El mundo y lo esencial para el equilibrio de la existencia

Por Carlos Martínez Márquez martes 23 de mayo, 2017

’El amor no tiene cura, pero es la cura para  todos los males’’. Leonard Cohen

En  cuatro letras podemos resumir y describir el sentimiento que habita en cada uno de nosotros, al margen de los desaciertos, maquinaciones y  perversidades que surgen de nuestro ser: el amor.

Somos una máquina de diseño único, que labora en procura de magnetizar los sentimientos, atrayéndolos para polarizar un efecto simple en cuanto a convivencia se refiere. El mundo de hoy es complicado; la indiferencia, la infernal amargura que pulula en el ambiente, enferma la mente. La salud mental esta un tanto patogénica, cuando se atrae un sentimiento negativo, dañando el resto de nuestro comportamiento. La generación de hoy es nada parecida a las anteriores; no estamos honrando a nuestros ancestros, a las viejas tradiciones, cuyo modelo a seguir nos eran transferidos de manera automática, porque se generaron patrones genéticos, en la que las tecnologías no estaban presente desde entonces.

Ignoramos la importancia a lo tangible, en la que desde hace tiempo, se han estado ausentando los sentimientos en nuestros corazones. Probablemente las tecnologías se han apoderado de nuestros cerebros y nos han suplantado uno de androide. La frialdad con que se está manejando la humanidad es fuera de lo normal. Las sociedades existentes del todo el planeta, han sido modificadas por esa clase de poder conspirativo, que mucho daño nos ha hecho, en la que elementos de innovaciones y modelos subversivos nos roban la razón, la sensatez y la armonía, para mantenernos dentro de ese formato autómata que nos hacen carecer de voluntades, para resumir en muchas incidencias de la vida, nuestras acciones, que se circunscriban en un mundo sano y nada complejo.

Son  tan solo cuatro letras, ‘’amor’’-en la que  intervenimos en el equilibrio del cosmos para reducir la brecha de nuestras carencias y miserias, por la que hoy, las huestes de la violencia, están cada vez más presente en nuestras psiquis como desencadenantes del odio y la tiranía. Amar lo que somos en esencia, nos hace excelentes seres humanos sin condiciones. El amor aunque duela, nos hace sensibles y mortales. Somos una raza inteligente y fructífera. La ciencia nos debe servir para algo beatísimo, que encarne la representación de la deidad de nuestro creador.

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