El neoliberalismo: Un modelo de energúmenos

Por Francisco Rafael Guzmán miércoles 29 de julio, 2020

Ese modelo que ha traído a casi todo el mundo, desde mediados de la década de 1980 aproximadamente, un capitalismo salvaje, es un anatema (maldición) para la humanidad. Esto así porque todo el modo de vida de los humanos ha cambiado, desde entonces, claro no todo el desastre que tenemos llegó de una vez. Llegó al fin y al cabo, y todo se lo debemos  a la receta del Fondo Monetario Internacional, con la cual se impuso ese modelo. Había que darle una salida a la crisis de sobreproducción que tenía el mundo desarrollado: 30 % de las naranjas californianas iban a parar a los forrajeros, tal vez las valencianas de España no les pasaba igual suerte, pero había en Europa una sobreproducción de derivados de la ganadería lechera con los 25, 000,000 de vacas lecheras de los 10 países de la CEE. No había mercado para los jugos derivados de los cítricos de Estados Unidos y ni para los derivados de la leche de Europa. En fin, el capitalismo desarrollado vivía una crisis de sobreproducción, o sea, lo que se ha llamado una crisis clásica.

Por otra parte, la crisis petrolera era una realidad desde 1973, provocada por los países árabes al  aumentar los precios del petróleo dejando de sacar petróleo en cantidad suficiente para abastecer el mercado. Con parte de las ganancias extraordinarias los dueños de pozos petroleros de esos países se convirtieron en ahorrantes en bancos de países desarrollados, dinero pasivo con el cual esos bancos ganaron dinero prestando a terceros (gobiernos sobre todo). Fue así como países subdesarrollados, vendiendo productos a precios estancados y comprando petróleo cada vez más caro, sus gobiernos tuvieron que acudir al FMI. Los que no lo hicieron se sometieron por su cuenta a la misma disciplina que recetaba el FMI a los que negociaron con él. El mundo cambió, pero en el peor sentido de la palabra.

Triunfó el neoliberalismo y con el capitalismo salvaje que se vive en gran parte del mundo, incluida la República Dominicana, en algunos países esa situación se había dado desde antes de mediados de los 80, pero bajo dictaduras militares, verbigracia: Brasil, Chile y Argentina. Ese no sería el caso de México, Venezuela, Jamaica, entre otros, en América Latina y el resto del mundo subdesarrollado que  eran gobernados por gobiernos civiles. Hubo grandes protestas en algunos países, provocando muchos muertos que se resistían al proceso inflacionario que se vivía a partir de la receta del Fondo Monetario Internacional, fueron los casos de República Dominicana (1984) y Venezuela (1989), en algunos las cosas no llegaron tan lejos. Ahora bien, lo que si fue una realidad desde mediados de los años de la década fue que gran parte del mundo comenzó a cambiar para lo peor.

No solamente hubo alzas en los precios con las medidas exigidas a los gobiernos por el FMI, y los que no acudieron a negociar con esa entidad aplicarían gran parte de ellas por su cuenta, porque se exigió reformas políticas como parte de la receta. Las dos principales medidas eran: a) liberalización de los precios en el mercado local y b) que el gobierno no vendiera dólares a los industriales a tasas preferenciales (a la par por pesos) y se creara un mercado privado paralelo del dólar, dejando flotar el precio de cambio de este por la moneda local al libre juego de oferta y demanda. Esto provocó una gran inflación y desempleo con la reducción del personal y cierre de algunas industrias y negocios.

La consecuencia inmediata esto fue una oleada expansiva de emigrantes de países como la República Dominicana hacia países desarrollados, como los Estados unidos y España, en busca de trabajo, o bien, de un mejor trabajo, y de no caer en la inopia, indigencia o pobreza absoluta. Esto implicaría un cambio cultural en los ciudadanos que emigraban de esos países subdesarrollados hacia países desarrollados. En primer lugar, no puede asimilar toda la cultura del país de destino, pero tampoco se quedan con todas las pautas culturales de su país de origen.

