El mundo del presidente

Por Florentino Paredes Reyes lunes 18 de marzo, 2019

Para quienes hacemos opinión haciendo referencia a los hechos pasados, quienes no olvidamos tan fácilmente. Escuchar  hablar el presidente de la Republica Dominicana en cada Rendición de Cuenta, muchos creemos que el mundo en que vive el presidente es totalmente diferente al que vivimos los demás dominicanos. Pero eso no es un mal de éste, sino de todos los que nos han gobernado desde el primer gobierno, hasta el día de hoy.

Ya los dominicanos, han perdido el interés por las cosas que pueda decir el presidente o cualquiera de sus ministros en materia de seguridad ciudadana, desarrollo económico, reducción de desempleo o cualquiera de los   problemas que afectan al país, porque entienden que las estadísticas son pintadas a sus anchas, para presentar al gobierno como lo mejor que nos pudo haber pasado, aunque el mismo sea lo peor que tengamos. Es como si copiaran el decir y el accionar de Josep Stalin, cuando afirmaba: las cosas no hay que presentarlas como son, sino como queremos que sean.

En su primera rendición de Cuentas del 2013, cuando tuvo el honor de dirigirse a la Asamblea Nacional y al pueblo dominicano por primera vez como Presidente de la República, con apenas siete meses en el gobierno, el presidente Danilo Medina, asumió una ardua defensa del interés nacional, contra la empresa Barrick Pueblo Viejo y un contrato de extracción, que les daba el oro a ellos y deshonor a nosotros. Ahí habló un patriota, que puso en alto el decoro de todos. Dijo lo que haría en los años venideros en materia de educación, seguridad social, alimentación y hasta en contra de los corruptos.

Muchos de esos temas fueron abordados en los años siguientes, entre ellos el sistema de emergencia, el desayuno escolar, la tanda extendida, el aumento salarial a los cuerpos de seguridad del Estado. Otros, como el contrato de la Barrick y los beneficios de dicho acuerdo para los dominicanos, simplemente pasaron al olvido y hoy no sabemos que pasó con el dinero, pues no lo vimos ni lo sentimos.

Según Eduardo Galiano, “el mundo se divide, entre indignos e indignados”, y a juzgar por las posiciones de quienes nos gobiernas y los gobernados, no hay unidad de criterio en cuanto a los problemas naciones y sus posibles soluciones. Todo desde el mundo del presidente es crecimiento, desarrollo, bienestar y tranquilidad para el grupo de indignos, y trabajo, explotación, pérdida de fe en el futuro del país, para los indignados.

En su resiente rendición de cuentas, nuestro Excelentísimo Presidente, anuncia un aumento  de   $5,117 pesos a $10,000 pesos al salario mínimo y de un diez a un cinco a quienes ganan hasta  veinte y treinta mil pesos. Suena bello y hasta justo, pero lo que el pueblo no sabe, es que ese ajuste al salario mínimo, ya fue contemplado en la Nueva Ley de Tránsito que fue aprobada el pasado año, creando el INTRANT como órgano regulador y estableciendo en salarios mínimos las nuevas multas que de manera antojadiza, impositiva y abusiva, aplicarán sus agentes a los conductores de nuestro país. Donde por nada del mundo se da una charla, se amonesta la categoría de la licencia de conducir o tienen un centro de capacitación a los conductores, y sólo se fiscaliza a diestra y siniestra.  El gracioso aumento al salario mínimo, solo busca una base legal para justificar una nueva forma de recolección de impuestos. Esto sin mencionar los asuntos de justicia civil y comercial, la famosa Ley Anti ruido y una cuenta especial que tiene la Procuraduría General de la Republica en el Banco de Reservas, en la cual se deposita el dinero de las conciliaciones entre los fiscales y los ciudadanos con casos menores que no llegan a los tribunales, tomando como base el salario mínimo.

Según el Presidente, en nuestro país la mayoría de los sectores económicos registraron tasas de crecimiento positivas durante el 2018, destacándose: Comunicaciones (12.3%), Construcción (12.2%), Salud (8.7%), Comercio (8.3%) y Zonas Francas (8.1%). Pero no explica en qué ese crecimiento beneficia a la población, ya que el sector comunicación explota a sus empleados y en otros casos los contrata como independientes (contratistas) para no tener ninguna responsabilidad laboral ni social. Sin hacer mención de sus estafas al cobrar servicios que no ofrecen, la recaudación de intereses al retraso en los pagos y la no devolución a los usuarios de los depósitos que les entregan al momento de contratar un servicio.

