El Populismo y la Democracia Occidental

Por Francisco Rafael Guzmán jueves 30 de mayo, 2019

En los periódicos digitales y en los impresos también no pocos columnitas escriben artículos de opinión y hombres o mujeres públicos (as) de  muchos países vierten opiniones en contra del populismo, y también sacralizando la democracia como sistema político. Evidentemente, en el caso de esta última, lo que entienden por ella es un modelo o paradigma que es la democracia Occidental Representativa. Resulta ser que la democracia Occidental Representativa ni es la única y ni es tan democrática, más bien se vuelve antidemocrática porque no permite que el ciudadano común sea tomado en cuenta en las decisiones.

La democracia Occidental Representativa, al no permitir que muchos ciudadanos no tomen participación en decisiones  importantes, se vuelve inicua y contribuye con la falta de equidad en el nivel de vida de los mismos. Ese sistema político, ese modo de conducir, dirigir o administrar la sociedad en general desde la sociedad política, legitima la desigualdad social. Si no fuera así hoy no se discutiría sobre el destino de los fondos de pensión que reclaman los trabajadores en casi todo el mundo. Otrora esa discusión no existía en los países desarrollados, porque el capital no se atrevía a atentar mucho contra los trabajadores, ya que el mundo no era unipolar como lo es hoy y el socialismo estatista como sistema competía con el capitalismo como sistema.

Hoy en día el capitalismo no teme vender la imagen de ser un sistema voraz; no le importa a la clase burguesa (la gran burguesía, sobre todo a su fracción financiera hegemónica) acabar con los recursos naturales aunque el planeta azul se destruya con el cambio climático que provoca esa  situación, dicho cambio es provocado por los gases contaminantes como el dióxido de carbono, metano, etc… Al capitalismo ya no le importa tener gobiernos, como al efecto tienen, que no les importa la preservación de los ecosistemas para preservar la existencia de la vida humana misma.

El capitalismo como sistema no tiene a otro  adversario como sistema que lo ponga en jaque, que cuestione su accionar depredador. Es por eso que hoy día existe lo que han llamado -usando un sofisma- capitalismo flexible. Pero es flexible porque permite que el capital se mueva con tanta facilidad, en una economía desregulada, lo que se expresa  en la facilidad para la  movilidad en la inversión  de los capitales en otros lugares o cambiar de dueños y despedir trabajadores sin darles liquidaciones porque las leyes se lo permiten.

La facilidad para las inversiones de capital extranjero donde se puede explotar la mano de obra barata, la apertura de las importaciones y el desmonte de los aranceles con el tratado de libre comercio. Naturalmente, esto así provoca la quiebra de empresas locales de bajas inversiones y poco o nada adaptadas a los cambios tecnológicos, en los países del tercer mundo sobre todo. La peor parte les toca a los trabajadores que ven cada día más el deterioro de sus salarios y se le exige de una edad laboral más larga para su pensión, no sólo en el tercer mundo si no en el mundo en general. Los trabajadores deben luchar por la escala móvil de salarios, o sea, que el salario aumente al ritmo que crece la inflación, como existe en algunos países.

Entonces a cuál democracia es que se quiere tanto sacralizar. ¿Cuál es la naturaleza de la misma? La democracia Occidental Representativa tiene un sello de clase. Está diseñada para legitimar las desigualdades sociales. Hoy en día, bajo el capitalismo salvaje en que vivimos, esa democracia no permite que las personas puedan vivir en un clima de seguridad ciudadana.

Aparte del deterioro en los servicios y la baja en la ingesta de alimentos, nadie está seguro en ninguna parte como ciudadano.  Occidente destruyó el Estado de bienestar defendiendo los intereses del capital, cuando ya este no se confrontaba con un sistema social diferente, como lo fue  el que  tenía El Oriente Europeo en décadas atrás,  que fue   contrincante con el orden social de Occidente.

Todo esto no ocurriría hoy día si la mayoría de los ciudadanos tomaran decisiones importantes, las cuales se refieren a cómo gestionar el gobierno de la sociedad, ya que no se trataría solamente  de que los ciudadanos elijan a quienes dirijan la sociedad. En este caso la democracia Occidental Representativa es centralizadora en las decisiones, porque la gran mayoría de los ciudadanos no participa en la discusión de asuntos importantes, lo que al parecer no ocurría en el socialismo estatista de los países europeos orientales (después de José Stalin) y no ocurre aparentemente en Cuba hoy en día.

No existe una democracia pura como sistema. El hecho de que un jefe de Estado se mantenga, por mucho tiempo, a la cabeza de una sociedad política en un país, nos llevaría a decir que no es una democracia ese estilo de gobernar. Sin embargo, en el caso de Cuba la mayoría de los cubanos querían que Fidel se mantuviera al frente del Estado. Ahora bien, si en muchas decisiones la gente tomaba participación, entonces para ellos había democracia. Entonces, no podemos hablar de  democracia pura porque ella no ha existido nunca y en ninguna parte.

La democracia tiene un sello de clase y no puede ser vista de otro modo, porque en la Antigua Grecia no la hubo en tiempo de Solón, porque ni el esclavo y ni el meteco podían participar en la toma de decisiones. No eran ciudadanos. Eso que alguien de manera despectiva llamó “democracia perfecta” -el sistema de gobierno que Al –Gadafi pretendió llevar a la práctica y que esbozó en su obra: EL Libro Verde- para muchos libios era el mejor sistema de gobierno.

