El optimismo desbordado del gobernador del Banco Central

Por Víctor Manuel Peña lunes 2 de noviembre, 2020

En un abrupto o desbordado ejercicio de optimismo, el gobernador del Banco Central ha dicho que la economía dominicana crecerá en el 2021 en 6%.

Aclaro que cuando el gobernador del Banco Central habla de crecimiento económico lo hace generalmente refiriéndose a este fenómeno en términos reales.

Hablar del crecimiento nominal o real de la economía es lo mismo que hablar del crecimiento nominal o real del PIB. El crecimiento nominal o real de una economía se mide a través del crecimiento nominal o real del producto interno bruto (PIB).

De esos dos tipos de crecimiento el que más interesa es el crecimiento del PIB en términos reales, es decir, el crecimiento de la economía en términos reales.

Lo cierto es que no hay manera de que la economía dominicana crezca en términos reales en 6% en el 2021.

Después de la gran depresión por la que estamos atravesando en el 2020, lo que procede es aplicar políticas económicas, por el lado fiscal y por el lado monetario, que permitan a la vuelta a la normalidad de la economía, primero, y luego o como segunda etapa que la economía se aboque a un proceso sostenido de recuperación o reactivación.

Si la economía dominicana finalmente crece en el año 2021 no podrá ser superior al 1 o al 2% en términos reales.

Si la meta de inflación se mantiene entre 4 y 1, y a esa tasa de inflación de 4% le sumamos el crecimiento en términos reales de 2%, entonces se podría hablar de un crecimiento en términos nominales de 6%.

El crecimiento del PIB en términos reales, es decir, el crecimiento real de la economía dominicana nunca jamás podría ser de 6% en el año 2021.

Entendemos que el individuo o la persona del gobernador no solo debe tener mucho formación y experiencia en materia monetaria y cambiaria, sobre todo en política monetaria y cambiaria, sino que debe ser un funcionario público o servidor público que transmita optimismo siempre en su discurso porque ello sirve de estímulo vivificante a los agentes de la economía, mucho más en un período como éste de la pandemia en que estamos inmersos en una inusual contracción de la economía nacional.

Pero no es correcto que haya una borrachera de optimismo en el contexto de la pandemia en que no debemos perder las perspectivas del realismo, del enfoque realista.

En los pronósticos de crecimiento del FMI para el 2021 figuran las principales economías del mundo con tasas moderadas de crecimiento sobresaliendo China Popular con 8.2%. En este año 2020 solo China Popular crecerá en 1.9%.

En orden descendente siguen Francia, Filipinas, Japón, Indonesia, India, Alemania, etc. Estados Unidos crecerá en 4.5%. En América Latina, Brasil crecerá 3.6% y México 3.3%.

En esa larga lista de naciones del FMI no figura la República Dominicana con 6% de crecimiento en términos reales para el 2021.

Al plantearse los objetivos de la política monetaria y cambiaria, el Banco Central dominicano tiene a su favor de que es él quien mide las cuentas nacionales, tanto el índice de precios al consumidor, la inflación, y el crecimiento del PIB.

Pero aún con todos esos vientos a su favor no hay manera de que la economía dominicana, es decir, el PIB dominicano pueda crecer en 6% en términos reales en el 2021.

Siempre el optimismo debe tener el cariz del realismo para ser creíble y confiable.

La misma crudeza de la realidad por la que estamos atravesando en esta larga coyuntura de la pandemia nos obliga a ser prudentes, mesurados y realistas en las proyecciones que se hagan en el campo de la economía.

Las fuentes que generan divisas, con excepción de las remesas, están en el suelo: turismo, zonas francas, exportaciones tradicionales e inversión extranjera

El déficit fiscal se ha disparado a 9 ó 10% y la necesidad de financiamiento del Estado debe estar en 9 ó 10% con la caída del índice de tributación de 14.5% a 11 ó 10%.

A esa dramática realidad se agrega el hecho de tenemos que pagar 185 mil millones de pesos por pago de intereses de la deuda pública, tanto interna como externa, y 146 mil millones por concepto de amortización de capital (aplicaciones financieras) de la misma deuda pública en el año 2021.

Al aumentar significativamente el porcentaje que mide la necesidad de financiamiento como consecuencia de la caída del índice de tributación y el aumento del gasto público como porcentaje del PIB se reduce drásticamente la capacidad de pago del Estado.

El protagonismo para combatir la crisis sanitaria y la crisis económica tiene por necesidad que asumirlo el Estado, pero el Estado acusa en estos momentos grandes limitaciones en términos financieros.

En ese contexto tan desgraciado y pesaroso no es dable hablar ni realista ni posible que el PIB dominicano crezca en un 6% en términos reales en el 2021.

Lo que procede en estos momentos es asumir y aplicar agresivamente un vasto plan de recuperación de la economía dominicana con un plan de búsqueda de recursos para financiar las actividades públicas en pro de la reactivación de la economía.

Lamentablemente el gobierno de Danilo hizo una pésima gestión de la pandemia, de la crisis sanitaria y de la crisis económica.

Y a eso se agrega un abrupto o sórdido saqueo de las finanzas públicas como consecuencia de la hegemonía del pillaje, del hurto y de la corrupción que tuvo lugar en el gobierno anterior.

El país está sediento de justicia con devolución de los recursos saqueados!

Parte de los recursos que necesita el Estado podrían encontrarse en ese necesario e inevadible proceso de justicia.

Hay que mejorar los niveles de eficiencia con que opera la Administración Tributaria bajando los índices de evasión y colusión en el pago de los impuestos con miras a aumentar las recaudaciones tributarias.

Hay la necesidad de racionalizar el gasto tributario.

Por otro lado, el país urge y requiere que el gobierno asuma un plan de renegociación de la deuda externa, tanto la multilateral como la bilateral, para bajar los tipos de interés y los plazos de la deuda ya vencida.

También hay que emplearse a fondo para utilizar los brazos de la política exterior y de la diplomacia para insistir en la necesidad de que los países del G-20 se aboquen a aprobar un fondo de solidaridad para ir en auxilio de los países pobres y subdesarrollados del mundo.

No es sano ni aconsejable que el financiamiento del presupuesto sea asistido por el financiamiento inorgánico del Banco Central: los recursos financieros de que pueda disponer este organismo, incluyendo los que proceden de la liberación del encaje legal, son para ponerlos en manos del sistema financiero a bajas tasas de interés, habida cuenta de que el BC no está para reglar dinero.

Concluyo repitiendo que en esta coyuntura el protagonismo tiene que asumirlo el Estado con la aplicación de políticas económicas de carácter expansivo.

Autor: Dr. Víctor Manuel Peña

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