El mundo, América Latina y pandemia: De Kennedy a Biden

Por Francisco Rafael Guzmán jueves 21 de enero, 2021

Hay fenómenos sociales, pero también hechos (sucesos) aislados -aunque aparentemente por la forma en que se produjeron formen parte del azar-, que marca una época en la historia humana. Semejante circunstancia se dio con la década de 1960, la cual ya hemos dicho en otros artículos que marco el siglo XX, porque fue la década en que la juventud eclosionó a escala mundial: Las manifestaciones comenzarían en los parques de Inglaterra hacia 1964 al ritmo de la música y las voces de los Beatles, revueltas estudiantiles antiautoritarias por Europa (sobre todo el Mayo Francés del 68) y el Viejo Mundo,  cruzan el Atlántico llegando a Estados Unidos, llegando a México y se convierten en un movimiento antibelicista contra la Guerra del Vietnam, el humilde pueblo de Vietnam que padecía los ataques guerreristas del invasor norteamericano desde 1964. Quizá ninguna otra guerra fue tan cruel, pero a la vez con tanta heroicidad por parte del pueblo invadido, como lo fue la de Vietnam.

Si algo positivo dejó el movimiento de Los Hippies, no fue todo su rechazo a la sociedad tecnológica de la época, ni los hábitos de consumir drogas y ni el abandono del aseo o higiene personal, si no la oposición a la Guerra de Vietnam y de que los jóvenes se le reclutara para enviarlos a ella. El movimiento  Hippie no fue una contracultura, porque no había una propuesta de una sociedad alternativa. Este movimiento llegó hasta el cierre de la década del 1960 y se puede decir que quedaron algunas reminiscencias de el en los inicios de la del 70. La Guerra de Vietnam termina definitivamente en 1975, cuando se pone en práctica un armisticio acordado, pero era de baja intensidad ya para 1972, después de ocho años de ataques crueles y salvajes. Tan grande fue las sevicia en esa guerra que una foto de un día de 1968, aparecida en el Listín Diario, aparece el jefe de la policía de la entonces llamada Saigón hoy ciudad Ho Chi Min en plena calle matando con un revólver a un vietnamita del bando contrario. Esa guerra se inició poco después de fuera asesinado el presidente Kennedy en la ciudad de Dallas Estado de Texas, el 22 de noviembre de 1963, en un mitin o caravana proselitista.

Dicho presidente era muy carismático, un hombre del establishment norteamericano, pero de grandes habilidades y vocación para hombre de Estado, lo que no le impidió tener adversarios tan poderosos que conspiraran contra y terminaran asesinándolo. El padre John F. Kennedy -Joseph Kennedy- católico de origen irlandés al igual que son los orígenes del hoy presidente Joe Biden, fue embajador en Londres. Los Kennedy se establecieron en Massachusetts y llegaron a tener hasta 4 mansiones para una familia extensa de tres generaciones, en diferentes Estados: Massachusetts, New York, California y Florida. La familia de Joe Biden no debe ser tan afortunada como la de los Kennedy, pero marcada por tragedias al igual que los Kennedy y tal tan desordenado en la vida privada como se le atribuye a John Kennedy, parece que el primero no es mujeriego como se le atribuyo serlo a este último, pero el presidente católico de asesinado en el 22 de noviembre de 1963 le toco vivir una época muy difícil.

Algo que mucha gente no toma en cuenta al hablar de Kennedy, es que fue un hombre de Estado muy racional  que procuraba la distensión, ya que le echan de cosas que en materia de política internacional se pusieron en práctica -durante su administración-  que escapan a sus responsabilidades o decisiones, ya que habían sido decididas antes en la administración de Eisenhower. Para uno darse lo que pasaba en esa coyuntura, nada más basta con buscar en Internet  el encuentro con la prensa que tuvo hacia el año 1961, donde hacia una radiografía de la situación política y veía los riesgos que el confrontaba como estadista. Las contradicciones entre el pentágono y el departamento de Estado provocaron el asesinato del presidente demócrata en un Estado petrolero que tradicionalmente ha sido un gran bastión del Partido Republicano, como ha sido Texas.

