El origen de las mercancías y el dumping en el escenario del comercio dominicano

Por Perla Rodríguez M.

Observación sobre el fenómeno de las marcas blancas de las grandes cadenas de supermercados nacionales con denominación de origen de otra nación en cuanto la afectación a las marcas nacionales producidas con materias primas dominicanas.

Haciendo un recorrido mensual por tres de las más grandes cadenas de supermercados he podido constatar una gran proliferación de mercancías denominadas “marcas blancas” las cuales primero poseen los precios por debajo del que es posteado por  Pro- Consumidor para los productos de la  canasta familiar relativos a los productos nacionales manufacturados enteramente en el territorio de la República Dominicana; Entre los que mencionare por la abismal diferencia en los precios que presentan en relación a las productos de esta gama están las leches,  los aceites y el atún de lo que podríamos especular que: Sé podría hablar de un dumping indirecto en virtud de que sus precios a pesar de ser autorizados por su condición se mantienen muy por debajo de aquellos de su misma clase, conservan  un control de calidad admitido por las reglamentaciones de control industrial dominicano, valido con un RI otorgado en por este país  y agregamos que son de manufacturación extranjera, es decir, resultan de la importación de los mismos y vienen certificados por el país de origen,  en su gran mayoría.

Sin ánimos de perjudicar a los consumidores, pretendemos hacer una observación para determinar si existiría dumping o no a partir de las reglas de comercio internacional que rigen sobre el mercado actual a partir de las normas de origen que determinarían la nacionalidad de un producto.

Una marca blanca es una línea de productos genéricos que el minorista vende bajo su nombre, es decir, son las mercancías que se comercializan con el logo del establecimiento comercial (Economipedia, n.d.),  hasta aquí se podría pensar en principio que por su condición de marca blanca tienen permitido vender por debajo de los costos normales de las demás marcas tradicionales en el entendido de que estas mercaderías tienen menor calidad.

No obstante, estos supuestos surgen en principio, condicionados a que en el pasado durante el periodo de la post- guerra en Alemania, se registran por primera vez en una época muy difícil en la que los consumidores dejaron de privilegiar las marcas populares prefiriendo comprar productos de bajo precio y sin logo conocido; y resulta que, gracias a los buenos resultados mercadológicos para estos minoristas la tendencia se expande hacia el continente americano a partir de los setentas y ya su consumo no es por el alza de los costos o la escasez.

Hoy estas marcas ocupan un espacio verdadero y considerable en el mercado las cuales se han convertido en productos de mayor calidad y con presentaciones sofisticadas promovidas por las grandes cadenas de supermercados, así también amplían la oferta incluyendo productos que no pertenecen a la canasta básica como shampoo, cremas, geles de baño  entre otros, en los cuales se confirma una denominación de origen extranjera en la mayoría de estos, lo cual rompe la cuestión de  que sí son competitivos o no  y que no son para nada de mala manufacturación, y que por tanto, pueden ser medidos con la misma vara que la competencia  nacional, asumiendo que no son nacionales. Por lo que entendemos que pasan a ser marcas propias con alta calidad y que pueden ejercer una competencia relevante para las empresas del sector que ocupan. A esto le sumamos que en su mayoría son manufacturados en otros países y que la cadena del supermercado los sella bajo su sombrilla.

¿Cuál es el origen de estas mercancías de marcas blancas y como entra en el juego de la competencia?

Como consumidora activa he observado que la mayoría de los productos especifican que han sido fabricados “para” X supermercado por una industria situada fuera del territorio nacional, con un registro industrial y sanitario avalado por la República Dominicana y con las normativas de calidad del país de donde proviene manufacturado; ¿Cómo determinar ante este escenario sin mucha información cual es el origen real de las mercancías?

Para explicar este fenómeno se entiende en términos comerciales por origen de una mercancía como el vínculo geográfico que existe entre una mercancía y el país del cual proviene, la leche comercializada en este caso por estas cadenas de supermercados y el aceite tienen sellos y dicen ser producidos en otro país diferente al nuestro, por lo que les aplica el estudio detenido de las reglas de origen y añadimos que  las Reglas de Origen son normativas técnicas del comercio internacional que se aplican con la finalidad de distinguir cuando una mercancía es:  1) originaria de un país o en cambio 2) producida en un territorio determinado (reglas de marcado de origen).

En virtud, de que la política comercial de la República Dominicana está sujeta a los diferentes acuerdos preferenciales que permiten el libre comercio de las mercancías DR-CAFTA, EPA y el GATT este último integrado en la OMC de la cual figuramos como un país miembro y cuyo acuerdo regula aspectos tan importantes como el valor en aduana, el código antidumping y anti subvención. No obstante, no es el GATT el responsable de establecer las reglamentaciones o normas de origen a los productos, ha sido más bien la firma del Convenio Internacional para la Simplificación y Armonización de los Regímenes Aduaneros, (Las Rondas de Kyoto) firmado en 1973 y que conforman como parte de los acuerdos de los países miembros de la OMC (Organización Mundial del Comercio).

En virtud de este acuerdo se han regulado 3 reglas importantes a tomar en consideración para determinar el origen de una mercancía, estas 3 cuestiones son, los reconocidos mundialmente anexos D1, D2 Y D3 sobre las normas de origen que determinan lo siguiente: A) Qué se entiende por producto originario de un determinado país; B) Cómo se acredita y por quién se puede comprobar el origen declarado para un producto, pero solo nos interesa el D1 en el caso presente para determinar el origen de las mercancías de marcas blancas.

La parte D1 del convenio considera enteramente productos producidos en un país y, por tanto, originarios del mismo aquellos productos: A) Poco o nada elaborados (productos minerales, del reino vegetal, animales vivos, producto de la caza y la pesca). B) Manufacturados a partir de los anteriores y en cuyo proceso productivo no han participado materias ni bienes intermedios de otro país.

Nosotros para el caso pertinente nos ajustamos a la parte B) del ya citado Convenio puesto que todos los productos observados y mercadeados exponen claramente ser producidos en los países de los cuales se han importado, esto en principio. Sin embargo, si es observado más de cerca, esto solo cambiaria si se advierte que en la producción de la mercancía han intervenido dos o más países, se consideraría originaria del país donde se haya realizado la última transformación o elaboración sustancial económicamente justificada y el cambio de una presentación y/o embace no justificaría lo último. A esto también se agregaría, que se aplique un cambio de partida arancelaria o se integre una lista de operaciones que confieren el origen y /o que las circunstancias que suponen el valor de las materias primas y/o bienes intermediarios no originarios que son utilizados en su fabricación no superen un determinado porcentaje.

Analizando, pues, que existe dumping cuando, (citando al profesor Carlos Fernández Rozas), se vende en el extranjero un producto por debajo de su valor normal en el mercado nacional, no necesariamente por debajo de su costo, pero si por debajo del precio de venta, por un periodo prolongado de tiempo,  de este modo y observando la diferencia oscilantes entre los precios por ejemplo de la leche que varían entre los 47.00 RD$ a 54.00 RD$ el litro para determinada la marca blanca y de 60.00 RD$ a 69.00 RD$ para las marcas reconocidas del mercado,( estos últimos precios proporcionado por el listado de   Pro-Consumidor relativo al periodo de la semana del 16 al 22 de julio), justifican nuestro planteamiento. Sin más que agregar dejamos los datos a libre apreciación de las autoridades correspondientes a las cuales invitamos a investigar.

Por Perla Rodríguez

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