El Oasis nos preserva a todos

Por Dario Nin lunes 13 de enero, 2020

Lecciones para político VI

’’El Joven Santiago, cuando acudía tras su leyenda personal, en los caminos de la imaginación de Paulo Coelho y su alquimista, se encontró en la penúltima parte de su viaje, frente al Oasis, en las arenas del desierto.

Estando allí, su atención fue secuestrada por el vuelo de dos gavilanes que en el lenguaje del mundo le transmitieron los acontecimientos que en el futuro inmediato se darían en este lugar; que no era más, que la invasión por parte de un gran ejército a un terreno que la tradición había sentenciado como no invadidle por su neutralidad”.

Encierro los dos párrafos anteriores entre comillas, porque me estoy copiando de un ensayo escrito en el 2004 y repetido en un artículo de enero del 2010.  ¿Y qué de trascendente tienen los párrafos que debo traerlo por tercera vez?

Bueno…, las situaciones me llevan a ellos, no los busco para las situaciones.

Explico lo de hoy. En el desierto de la historia que cuento, había muchas tribus rivales, que generación tras generación habían pactado respetar el oasis, como algo sagrado, porque allí, recibían asistencia todos, descansaban y se abastecían, en igualdad de condiciones sin temor a ser atacados.  Era un santuario que todos reverenciaban. Un día fue atacada por una tribu y el atacante fue aniquilado.

En este “desierto social y político” en que vivimos, donde las tribus políticas han decidido aparcelar todo; o estas con uno o con el otro para que puedas tener posibilidades de sobrevivir o supervivir, según sea el caso y la conexión. Es necesario e impostergable que se haga un pacto de decencia en donde se propugnen por voces e instituciones imparciales y objetivas, que necesariamente están llamadas a ser equilibrio en beneficio de todos y de ninguno o contra ninguno en particular.

Quedan periodistas imparciales, que merecen que sus programas se mantengan y que puedan recibir del Estado, anuncios, como los que reciben aquellos que se convierten en meras bocinas. Bueno, quizás no tantos, pero los suficientes, que le permitan sobrevivir de un ejercicio fiel a los principios periodístico de informar la verdad con objetividad e imparcialidad.

Debemos aprender también por la salud de la Nación y del Estado Social y Democrático de Derecho que vamos camino a conquistar, a permitir que instituciones como el Tribunal Constitucional, la Junta Central Electoral, el   Tribunal Superior Electoral, Suprema Corte de Justica (poder judicial), el Defensor del Pueblo y los cuerpos militares y policiales se preserven fuera de la política partidaria. Que se constituyan en monumento a la institucionalidad.

Fuera de estos, los políticos tienen un manjar en todas las instituciones restantes.

Lo planteado no es utopía, es una realidad que necesita de un trabajo arduo y un proceso de concienciación colectiva, en donde nos demos cuenta que lo que es igual no es ventaja, que conviene por el bien de todos preservar esas voces e instituciones-

Ojalá se aprenda a llegar al poder con los mismos lentes que se miraba desde la oposición, ojalá escuchemos la misma música de la guitarra o del violín

Algún día nos daremos cuenta que con la transparencia ganamos todos, que la trampa “puede premiar”, pero la verdad es como el colcho que por mucho que se hunda, siempre sale a flote.

“También debemos tener conciencia de que las trampas tendidas a otros, pueden resultar para nosotros mismos; como la que el odio de Amán, hizo tender a Mardoqueo. Trampa que lo llevaría irremisiblemente a una horca de cincuenta codos de altura que había mandado a construir para él.  Sin embrago, el cuello que de esa horca colgó no fue la de Mardoqueo sino la del hombre que la celada tendió, el propio Amán”. Recomiendo leer Ester 7.1-10. Hasta la próxima.

Por Dario Nin

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