El oro y su condición de dinero

Por Víctor Manuel Peña lunes 31 de agosto, 2020

El oro, en su condición de producto comercial, vuelve a ocupar los primeros lugares en las páginas de los periódicos en el mundo por el hecho de que el precio de este bien está actualmente por encima de los 2050 dólares la onza troy.

Pero la actual subida del precio del oro como producto hay que ubicarla en el contexto de los terribles efectos que ha producido la pandemia del Coronavirus sobre la economía generando una situación de incertidumbre y de expectativas negativas a nivel de los agentes de la economía a nivel mundial y a nivel de cada país.

O sea que la eterna condición del oro como dinero es lo que explica que en medio de esta situación universal y local de prácticamente total incertidumbre, el precio del oro como mercancía se haya disparado y continúe esa tendencia alcista.

En otras palabras, las naciones y los agentes de la economía han decidido refugiarse en el oro como mecanismo de prevención y de precaución.

La demanda mundial de la mercancía oro seguirá en aumento mientas dure la pandemia frente a una producción limitada u oferta limitada de esta mercancía.

Cuando se intersectan ambas curvas, la demanda y la de oferta, en mercados competitivos o relativamente competitivos el precio tiende a aumentar, situación alcista que se acentúa en el contexto de esta pandemia dados sus efectos destructores sobre la confianza, la certidumbre y la formación de las expectativas de los agentes económicos.

Así, el oro reasume o retoma su condición de dinero universal por excelencia en el contexto de la pandemia pero también de los aciagos efectos de ésta sobre las economías en general y sobre las monedas que hay en el mundo en particular.

La recesión de la economía mundial ha golpeado fuertemente el valor y la estabilidad de las llamadas monedas fuertes incluyendo el dólar estadounidense.

Las monedas fuertes no representan un refugio seguro para que los agentes se resguarden o se protejan en medio de esta gran crisis psicológica derivada de la incertidumbre y de las expectativas negativas.

En los mercados internacionales y mundiales se está expresando una gran confianza de los agentes de la economía en el oro y una gran desconfianza en las monedas fuertes.

En la historia de la humanidad está escrita la historia del oro como dinero desde que surgió la economía mercantil simple en la antigüedad pasando por la edad media y el nacimiento de la modernidad, siglos XVIII y XIX, hasta nuestros días.

Fue Karl Marx en su teoría implícita sobre el dinero, que aparece expuesta en el primer volumen del Capital, quien estableció que el dinero es el equivalente general de todas las demás mercancías, es decir, el dinero sirve para expresar el valor de las restantes mercancías en el mercado. Para Marx el precio es la expresión monetaria del valor.

Pero el oro no solo ha existido como dinero en la historia de la humanidad sino que desde la segunda mitad del siglo XIX hasta prácticamente 1944 existió el patrón oro.  Claro, el patrón oro tuvo muchas altas y bajas, llegando a ser objeto de suspensión en determinados momentos después de la culminación de la primera guerra mundial y en la década del 20.

El gran problema histórico que se presentó siempre con el patrón oro es que la limitada producción de oro y, por consiguiente, la limitada oferta en el mundo no garantizaba la convertibilidad de las monedas en oro.

El patrón oro fue reemplazado por el patrón dólar-oro o cambio oro en la conferencia celebrada en Bretton Woods en 1944.

El patrón dólar-oro tuvo una existencia mucho más limitada: en 1971 Richard Nixon lo anuló al decretar la inconvertibilidad del dólar en oro.

Los países en el mundo habían acumulado muchos dólares en sus relaciones comerciales con Estados Unidos, reflejada esta situación en sus balanzas de pagos, y la primera potencia del mundo desde 1945 no contaba con las suficientes reservas de oro como para garantizar la convertibilidad en oro de los dólares acumulados por los países.

Otra vez la limitada producción u oferta de oro en el mundo provocaba la caída del patrón dólar-oro que sustituyó al patrón oro en 1944.

El oro monetizado es uno de los elementos integrantes de las reservas de los bancos centrales y del Fondo Monetario Internacional.

Tanto en el contexto del patrón oro y del patrón dólar-oro los movimientos de capitales entre las economías de las naciones estuvieron sometidos a rígidos controles y prevalecieron los tipos de cambio fijos.

Los tipos de cambio fijos, cuando han existido y donde existen, son administrados por los bancos centrales.

Con el inicio de la globalización, que dio paso a la liberalización de la economía mundial a principios de los 80, se liberalizaron los movimientos de capitales y los regímenes cambiarios, es decir, pasamos a tener regímenes cambiarios libres y de flotación sucia.

En el caso de República Dominicana es a mediados de los 90 cuando se adopta el régimen cambiario relativamente libre o de flotación sucia, llamado así porque comporta intervenciones periódicas del Banco Central.

El aumento del precio del oro en medio de esta gran crisis de la economía nacional representa un alivio importante para nuestro país, puesto que el Estado dominicano ha de recibir una mayor cantidad de recursos en dólares por el contrato de arrendamiento que tiene con la Barrick Gold.

Y digo alivio en razón de la caída estrepitosa de los ingresos en dólares causada, a su vez, por la recesión por la que atraviesa la economía dominicana en general y las exportaciones de bienes y servicios en particular.

Es un dato que raya en la obviedad que la contracción de las exportaciones de bienes y servicios se explica, en gran medida, por la contracción de la demanda global de bienes y servicios debido a la recesión por la que atraviesa la economía mundial o global.

Alguna gente podría estar pensando en la idea de nacionalizar la Barrick Gold para aprovechar más ampliamente los ingresos en dólares que están generando las exportaciones del producto oro; sin embargo, en estos momentos no procede hacer eso porque proyectaría hacia fuera una imagen negativa del país y ahuyentaría las inversiones extranjeras.

Además, el precio del oro no se mantendrá por las nubes siempre, puesto que no hay forma de que se eternice esta gran crisis o encrucijada de la confianza, de la certidumbre y de las expectativas.

En esta coyuntura el aumento del flujo de inversiones extranjeras, directas e indirectas, es clave para el restablecimiento y la recuperación de la economía dominicana, por lo que hay que incentivar el ingreso de esas inversiones a nuestro país.

En medio de las grandes crisis sigue verificándose el concepto de que el oro es el dinero universal por excelencia.

Autor: Dr. Víctor Manuel Peña

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