A varios gobiernos que en tiempos recientes han dirigido algunas naciones, sobre todo en América Latina, les han llamado populistas, pretendiendo satanizar a los mismos. Es decir, como si el populismo fuera una maldición o anatema. El problema de debate debe ser si la sociedad es más justa o menos justa con la llamada democracia representativa, o si es menos justa o más justa donde ha habido otra forma de conducir a la sociedad. Se trata de donde hay más o donde hay menos desigualdad social.

En otros tiempos hubo gobiernos que impulsaron algunas reformas sociales, ya fuera bajo   formas más autoritarias o bajo el palio de formas  menos autoritarias, a esos gobiernos se les llamó populistas. Concitaron un gran apoyo de la población en general, apoyo de clases y fracciones de clases sociales diferentes, aunque alguna clase o fracción de clase no le apoyó en los distintos países, en este último caso porque afectaba a sus intereses. Casi siempre fue la clase terrateniente la que no apoyó a esos gobiernos.

En América Latina fueron  gobiernos populistas hace muchas décadas  Lázaro Cárdenas en México, Getulio Vargas en Brasil, Juan Domingo Perón en Argentina, luego también Juan Velasco Alvarado en Perú. En Egipto, lo sería Gamall Abdel Nasser. En Rusia hubo corriente populista en el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso, antes del triunfo de los revolucionarios; Lenin escribió un libro titulado: El Contenido Económico del Populismo. En esos  casos los gobiernos populistas, para hacer algunas reformas sociales, tuvieron que cobijarse bajo el manto de una alianza de clase, donde algunas clases y sectores  de clases de las  clases dominantes se aliaban con las clases  y sectores de clases populares para realizar algunas reformas que conllevaba a una redistribución del ingreso, enfrentando intereses de la clase terrateniente casi siempre. La reforma agraria formaba parte de su agenda, la llamada reforma agraria reformista o “convencional”.

Sin embargo, hoy día se quiere satanizar  a gobiernos que son anti neoliberales, no partidarios de la desregulación de la economía, que están en contra de los no controles en los precios de las mercancías, opuestos a la gran apertura a la inversión extranjera  y opuestos los perniciosos acuerdos de libre comercio,  llamándolos populistas, como los casos de Venezuela y Bolivia; pero también se quiere tildar de populista a todo gobierno que afecte los intereses de Estados Unidos, como el caso de Lula, o que entre en contradicción con Estados Unidos, como el caso de Ortega.

Eso no es lo que anteriormente se entendía en la sociología como regímenes populistas, si no los que surgieron como producto de una negociación de diferentes clases sociales, es decir, un pacto social, un contrato social entre diferentes clases sociales para asumir unos matices determinados en la conducción de la sociedad política. Es decir se entendía en la sociología política como populista un gobierno producto de una alianza de clases. Por populismo, se entendía como aquella doctrina político social que propiciaba eso. Hoy día se le quiere llamar populista a todo aquel que esté en contra del proteccionismo. Me parece que es inexacto.

Para el diccionario de la Real Academia de la Lengua, aunque no creo que los tecnicismos de una ciencia debemos buscarlos en ese tipo de diccionarios (con el perdón de Don Bruno Rosario Candelier), populismo es la corriente política que pretende atraerse a las clases populares. Algo que me parece poco concisa esta definición. Es una alianza de clases, la que se da entre algunas de las clases dominantes y las clases populares.

El gobierno perredeista de Antonio Guzmán hasta cierto punto tuvo un tinte de populista, aunque no hizo grandes reformas sociales, pero hubo cierta alianza de clases para que dicho gobierno accediera al poder. Esto venía forjándose desde mucho antes de 1978, desde 1973  y al parecer lo impulsaba la Asociación para el Desarrollo Incorporado de Santiago, grupo corporativo de la burguesía santiaguera que tenía contradicciones con Balaguer, con la forma como este aplicaba la ley 299 de incentivo industrial.

Fue publicado un  comunicado en espacio pagado en que organizaciones populares: estudiantiles, culturales, religiosas e intelectuales de Santiago y Puerto Plata demandaban la libertad de los presos políticos, al parecer detrás de ellos estaban los empresarios de Santiago incómodos con Balaguer. El Movimiento Popular Dominicano se alió con el PRD, el PQD y el Partido Revolucionario Social Cristiano  en el 1974, ya que el MPD creía en una gran alianza para enfrentar a Balaguer, incluyendo a sectores oligárquicos (terratenientes que viven de la renta, banqueros y comerciantes importadores exportadores). Eso tiene matices de populismo.

El populismo, como en el pasado se entendía y debería seguirse entendiendo, no se  le quiere entender y satanizarlo no es lo peor. Los peor es lo que defienden Donald Trump, Duque y Bolsonaro, entre otros.  ¿Cómo es posible que el presupuesto militar de Estados Unidos -según versiones- sea de más de 700,000 millones dólares?

Por Francisco Rafael Guzmán F.

Anuncios

Comenta

Apple Store Google Play
Continuar