El ocaso de las aulas

Por Manuel Hernández Villeta

El sistema educativo dominicano está congelado. Lastrado entre las pugnas del ministerio de Educación y la Asociación Dominicana de Profesores. Con el camino cerrado por maestros que no tienen vocación, y que si han derivado a utilizar la tiza y el pizarrón es por el buen salario que se paga en el área.

Hay que olvidar situaciones del pasado, lejano o reciente, y hacer un enfoque hacia el porvenir. Es un mañana que está a  poco más de mes y medio. >Cuando comience el año escolar deberá estar reordenado todo el sistema, o se correrá el riesgo de que permanezca en el limbo.

El único éxito posible en el sistema educativo dominicano es el aprendizaje de los alumnos. Es sacar a la escuela pública de la lista negra de las principales universidades del país, que consideran que los que terminan el bachillerato están mal preparados.

Hay una terrible realidad, y es que la casi totalidad de los bachilleres se encuentran incapacitados y no pueden pasar el examen de admisión de las principales universidades. Los muchachos no son los culpables de su ignorancia, sino un sistema obsoleto, donde se prima la politiquería y la lucha es por un mejor salario.

La praxis de los ´últimos años demuestra que prácticamente nadie está interesado en mejorar el sistema público de enseñanza. >Se hacen más esfuerzos en garantizar el desayuno y el almuerzo escolar, que en alfabetizar a los niños.

No soy enemigo de las reivindicaciones sociales,  El profesional que trabaja necesita que se le remunere con un salario de acuerdo con las circunstancias, ahora, no respaldo que el cuatro por ciento sea utilizado para alimentos, buenos sueldos y préstamos, en desmedro de la enseñanza.

La primera medida que tiene que tomar el nuevo ministro de Educación es abolir las pruebas nacionales. No sirven de nada. Es más, el sistema de exámenes tradicionales, tiene que ser eliminado y establecer el proceso de evaluaciones cada tres meses, y aplicar de inmediato los correctivos.

Donde hay malos estudiantes, lo básico es revisar la capacidad y la práctica de los maestros. Si a los muchachos se les da de  baja universitaria con el examen de admisión, también hay que implementar en las escuelas la evaluación  profesoral, expulsando del aula a los incapacitados e irresponsables.

En estas vacaciones, el nuevo ministro de Educación tiene que elaborar una amplio programa para detener la violencia en las escuelas. No se puede seguir con el espectáculo de estudiantes yéndose a los puños o blandiendo cuchillos y sevillanas. Es dantesco el espectáculo de un estudiante dándole varios planazos a su profesora. Las aulas son un faro para la sabiduría, no un ring de boxeo, lucha libre y frustraciones. ¡AY!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta 

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