El Gran Soberano a Cuco Valoy

Por Nélsido Herasme miércoles 29 de marzo, 2017

La población dominicanas, más que satisfecha, debe sentirse identificada con la entrega del “Gran Soberano”, máximo galardón que la Asociación de Coronistas de Artes (Acroarte) ha hecho a don Cuco Valoy en franco reconocimiento a su larga y prolífica trayectoria musical.

Con el premio a este noble artista celebramos también celebramos los 52 años del son en la República, a quien, además de don Cuco, a su hermano Martín Valoy, quienes juntos le abrieron el apetito y las puertas de par en par a este ritmo, que como parte de la cultura popular, es de todo aquel que le corre sangre latina por las venas, muy propio de nuestra zona caribeña.

Soy de los que entienden que no hay tiempo ni espacio para discutir dónde nació el son como contagioso y melodioso género musical, aunque sí hay que destacar que el etnólogo y antropólogo de Cuba, Fernando Ortiz, investigó y demostró que este es hijo natural del Oriente, donde se encuentran la Sierra Maestra y la ciudad de Santiago y que luego fue transportado a La Habana.

Este cientista también consideró como el primer son conocido al “Ma. Teodora” escrito hacia 1560 por las hermanas Micaela y Teodora Ginés, dos negras libertas originarias del Santiago de República Dominicana

En el año 2015, el son cumplió 50 años y Cuco, Martín y el grupo sonero “Los Ahijados” fueron quienes pusieron a los dominicanos en ambiente, cuando en plena Revolución de Abril de 1965, con “Las Páginas Gloriosas”, tema de conciencia libertaria levantaron la moral de los dominicanos ante las botas del invasor extranjero.

Fue para esa fecha que le propusimos públicamente a los clubes nacionales soneros que en los cincuenta años del este ritmo procedamos a rendir un merecido tributo a don Cuco, a su hermano Martín y a los Ahijados

Tal y como lo hacía en los escenarios soneros nacionales y extranjeros, el ícono del baile José María Guerrero Encarnación (Bonyé) con su inseparable pareja Inocencia Paredes (Chencha), el son es para bailarlo y dibujar con los pies sobre la tierra.

Hay que decir que el son dominicano sigue escribiendo hermosas páginas para la historia, porque más gente se junta a disfrutarlo, por lo tanto en la escena sonera no hay distingo. Profesionales, políticos, militares y extranjeros, obreros y amas de casa al escuchar el son, se levantan a buscar su pareja.

El son, más que un baile de lujo de la República Dominicana, es un estilo de vida.

El, como todo un caballero, vestidos de blanco, con sus pantalones sostenidos por breteles y su sombrero de alas anchas y ella, en tacos y su vestido brillante cubriendo sus rodillas, forman el binomio perfecto en el escenario sonero.

Con las pérdidas irreparables hace un tiempo de Fernando Echavarría, Manolo Minaya, Santiago Cerón, Bartolo Chalas (Bartolito) y el Songo Francis Santana, el son recibió bajas sensibles, pero la fiesta sonera continúa.

 

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