Muchos de esos migrantes eran jóvenes que estaban organizados en clubes juveniles o en asociaciones campesinas, en este último caso algunos que procedían de zonas rurales. Al emigrar dejaron de pertenecer a esas organizaciones.  El individualismo, la competencia, la ostentación y la ausencia de solidaridad fueron de los valores o antivalores nuevos.

La mayoría de ellos integraron esos valores, por eso, al regresar como aves de paso o de retiro a sus países de origen es difícil, aunque hay excepciones, que quieran pertenecer a asociaciones o grupos organizados ni practicar la solidaridad y el asociacionismo.  Sin embargo, cuando regresan como aves de paso (vacaciones) o de retiro (jubilados o pensionados) son tomados de modelos a imitar, en países con tantos indigentes, como es el caso nuestro. Muchos jóvenes ven al joven o al adulto que llega de Estados Unidos o de cualquier país desarrollado como el triunfador.  Los nuevos jóvenes, los que son de la generación joven de los ochenta, setenta y 60, que no vivieron la experiencia del asociacionismo, quieren tomar ese modo de vida del dominicano emigrante a países desarrollados, porque lo ven como el triunfador.

A ese dominicano emigrante, el cual puede ver cuando vacaciona o cuando viene de retiro, a ese que exhibe los dólares, el consumo de alcohol, el individualismo, que desafía la autoridad pero no para cambiar la sociedad y que no cree en la amistad, a ese   es al  que quieren imitar la mayoría de los dominicanos jóvenes y adultos jóvenes. ¿Por qué así? Porque han sido inducido por el modelo neoliberal, ya que no sólo tenemos desempleo y dominicanos en otros países desde que se instauró ese modelo, como pasa en otras naciones subdesarrolladas, si no que el trabaja en cualquier empresa u oficina trabaja ahora más que antes. Hoy en día el que trabaja casi no puede disponer de tiempo para ir a una reunión y dispone por temor a la delincuencia no quiere asistir a reuniones o ha sido inducido a una abulia a la solidaridad porque el modelo le ha conducido a ello.

Parte de lo que provocó ese modelo es la tanta proliferación hoy día de las pandillas o naciones y de la incidencia del narcotráfico. Es por eso que vemos lo que está pasando en el barrio Borojol y otros, donde se enfrenta a la policía violando el toque de queda y la gente no quiere cuidarse de la pandemia del COVID-19. ¿Cuánta falta hacen los clubes juveniles, para que los jóvenes y los adultos jóvenes no hagan eso? Esos clubes como tales (culturales y deportivos) al día de hoy no existen, quizás salvo una rara excepción, aunque se quiera decir lo contrario.  Hay organizaciones deportivas.

No quiero terminar sin citar algo del editorial de El Nacional del 28/07/2020: “Se ha vuelto una peligrosa costumbre que grupos de jóvenes que se aglomeran en barrios populares para ingerir bebidas alcohólicas agredan a pedradas y botellazos a patrullas policiales que intentan hacer cumplir el toque de queda y el distanciamiento social en el marco del estado de emergencia nacional.

”El colmo de ese irrespeto ocurrió el domingo en el sector capitalino de Borojol, donde una mujer intentó romperle una botella en la cabeza y despojarlo de su cámara a un fotorreportero de Listín Diario, mientras otras dos zarandeaban a un agente policial.

“Las agresiones contra unidades policiales se escenifican en los barrios Borojol, Gualey, Guachupita, 24 de Abril, Las Cañitas, 27 de Febrero y Capotillo, entre otros sectores del Gran Santo Domingo, según quejas de los propios agentes que dicen que en algunos lugares han sido atacados a balazos…

Termina diciendo el editorial: “Queda claro que la próxima vez que desde cualquier sector se intente agredir a pedradas, botellazos o balazos a patrullas policiales que procuran hacer cumplir el toque de queda, los responsables deben ser apresados, encarcelados y traducidos a los tribunales. Basta ya de relajo.”

Eso es caos y toda sociedad necesita de algún orden, como escribiera nuestro ilustre Dr. Juan Isidro Jimenes Grullón en su libro: El Anti-Sábato.

 

Francisco Rafael Guzmán F.

 

 

 

 

 

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