El hombre de bien es prudente, decidido y respeta hasta sus enemigos

Por Dario Nin viernes 15 de mayo, 2020
Aunque usted no sea religioso, cristiano o judío, es muy probable que por cultura haya oído decir que “David era un hombre conforme al corazón de Dios”.

David era un hombre que actuaba como a Dios le agrada. Todo según la sentencia que Samuel le profetizó a Saúl, una vez que éste no tuvo la paciencia para esperarle, pues sin tener las facultades ofreció holocausto, siendo esta acción exclusiva del sacerdote.

David estuvo muy lejos de ser un hombre perfecto, pero, aun así, era un hombre cuya forma o marera de ser agradaba a Dios.

David fue fiel al rey Saúl, aun cuando éste cosechando bien de parte de David, deseaba darle muerte por el ego instaurado en su corazón desde las proclamas de las mujeres israelitas de que Saúl mató mil y David sus diez mil.

David quien fue ganancia para el reinado de Saúl y para todo Israel; por el ego manifestado en celos por parte de Saúl   tuvo que escapar de la muerte que se exhibía en las manos del Rey. Escapó a dos intentos de muerte con lanzas, a dos persecuciones mientras estaba en su casa, a dos persecuciones en el desierto y sabe Dios, a cuantas más.

Pero en él había un sólo pensamiento, ser fiel a Dios y no atentar nunca contra su ungido, que sin duda era su enemigo sin razón ni motivos reales, el rey Saúl.

¿Cómo demostró David ser un hombre de bien, prudente y respetuoso?  Lo de ser un hombre de bien, lo demostró desde el primer momento, desde que tocaba el arpa para tranquilizar al Rey de su depresión profunda.

Lo demostró cuando honraba a su padre con el cuido de las ovejas o al ir al campo de batalla para llevar las encomiendas al rey y a sus hermanos. Esto, lo colma cuando mientras todo un ejército temió a un solo hombre, (el Gigante Goliat), éste lo desafía basado en la confianza en Dios y en las habilidades desarrolladas.

David demostró ser prudente, cuando antes de embarcarse en desafiar a Goliat, pregunto sobre él, sabía a quién se enfrentaba, preguntó por   lo que conllevaría enfrentarse a él o sea, procuró enterarse del porque lucharía y cuales sus recompensas.

Lo demostró cuando rechaza las armaduras que le ofreció el Rey, aun viviendo del rey, pues no podía con ellas, en él sería un obstáculo pues no tenía la experiencia en poseerlas  ni se sentía cómodo con dicha protección.

Pero aún más, en la fragua de la persecución, instado por sus hombres para que aproveche unas circunstancias favorables y diera muerte a Saúl que estaba en sus manos, decide no hacerlo en las ocasiones que pudo darle muerte segura y sin riesgos inmediatos para él.

No había dudas sobre que Saúl fue el enemigo más poderoso que tuvo David hasta ese momento, pero David no le temía;  lo respetaba por lo que representaba y aunque sabendo que el rey seria él, si Saúl desaparecía no aceleró su muerte. Tuvo la suficiente paciencia para esperar el momento que Dios le tenía reservado para ser proclamado.

El respeto de David a sus enemigos, se manifestó una vez más cuando un soldado le llevó la corona del Rey Saúl después que éste lo encontrara medio muerto y le ayudara a morir dando el golpe final.

En vez de premiar que había matado al rey para llevarle la corona, la recompensa recibida fue que mandó a ejecutar al soldado que asistió a Saúl para que terminara de morir

Lo mismo hizo con los bandoleros Recab y Baná que habían matado cobardemente mientras dormía, al rey Isboset (de quien eran de confianza) hijo de Saúl a quien Abner decidió proclamar rey de las once tribus de Israel con excepción de Judá que fue la que proclamó a David.

También cuando su enemigo Abner le fue a visitar para proponer un pacto para entregarle a Israel, muy probablemente sabiendo lo que podía tejer, lo dejó ir en paz y la recriminación que le hizo a sus posteriores ejecutores.

Sin dudas, David fue hombre que actuó como a Dios le agrada, respetó los pacto que hizo, respeto a sus enemigos, no los subestimó nunca, pago como merecían a los traidores cobardes y compensó a los leales.

Si usted al hablar yo así, sobre David, recuerda lo del general Urías y su esposa, Betsabe;  ya le dije que no era perfecto y por eso   David pagó un gran precio.

Como David fue un hombre conforme al Corazón de Dios, hoy podemos saber si en estos tiempos esos hombres existen y una manera de saberlo es observar si son de bien, prudentes y respetuosos aun de sus propios enemigos.

No deseamos hombres perfectos, nos contentamos con que sean prudentes decididos y respetuosos. Así serán conforme al corazón de Dios.

Hasta la próxima.

Por  Darío Nin.

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