualdades sociales.

Esto aplica a los diputados y senadores, al poder judicial, al poder ejecutivo y todas las entidades de la sociedad política, ya que le cabe a entidades como la Junta Central Electoral, la Cámara de Cuentas, el Tribunal Electoral y el Tribunal Constitucional, como también le cabe a los funcionarios de los ayuntamientos o alcaldías y de las entidades de las sociedad civil (verbigracia: FINJUS, FDD, Participación Ciudadana, FUNGLODE, Colegio Médico, CODIA, etc.). Todo el que aspire a ocupar y ocupe un rol importante en una entidad de la sociedad política o de la sociedad civil debe aceptar ser sometido al juicio o escrutinio público, a ser juzgado como servidor.

En nuestra sociedad hay personas, a veces varias personas de una misma familia, que han aspirado y han llegado a cargos importantes. Cuando esto se prolonga en los miembros de algunas familias hasta por tres generaciones cuando menos es lo que se llama abolengo, como ocurre en la República Dominicana con los profesionales de algunas familias (especialmente de  abogados), podrían ser ejemplo varios casos. En nuestro país no se puede hablar de familias aristocráticas, las cuales se formaron a partir de las guerras de independencia, ya que con el ascenso de Trujillo este impidió que familias que tenían ascendencia de independentistas o restauradores en sus ancestros ocuparan por tradición las posiciones más importantes.

Personas de familias de abolengo, no aristocráticas, no ocultan sus deseos de aspirar y llegan posiciones importantes y a veces las más importantes. En estas familias, que vienen siendo  las capas sociales superiores o capas sociales altas, no son clases sociales pero forman parte de la estructura de clase, no se incluyen personalidades como Bosch, Peña Gómez, Balaguer, Trujillo, Leonel y ni Danilo.

Hipólito tiene vínculos familiares ancestrales con la extinguida aristocracia.  Los miembros de las familias de abolengo y todo aquel, aunque no provenga de una familia de abolengo, está sujeto a que se le cuestione en su accionar público y que se le señale que es bueno o malo como funcionario. Nadie es ni tiene que considerarse de que venga de donde venga es infalible. Hay una minoría de personas, independientemente de su extracción social, que han ocupado algunas posiciones en la sociedad política y lo han hecho dignamente, Luis Schecker  Ortiz, Fidelio Despradel, entre otros.

En todos los poderes del Estado casi todas las entidades se manejan como  si este fuera tollo o un caos, pero lo que llama más la atención es  cómo  en que se maneja o la manera que  maneja la Junta Central Electoral. Cuando la dirigía Roberto Rosario se le dio tanta larga para entregar una cédula de identidad y electoral, proceso que se llevó varios años, ya que se quería que la fotografía fuera de alta precisión de la identidad o de alta calidad, a mi entender a cada ciudadano se le tomó fotografía dos veces. Esto a cualquiera le genera  la interrogante ¿Por qué dos veces tomar la fotografía?

La Junta ha hablado mucho de su presupuesto, en diferentes momentos, no necesariamente me refiero a la actual Junta Central Electoral, cuando me refiero a esto último. Uno llega a pensar que aquí las elecciones son muy costosas y sobre todo si se tiene en cuenta todo el dinero que los partidos reciben del Estado y lo que gastan en campaña.

Lo peor es que la actual Junta Central Electoral acaba de pronunciarse en torno al voto arrastre de los diputados, con relación a los senadores. Se ha  planteado que esto no siga vigente, que se quite el arrastre; es decir, que los senadores sean elegidos por  el voto directo de los electores o ciudadanos y  que no sean arrastrados con el voto de los diputados. La Junta plantea ahora, como si fuera a querer complacer a dos sectores con puntos de vistas o intereses diferentes, eliminar el arrastre en la mayoría de las provincias, pero dejarlo en algunas de ellas. Esto es chocante, parece incongruente e incoherente. Algunos comunicadores de programas interactivos en los medios la califican de ser  una cantinflada es decisión de la actual Junta Central electoral.

 

Por Francisco Rafael Guzmán F.

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