El llano sin llamas

Por Manuel Hernández Villeta

En una sociedad democrática  es legítimo el derecho a la protestas pacífica, sin violentar las leyes y las normas constitucionales. Un paro de labores constituye un pulso y una encuesta, y sus efectos pueden ser positivos o negativos.

La historia dominicana señala bien claro que nunca un paro general o parcial  de labores ha logrado verdaderas conquistas. Sin embargo, si han sido fuertes y exitosas  las acciones de  grupos organizados de la sociedad, como médicos, maestros, choferes y otros, que  obligan a satisfacer sus demandas..

Un paro constituye un pulso entre el gobierno y los convocantes. Es una forma de ver el apoyo popular que tienen los organizadores de la protesta, y la fuerza y contundencia con que le responden las autoridades. En esa línea, se mantiene el enfrentamiento permanente, y no hay paso a la concertación.

Un paro se  puede constituir en una encuesta, porque es posible  determinar el poder de convocatoria, y la repulsa de la población a una medida determinada. También la fuente de respaldo que pueda estar a favor del gobierno. En un conglomerado civilizado no debe haber pulso ni encuesta, sino  escuchar la voz del que tiene miedo de hablar.

La concertación y el diálogo son el único camino para eliminar los obstáculos hacia el desarrollo. La tea incendiaria, la quema de gomas, la represión policial, los despidos masivos, el coartar las libertades públicas, no conduce a puerto seguro.

La reciente realización de un paro de labores en la zona Norte del país, en especial en áreas de Santiago, debe mover a la reflexión. Es hora de que se dé pie al entendimiento pacífico, a que las partes envueltas en conflictos se reúnan, y que hagan  el esfuerzo máximo para llegar a entendimientos y soluciones.

El gobierno tiene  la responsabilidad de convocar a un amplio diálogo a todos los sectores que consideran que no son  ideales  las medidas  tomadas en el plano económico. Los convocantes del paro tienen que aceptar sus debilidades y los alcances de su liderazgo.

Es difícil, por no decir imposible, que se dé en el país un paro exitoso si no cuenta con el apoyo de por lo menos uno de los dos principales partidos de oposición. Ese  respaldo a esta protesta fue tímido y se podría decir que el Partido de la Liberación Dominicana y la Fuerza del Pueblo le dieron las espaldas.

Pero la fragilidad de esta convocatoria no deja de ser una chispa que está tirada en el escenario político y social dominicano y si no es apagada a tiempo, mediante la concertación y el diálogo, podría ir incendiando la pradera.

Hoy, el llano está sin llamas,  pero hay que rebajar el alto costo de la vida, mejorar la política de pleno empleo y crear las bases de una mayor seguridad ciudadana. La convivencia y la paz se alimentan del diálogo y saber escuchar las voces dispersas que protestan. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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