El Origen del Pecado.

Por Iván Canals

Hay circunstancias en la vida en las cuales la cura resulta más mala que la enfermedad. Un vivo ejemplo de esto es la Ley 33-18 de Partidos y Agrupaciones Políticas. Luego de la aprobación y puesta en ejecución de esta pieza legislativa, hemos podido ver diversas opiniones e innumerables críticas no solo de la clase política, sino más bien de la sociedad en su conjunto que entienden que esta ley priva a la militancia partidaria de derechos fundamentales debido a que contraviene la Constitución.

Hasta hace poco era impensable que esta ley la cual se convirtió en un reclamo popular iba a traer tantos dolores de cabeza, cuando ansiosamente se esperaba todo lo contrario. Se tenía la certeza de que sería la solución y que al mismo tiempo se constituyera en el marco legal que rigiera y fiscalizara los procesos internos de los partidos; al igual que las elecciones generales. Para infortunio de la democracia y el buen funcionamiento de los partidos esto no ha sido así.

Hemos sido testigo que tanto los partidos mayoritarios como minoritarios han expresado su preocupación al respecto ya que se sienten afectados de una u otra forma por dicha ley. Expertos en temas jurídicos han expresado sus puntos de vistas; algunos la han calificado como inconstitucional pero la disyuntiva que ha rebosado la copa y que se convirtió en el origen del pecado ha sido el otorgar el pleno derecho a las cúpulas de los partidos para elegir sobre sus miembros la modalidad de elección de candidatos.

Uno de los partidos que se ha mantenido inmerso sobre este debate por un tiempo prolongado ha sido el PLD. Partido que desde sus inicios ha sido un partido de métodos y organismos, el cual siempre ha abogado por la democracia interna y el empoderamiento de sus dirigentes medios. Hoy esta realidad se ve seriamente amenazado, ya que luego de la aprobación de la Ley de Partidos y la última reunión del Comité Político el cual decidió convocar al Comité Central para este sábado 27 de octubre con el propósito de que este decida el método de primarias a utilizar y el tipo de padrón para elegir sus candidatos.

Sin lugar a dudas como era de esperarse, esta decisión ha creado gran preocupación a lo interno de este partido debido a que esta decisión ha entrado en franca contradicción con sus estatutos ya que conforme a estos en su artículo 43 dictamina que “Los candidatos o candidatas del Partido para las elecciones nacionales, congresuales y municipales se escogerán mediante primarias internas” basado en lo anterior, en caso de aprobarse otra modalidad de elección en el PLD que no sea la de su padrón interno se estarían violando su estatutos, ya que la única vía para esto sería modificando sus estatutos y ni el Comité Político ni el Comité Central tienen facultad para hacerlo, dado a que el Congreso es el más alto organismo de dirección de este Partido y el único con la potestad de aprobar o modificar sus estatutos según lo estipulado en el “Artículo 12 acápite C” por lo que actuar en forma contraria a esto, se estaría creando un precedente negativo que afectaría la vida de esta organización.

El PLD se encuentra hoy en una encrucijada, al igual que otros partidos, aunque en grado menor; fruto de la aprobación apresurada y poco consensuada de esta ley, por sectores que vieron en ella la mejor oportunidad de lograr sus objetivos, haciéndose trajes a la medida a costa del sistema de partido, la democracia y la militancia, otorgándole un poder supremo a las cúpulas para que hoy decidan y aprueben a sus antojos y conveniencias, lo que entiendan necesario en aras de lograr sus propósitos, llegando estas al extremo de calificar de absurdo, afrenta e imprudencia la consultas de las bases, ignorando los efectos y consecuencias negativas que esto pueda ocasionar en el porvenir.

Suprimir el derecho de los miembros de los partidos, organizaciones y movimientos políticos de elegir y ser elegidos por las cúpulas de los partidos, al igual, que coartar la democracia interna de los partidos según contempla la notoria ley de Partidos; sin duda alguna, que marcara negativamente la vida y funcionamiento de los partidos, al igual que a la democracia, fruto de la marcada deformación desde su gestación, lo que simplemente podemos calificar como el origen del pecado que afecta severamente al sistema de partidos y a la mayoría.

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