El oscurantismo de los pueblos

Por Carlos Martínez Márquez lunes 23 de septiembre, 2019

‘’Cuando esta oscuro, puedes ver las estrellas’’. Ralph Waldo Emerson

Aplicar una política social e incluyente en países como el nuestro, es difícil promoverla y aplicarla. Los gobiernos que han actuado en el estado como garantes de que haya un verdadero alivio para su población, lo han hecho de espaldas a sus intereses.

He observado, que las prioridades del político difiere de las nuestras, ‘’cada quien con su librito’’- y así no puede ser. Hoy día tenemos una política clientelar, en donde los presupuestos se van en despilfarre de nóminas inorgánicas, por tan solo complacer, a quienes estén a favor de un candidato con posibilidades de poder.

Es una lástima, de que el ciudadano no pueda recibir un respiro, en la que no tenga que cargar una cruz tan pesada como la del político, que solo ‘’hala’’ para su lado y, nada aporte para su comunidad. Estamos viendo un estado que va en franco deterioro, cuando por las calles se observan escombros de desperdicios, que resultan insalvables por la indiferencia de las autoridades, el servicio de transporte, [‘’el más deficiente de toda la región del caribe y con poco decoro, para brindar al usuario un trato decente’’]- sobre todo este adefesio- recae la responsabilidad de los alcaldes y los que tengan que ver con el ministerio de transporte que hasta ahora se han mostrado incompetentes y con un bajo nivel de conocimiento urbano y, cómo manejarse con relación a sus ejecuciones presupuestarias, que vayan destinadas a favorecer a sus munícipes.

Es inaudito que tanto la alcaldía de Santo Domingo, como la de Santo Domingo Este, se concentre una gran parte del presupuesto para devolverle a sus respectivas comunidades un valor agregado que los dignifique y los haga sentir orgullosos.

Ya en Santiago, tuve la oportunidad de visitarlo y me impresiono la vista panorámica de sus calles y avenidas lo hermosa que lucen. Santo Domingo Este y el Gran Santo Domingo, lucen en situaciones deplorables, hay que declararlas en estado de emergencia [sin exageración, a mi juicio, personal]. Por un lado, ‘’un ornamento cosmético’’ en la que nada se sabe lo que hace, si es que dirige la alcaldía desde una oficina climatizada y el otro- que ha resultado un (‘’propofol-anestesico’’), que tiene permanentemente dormida a su comunidad y nada les hace reaccionar. ‘’Me cuentan que quiere reelegirse’’. Solo aquí se premia a esta clase de sujetos por el hecho de no hacer nada.

Hoy, estamos inmerso en una vorágine electoral, donde los colores partidarios vuelven a exacerbar las pasiones de los políticos y sus sequitos; no hay receso ni asueto para el descanso visual, donde las vallas y afiches hacen estragos por doquier.

Tenemos a un candidato que sale en todos los medios, exhibiendo una artillería pesada y que obviamente con recursos exorbitantes que para cualquier otro candidato, lo haría lucir como un indigente propagandístico y de pobre logística para las caravanas y visitas a las regiones. Nadie resiste ese voltaje por dos o tres meses.

Quiero ver una ley de partidos sincera para que en todo proceso electoral se transparente la pulcritud de los candidatos- pero además- quiero ver a los partidos políticos depender de sus propios recursos sin que al contribuyente no se le ponga una camisa de fuerza cada periodo para sustentarles sus candidaturas.

El modelo norteamericano nos debe servir de ejemplo, en la que el contribuyente si simpatiza por un determinado candidato, envía un Money Order como apoyo a su campaña. Algún día esto tiene que cambiar, igual, mi critica va a los congresistas que aspiran a manejar presupuestos, ‘’que una vez suben al hemiciclo’’, avergüenzan al país sin el más mínimo nivel de conciencia patriótica y que no saben legislar y defender un proyecto de ley que valga la pena; solo corroboran  con el mallete como todos los demás congresistas. Por, Dios!!

‘’La noche nunca es más oscura, que cuando va amanecer’’, un viejo y certero refrán que reza en boca de mucha gente. El pueblo pasa factura y al final generan sus propias conclusiones, no son estúpidos.

Por: Carlos Martínez Márquez

El autor es graduado en Negocios, escritor y articulista.

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