El Gobierno corporativo desde el sector público

Por Laura Virginia Díaz Gómez

Desde hace varios años la figura del Gobierno Corporativo (GC), ha sido protagonista de la mejora en la gestión y control de las sociedades comerciales, instaurando en ellas un conjunto de políticas, normas y órganos internos mediante los cuales se controla y dirige la gestión de dichas personas jurídicas (Cadbury, 1992), lo interesante es que, al margen de que su principal rango de actuación sea el sector privado, las instituciones públicas no están exentas de poder implementar estos parámetros de gestión.

Estructurar nuevos sistemas de organización dentro de la administración pública debe ser uno de los mecanismos para buscar garantizar la eficiencia y la eficacia en la gestión pública, concentrándose en reducir la burocracia (Dent, Gestel & Teelken, 2007). Esta reducción de la burocracia se ve conectada al fin primordial de la Nueva Gestión Pública que trae consigo un abanico de oportunidades para mejorar las relaciones de la administración pública de cara a los ciudadanos, desde una prestación de servicios de calidad dónde las buenas prácticas, la rendición de cuentas y la responsabilidad de los órganos directivos esté detallada, sean los pilares esenciales (Hood, 1991).

Efectivamente, el Gobierno Corporativo puede coadyuvar a crear valor público significativo, de igual manera, podría generar desafíos importantes para las instituciones públicas, tales como: el cambio en la cultura organizacional, requerimientos de conocimiento sobre esta figura en el sector público, identificación de buenas praxis apropiadas a la institución, mecanismos de evaluación, así como la voluntad de implementarlo.

La modernización del sector público ha hecho posible la implementación de mecanismos de control dentro de la administración pública que permiten a su vez establecer nuevos niveles de satisfacción respecto a un modelo ineficiente y desde el punto de vista de la gobernanza, en el cual se visualiza: a) carencia de un mercado competitivo y la consiguiente falta de necesidad de procesos efectivos y eficientes; b) fácil acceso de las entidades a los recursos financieros, lo cual puede generar un manejo erróneo del erario público; c) el respaldo del gobierno a las entidades públicas, lo cual afecta la responsabilidad que en otra circunstancias deberían asumir; d) los períodos políticos y sus cambios, que obligan a las entidades a cambiar sus perspectivas de objetivos y políticas; e) la corrupción que propicia el manejo de los recursos según los interés personales, además de la ineficiencia de los agentes regulatorios para evitar la misma.

La existencia de estos factores que empañan el buen funcionamiento de la administración pública produce una falta de credibilidad, esta configuración de credibilidad solo es concebida de la mano de la participación de los ciudadanos como principales agentes de cambio.

Como hemos planteado, el Gobierno Corporativo tiene como pilar conseguir la eficiencia de la empresa público o privada, es en este aspecto que podemos vislumbrar varios elementos de esta figura que pueden contribuir al funcionamiento del sector público, entre los cuales podemos analizar: 1) liderazgo y compromiso de los órganos de gobierno; 2) rendición de cuentas; 3) transparencia.

Para crear un sistema de Gobierno Corporativo, la organización del consejo, comités directivos u órgano equivalente, ejecutivos o funcionarios, las unidades de control interno, las gerencias o direcciones, los usuarios, proveedores y demás entes que conforman la institución, deben concebir con claridad las responsabilidades que asumen y el compromiso que existe con la sociedad desde cada una de sus funciones y obligaciones. El concordar una estructura de gobierno bien definida, no garantiza el buen funcionamiento de los órganos de gobierno si los miembros que los integran desconocen sus responsabilidades; y, además, no se les obliga a que rindan cuentas sobre su gestión. Una incorrecta selección de miembros para los órganos de gobierno puede ocasionar varios problemas, entre los cuales evidentemente se encuentra el incumplimiento de sus deberes. Por ello, la definición de un buen perfil para la integración de los órganos, debe los conocimientos, experiencia y las cualidades de las personas, así como los estrictos lineamientos éticos y de conducta que se espera que sigan dentro de la entidad.

En cuanto al elemento de la rendición de cuentas, es imperante definir quién o quiénes son los responsables, por qué es o son responsables, de qué es o son responsables y cuándo es o son responsables. La falta de estos criterios amenaza el cumplimiento de los objetivos organizacionales. Cuando la rendición de cuentas es adecuada se conocen las funciones de cada uno de los miembros y se optimiza la respuesta ante cualquier contingencia.

El Gobierno Corporativo se ha convertido en una estrategia para proveer incentivos, proteger los intereses públicos que administra cada institución, monitorear la creación de valor y garantizar un uso eficiente de los recursos; lo que fomenta las transparencias de la información y la rendición de cuentas. En los países que han comenzado a utilizar esta figura dentro de las instituciones públicas, han optado por reforzar sus modelos de control interno, a través códigos, reglamentos, protocolos, procedimientos, estándares, políticas, lineamientos, entre otros contratos explícitos o implícitos. Dichos mecanismos se orientan a definir y limitar la acción individual a fin de alcanzar los resultados planificados. De esta manera, los modelos, mecanismos y sistemas de control, son parte del control corporativo, dimensión del gobierno corporativo.

Ese control del Gobierno Corporativo, el cual se ha abordado anteriormente, que está directamente relacionado con la transparencia y manejo de la información, en todos sus aspectos constituye el elemento más importante que debería tener el sector público en todo país. La falta de claridad en la información debilita la confianza en las entidades públicas. Mostrar como se obtienen los recursos, el gasto de estos y la administración de las operaciones, demuestra que las entidades públicas son fiables, responsables y con una buena gobernabilidad, y además ofrecen una óptima imagen pública.

Podemos inferir que, que el Gobierno Corporativo no es una receta que pueda aplicarse para todas las instituciones públicas y en todo contexto de igual manera. Son más bien un conjunto de buenas prácticas que dependen de una serie de condiciones propias de cada institución, como la estructura, los objetivos, el tamaño, entre otras. Sin embargo, esas prácticas implementadas por una institución pueden conformar un marco de referencia para otras instituciones públicas, con el fin de aportar a la generación de sus propios valores públicos.

El adoptar estas praxis que generan valor público del gobierno corporativo tiene una influencia positiva sobre el desempeño de las instituciones. Entre ellas: a) Reducir la probabilidad de materialización de riesgos como fraudes por corrupción que lesionen el patrimonio público; b) Aumentar la confianza de los usuarios u otros actores de interés interesado; C) Fortalecer la responsabilidad de los funcionarios y directores de las instituciones; D) Aumenta la reputación, credibilidad, y la capacidad de dar mejores servicios; E) Mejorar los procesos de toma de decisiones en los niveles más altos: F) Mejorar el entorno y la cultura del sistema de control interno de gestión integral de riesgos; G) Reducir el costo del capital para las instituciones; H) Formalizar y estandarizar las políticas de gobierno corporativo: manuales, código, políticas y directrices; I) Mejorar el desempeño de los funcionarios y la relación con los directivos; J) Fomentar la transparencia, la rendición de cuentas y divulgación de la información; K) Garantizar la sostenibilidad de cada institución.

En conclusión, entre los elementos que han propiciado la inserción del gobierno corporativo en las instituciones públicas y empresas a nivel global ha sido con el objetivo de mejorar su reputación y el valor de brindar a los ciudadanos sus servicios, aplicando de esta manera las normas y mejores prácticas de esta figura.

 

Por Laura Virginia Díaz Gómez

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