El presidente oriundo de Massachusetts fue un hombre aparentemente de mucho templo. Tal vez por problemas de salud física, sufrió de una enfermedad que rara vez afecta a los hombres: osteoporosis, por lo que llegaría a mentir para ser presidente ocultando ese padecimiento, no pudo ingresar al ejercito pero si a la armada. En un escenario de guerra en el frente oriental del pacifico durante la Segunda Guerra Mundial, siendo un oficial de baja jerarquía, fue impactada una lancha cañonera que manejaba, comportándose como un héroe salvo la vida de varios de sus subalternos.  Se graduó en leyes y fue un hombre culto.  Hay gente que han querido señalar a Kennedy como más anticomunista que cualquier otro jefe de Estado norteamericano, algo inexacto, pero si a su paso por la política dio esa impresión en parte se debe su padre tenía ese discurso y a su esposa Jackeline que en campaña predicaba el anticomunismo en castellano a los migrantes hispanos. Hay quienes han llegado más lejos, Hamlet Herman por ejemplo, echándole la culpa a Kennedy del golpe de Estado a Bosch de 1963, nada más absurdo. Bosch, José Figueres, Betancourt y Muñoz Marín formaban parte del proyecto de Kennedy para esa época.

El mismo 22 de noviembre del 1963, un emisario enviado por Kennedy a la Habana -el periodista francés Jean Daniel- conversaba con Fidel Castro las dimensiones, causas y posibles soluciones de las tensiones entre los Estados Unidos y Cuba. Entonces, podemos decir que la política exterior norteamericana tradicionalmente es de atacar militarmente a los países del llamado Tercer Mundo y además durante la Guerra Fría fue de ataque al comunismo, pero no que el presidente Kennedy fuera el presidente más guerrerista de Estados Unidos como dijo una vez delante de mí.

Hoy día con Joe Biden en la presidencia de Estados Unidos, en medio de una terrible pandemia provocada por una crisis ecológica y que genera una gran crisis económica,  después que Donald Trump deja la Casa Blanca, parecería que nos acercamos a una distensión entre Estados Unidos y América Latina. El nuevo presidente quiere legalizar a los migrantes ilegales, pero además quiere retornar al acuerdo de Paris sobre el cambio climático,  integra a las mujeres y a las minorías étnicas en su gabinete. Contrario a Trump, cree en la superación de la pandemia con las vacunas. Sin embargo, si es cierto como han dicho algunos medios que reconocerá a Guaido como presidente de Venezuela, Biden habrá metido la pata. Esperamos que eso haya sido parte de una campaña mediática y que eso no sea cierto. De todos modos es un hombre del establishment de Estados Unidos, al igual que Kennedy.

Mucha gente cree que la mayor parte del conocimiento que tenemos viene de la experiencia directa, sin embargo, no es de la experiencia directa que nos llegan la mayoría de los conocimientos que tenemos. La experiencia directa a veces nos ayuda a conocer más, pero sobre todo a recrearnos.  Hace poco más de una década, yo que estoy entre los pocos que ni viajan, estuve en Estado del nordeste de Estados Unidos, lo que pude ver con mis propios ojos fue muchas factorías cerradas, en aquella gran nación del norte. Podría estar equivocado, pero creo que el imperialismo norteamericano está en decadencia, en un ocaso irreversible.  Como volver a ver todas esas factorías abiertas otra vez si son empresas privadas que han invertido en otros países buscando mano de obra barata, parece algo inverosímil si no imposible.

Fue la vigencia de esa economía de mercado lo que  trajo la pandemia, como en el pasado fueron los mercaderes los que trasportaron la bacteria de la peste bubónica, alojada en las vísceras de las pulgas de las ratas. Es insostenible el turismo masivo, aunque nadie puede negar que es una necesidad humana el ocio y el tiempo libre, pero con libre mercado, sin control de la natalidad y con turismo masivo no vamos a controlar los virus y las enfermedades no virales. Hay destruir el neoliberalismo y la hegemonía del capital financiero, así de sencillo. La sociedad humana colapsara en poco tiempo si no vivimos en armonía con el medio ambiente, evitando la cacería de animales salvajes -debiendo respetar el espacio de cada especie- y evitar las enfermedades con los consumos y contactos riesgosos con los animales salvajes y domésticos. No violar ante todo, los espacios ambientales de otras especies.

Basta ya de las deforestaciones y devastaciones de las selvas. Es por eso que hay que exigir la destrucción de la hegemonía del capital financiero y exigir la salud pública para todos los ciudadanos y ciudadanas.

 

 

Por Francisco Rafael Guzmán F.

 

 

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