El sector construcción es otro que tiene secuestrada a la clase media, erigiendo unos apartamentos que no llegan ni a los 80 metros, con accesorios de pésima calidad, sin seguridad de hierro en sus puertas y ventanas, con una inversión inferior al medio millón de pesos, pero que venden a los adquirientes a casi dos millones, los cuales tienen que acudir a un financiamiento en la banca privada para terminar pagando entre cuatro y cinco millones de pesos en un tiempo de  diez y veinte años.

El sector de las zonas francas, que creció un 8%, es altamente conocido por no permitir la sindicalización de sus empleados en franca violación a la ley de trabajo, con jornadas laborales de entre diez y doce horas, con la liquidación anual de sus empleados para que no tengan derecho al doble sueldo (salario 13), con apenas una media hora de almuerzo por jornada y  con sueldos que no superan al salario mínimo. Si esto es crecimiento, es de quienes dirigen esos sectores, no del pueblo que las pone a producir.

Otra de las perlas de esa rendición de cuentas, es el crecimiento del sector comercio, donde los empleados corren igual suerte que las zonas francas, solo que ahora deben trabajar hasta las doce de la media noche; no contratan a las mujeres en condición de procrear  por los riesgos pre y post natal, en magnánima violación a ley de protección a la mujer; venden productos alterados, falsos, vencidos y en cantidades inferiores a las establecida en los pesos y las medidas. Con la mirada cómplice de los organismos estabilizadores de precios y protectores del consumidor. Todo un paraíso para el pueblo.

De acuerdo a los expresado por el  Presidente, la pobreza general del país pasó de 39.7% en 2012 a 23.0% al cierre del 2018, lo que equivale a que aproximadamente más de 1 millón y medio de dominicanos lograron salir del umbral de la pobreza en los últimos seis años. Pero obvia el crecimiento poblacional del mismo periodo proveniente de esas familias pobres, de los miles de jóvenes que se graduaron y que no han conseguido un empleo, de las deserciones escolares, del crecimiento del consumo de drogas, de la inmigración haitiana impuesta por la comunidad internacional, y del trabajo informal como alternativa de vida.

Decir que  la República Dominicana ha logrado promediar un crecimiento económico de 6.3% en los últimos seis años, con estabilidad de precios, es otra mentira claramente demostrable, pues con un combustible que todas las semana registra alzas, y un dólar que en los últimos ocho años ha tenido un avance de un  32,5% con relación a nuestra moneda, es de tontos creer ese cuento.

Lo que si creció, Señor  Presidente, fue el  endeudamiento público, que hasta el  2018,  se situaba en unos US$41 mil millones, como consecuencia del déficit fiscal que se origina en la corrupción, el despilfarro y falta de control en el gasto del gobierno.  En los 20 años que lleva su partido en el poder y en los casi 7 que lleva usted como presidente, se han asegurado de que no haya Congreso,  Justicia,  Ministerio Público, Cámara de Cuentas o cortes independientes.

Es penoso que la oposición política no desmonte esas estadísticas y que los supuestos comunicadores no tengan la suficiente capacidad de análisis para desenmascarar cifras, que son ofrecidas por las mismas instituciones serviles, que llevan en bandeja de plata los datos que enaltecen su figura y su gestión.

Sabemos que el presidente anda en auto blindado, con escolta, asistentes, asesores y un equipo de hombres y mujeres que hacen de su mundo lo más parecido al paraíso. Sabemos que  las calles por las que transita, son aseadas, asfaltadas y señalizadas horas antes de que las recorra y que los barrios que visita reciben los servicios de agua, luz y recogida de desechos, momentos antes a su llegada, aunque tengas años sin esos servicios.

El mundo del presidente es totalmente diferente  al de los dominicanos que pagan impuestos, los que no tienen exoneraciones, seguro médico internacional o inmunidad. Sería prudente que nuestro presidente, recorra nuestros barrios sin avisos, franqueadores o grupos de preseleccionados para saludarlos y hacerle aquellas preguntas que él quiere escuchar.

Mientras su mundo sea diferente al de sus gobernados, el presidente dirá palabras que no serán entendidas y ofrecerá estadísticas que son de otro país, pero no del nuestro. Mientras solo se presenten estadísticas junto a quienes las disfrutan,  la República Dominicana estará dividida  entre “los indignos y los  indignados”.

Por: Florentino Paredes Reyes.

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