El papa llama a su Iglesia a ir a cada rincón de la vida y “tocar” el dolor

Por EFE viernes 29 de junio, 2018

EL NUEVO DIARIO, CIUDAD DEL VATICANO.- El papa Francisco llamó hoy a su iglesia y a los nuevos cardenales a seguir el ejemplo de Jesús y acudir “a todos los rincones de la vida” para “tocar” el sufrimiento de la gente, durante la misa en honor a San Pedro y San Pablo.

El pontífice, durante su homilía en la plaza de San Pedro, indicó que el “amor” de Cristo “supone ir a todos los rincones de la vida para alcanzar a todos”, aunque, como en su caso, “eso le costase el buen nombre, las comodidades, la posición o el martirio”.

En este sentido realizó un llamamiento a su Iglesia para que no caiga en “la tentación” de mantenerse aséptica y alejada del dolor de las personas del mundo.

“No son pocas las veces que sentimos la tentación de ser cristianos manteniendo una prudente distancia de las llagas del Señor. Jesús toca la miseria humana, invitándonos a estar con él y a tocar la carne sufridora de los demás”, recordó el papa.

Francisco señaló que “confesar la fe con nuestros labios y con nuestro corazón exige identificar los secretos del maligno”.

Pero también “aprender a discernir y descubrir esos cobertizos personales o comunitarios que nos mantienen a distancia del nudo de la tormenta humana” y que impiden “entrar en contacto con la existencia concreta de los otros”.

Recordó ante los prelados y cardenales que “Jesús el Ungido, que de poblado en poblado camina con el único deseo de salvar y levantar lo que se creía perdido, unge al muerto, al enfermo, las heridas, al penitente, la esperanza”.

“En esa unción, cada pecador, perdedor, enfermo, pagano, allí donde se encontraba, pudo sentirse miembro amado de la familia de Dios. Con sus gestos, Jesús les decía de modo personal: tú me perteneces”, catequizó.

En esta misión a los jerarcas católicos, el pontífice argentino indicó que, en el ejemplo de Cristo, “la Gloria y la cruz”, su muerte, “van de la mano y no pueden separarse”.

“Porque cuando se abandona la cruz, aunque nos introduzcamos en el esplendor deslumbrante de la gloria, nos engañaremos, ya que eso no será la gloria de Dios, sino la mofa del adversario”, refirió.

En este sentido explicó que “al no separar la gloria de la cruz”, su fin, Jesús con su ejemplo rescata a su Iglesia de “triunfalismos vacíos” de “amor, de servicio, de compasión y de pueblo”.

En esta misa participaron los catorce nuevos cardenales creados el jueves, entre ellos el español prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Luis Francisco Ladaria Ferrer, o el arzobispo de la peruana Huancayo, Pedro Ricardo Jimeno Barreto.

Pero también el claretiano español Aquilino Bocos Merino; el prelado emérito de la diócesis boliviana de Corocoro, Toribio Ticona Porco, y el arzobispo emérito de la mexicana Xalapa, Sergio Obeso Rivera, estos tres sin posibilidad de participar en un eventual cónclave por superar los 80 años de edad.

Además en la ceremonia estuvo presente una delegación enviada por el patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, guiada por el arzobispo de Telmessos, Job; el obispo de Nazianzos, Theodoretos, y el diácono patriarcal Alexander Koutsis.

Antes de la misa en la plaza, el papa y los representantes del patriarcado accedieron a la basílica para rezar ante la tumba de San Pedro y después salieron en procesión, no sin antes visitar la escultura en bronce del Apóstol, vestida con la capa y la tiara papal para reseñar la unión entre el santo y el obispo de Roma.

En esta solemne ceremonia de San Pedro y San Pablo, copatronos de Roma, Francisco también bendijo los palios, unas estolas de lana que serán impuestas en sus respectivas sedes a los nuevos arzobispos metropolitanos.

Se trata de una cinta blanca con seis cruces de seda negra bordadas que pende de los hombros sobre el pecho y que se realiza a partir de la lana de los corderos bendecidos con motivo de la festividad de Santa Inés, el 21 de enero.

Al principio era un signo litúrgico exclusivo de los papas, aunque más tarde éstos se lo concedieron a los obispos que habían recibido una especial jurisdicción por parte de Roma.

 

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