El medio social dominicano contamina hasta la amistad

Por sábado 4 de abril, 2015

I.- Una explicación previa

1.- Mi formación personal con relación a la amistad la cultivé en mi niñez y juventud; sin imperfección, ni mácula; la limpieza estaba en nuestra conciencia y la expresábamos en el trato sin mancha, franco, sincero y leal. Entre nosotros, los amigos y amigas de ayer, no se conocía la mentira, el engaño; ni la celada para traicionar, la emboscada para culminar ni la acechanza traidora.

2.- Me formé en una comunidad de amigas y amigos que nos tratábamos con relaciones de afectiva hermandad; el hermanazgo nos unía con afinidad; compenetración que no tenía limitación alguna; cada uno generaba simpatía hacia los otros; la camaradería fue la expresión del querer mutuo que se anidó siempre en nuestros corazones.

3.- En el contexto de la narración anterior tiene el origen mi actitud en torno a la amistad, y no la percibo de otra manera; mis convicciones están construidas sobre el trato mutuo, la reciprocidad compartida, en la correspondencia ligada por el afecto y la franqueza.

II.- Motivación de este escrito

4.- He sido impulsado a elaborar este escrito porque me ha llamado a preocupación el hecho de que personas que tenemos el mismo origen social y nos conocemos desde hace muuuuuchos años, desde niños, o nos desarrollamos juntos, ahora resulta que, al parecer, se han dejado contaminar por los vicios de la sociedad actual que muy poco valora la amistad, y para quien el afecto tiene, en algunos segmentos, un componente económico.

5.- Aunque el estado de descomposición que predomina en la sociedad dominicana de hoy es tan fuerte que quiebra hasta el acero, me resisto a creer que un amigo o amiga de mi generación se deje resquebrajar su conciencia, su forma de proceder, por los vicios que genera este medio social achacoso.

6.- A mis amistades de ayer, les tengo un espacio especial en mi corazón, pero esta distinción no me impide comprobar la realidad de hoy; sé que el sistema que predomina en mi país debilita hasta las voluntades más férreas, y las convicciones más finamente cultivadas. Pero la amistad adquirida en el fragor de la vida diaria, una amistad de antaño, no puede caer en la fragilidad.

7.- La camaradería de antes era encantadora, la simpatía se advertía en el trato, primaba la cordialidad; manteníamos comunicaciones gozosas, celebramos las cosas más baladíes, no se percibía ningún recelo; la confianza nos unificaba, la entrega mutua nos identificaba sin temor ni sospecha. Desconocíamos la malicia.

8.- Conocí la dedicación al amigo, la plena confianza, la creencia en la palabra proveniente de él; me daba seguridad su persona; la esperanza firme para creer en lo que me decía me generaba tranquilidad; no había espacio para la desconfianza, la duda ni el titubeo de creer en lo que me decía.

9.- Una amistad que nace en la niñez, la comunicación diaria en el barrio, en la escuela primaria e intermedia, y se extiende hasta la adultez, está libre de incertidumbre; no hay lugar al titubeo en la conversación ni vacilación en la entrega a confiar el secreto; la decisión es en firme, sin nada de cuestionamiento; no se objeta ni se debate lo que dice el amigo verdadero.

III.- El medio social diluye la amistad

10.- La compenetración entre amigos está resultando agrietada por un mundo que no conoce la amistad cultivada en forma agradable, la trabazón construida con amabilidad y reciprocidad. La simpatía que hace sentir bien a los íntimos se ve empañada por las actitudes intolerantes que genera la obstinación.

11.- Aquellos afectos que se fueron soldando con los años, este medio los diluye; la afinidad sana, la sincera inclinación se daña por las taras sociales; la afición, el apego, la simpatía mutua es devorada por este contaminado ambiente que absorbe hasta las uniones más armoniosas y los enlaces más sólidos.

12.- Resulta penoso que el medio social contribuya a que amigos de años y años se pierdan, porque se desorientan al ser tentados por los vicios sociales; se extravían del camino de la sincera amistad; abandonan la relación de afecto, lealtad y franqueza, malogrando así el cariño, la estima mutua que se había cultivado con el transcurrir del tiempo.

14.- La polución que está en el medio social dominicano es infecciosa, envenena hasta la amistad más antigua y pura; corrompe, pervierte sanas relaciones; emponzoña sembrando odio para crear discordancia entre amigos queridos y unidos por lazos históricos.

15.- El falsario abunda en la sociedad dominicana actual; está educado, preparado para mentir; su norma de vida es ser artero, impostor y mixtificado por convicción. El falseador es un ser humano dañado que contagia con su sola presencia; su infección es pegadiza.

16.- Nos estamos moviendo en un ambiente dominado por la falsedad, la hipocresía y la falacia. Lamentablemente hemos sido testigos de que amigos que creíamos verdaderos han experimentado cambios en su conducta, en el sentido de la amistad, se han dejado penetrar por la falsía.

17.- Un país como el nuestro, estropeado moralmente, genera segmentos sociales nocivos, perniciosos, en los cuales surgen amigos en quienes no se puede confiar, porque perjudican, menoscaban hasta con su saludo. En la medida que el sistema se hace más dañoso, surgen aparentes amigos que lesionan con un proceder que hace estragos.

18.- El deterioro del medio social dominicano ha hecho posible que en las relaciones de amistad se haya producido, para mal, una metamorfosis en los sentimientos, conversión que se comprueba por el relajamiento en el trato, el estropeo de la correspondencia, la brusquedad en la intimidad, el roce descortés y la pérdida de la sociabilidad afectuosa.

IV.- Un razonamiento final

a.-) El ordenamiento social dominicano ha de ser cambiado para que renazca el sentido de amistad que hoy está intoxicado por la carencia de lealtad, la presencia de la depravación, el dominio de la deshonestidad, la proliferación de la perversión y el envilecimiento.

b.-) Ante el debilitamiento cada día más notorio de los lazos de amistad, se hace necesario buscar formas de relaciones que la fortalezcan; la vigoricen haciéndola más cálida, alegremente calurosa, encendida de ternura; robusta con encendida delicadeza; aislando la brusquedad, la aspereza y la animosidad.

c.-) Para que la amistad no siga perdiendo aquello que la hace bonita y alegra el alma, conviene que a las amigas y a los amigos puros les demos trato delicado, con abierta suavidad, con palabras cargadas de ternura; hay que eliminar el lenguaje hiriente, los insultos, la grosería y tozudez.

d.-) La amistad agraciada debemos mantenerla como se quiere que sea, linda, sincera y pura; que no se ensucie; que siempre simbolice integridad; quererla alejada de toda maldad, malicia y doblez.

e.-) A los amigos y amigas que no se han contaminado debemos conservarlos como tesoros, finas alhajas; algo así como si fueran hermosas joyas; verlos como parte muy reservada de nuestras vidas, que nos interesa mantenerlos con trato muy exquisito para que esa amistad cada vez se pueda ensanchar más y más, y nunca se extinga.

f.-) En una sociedad enferma como la dominicana no resulta fácil hacer nuevos amigos, porque la superficialidad está predominando: se está haciendo un hábito entrampar con finas palabras que no salen del corazón; la simulación se está manejando como el eje de la amistad; el disimulo es la prenda que adorna al supuesto amigo de hoy.

g.-) Finalmente, en lo que a mí respecta, puedo decir que las amigas y los amigos que me quedan son puros, me siento bien compartiendo con ellos; han probado no ser maleables, ni estar contaminados.

Por Ramón Antonio Veras