El globo de ensayo…

Por viernes 12 de agosto, 2016

Hace poco escribí un artículo que titulé “El choque inevitable” para poner en perspectiva un viejo y latente conflicto que a leguas se veía venir: empresarios versus actores políticos, matizado por unos roles contrapuestos –y derrotas políticas-electorales- en donde políticos y empresarios luchan por espacios de poder, acumulación rápida de capitales y la impostura –para gobernar y co-gobernar- de unos fenómenos globales (redes sociales, avances científicos-tecnológicos, transparencia pública, gendarmería de órganos y organismos internacionales –FMI-CIDH-AI-, entre otros- conflictos geopolíticos, terrorismo-estado –como EI-, redefinición del viejo paradigma de partidos políticos, exigencia de reformas, la Educación como centro e indicador de desarrollo y de agendas supranacionales emanadas de los centros del poder mundial). En otras palabras, que la vieja concepción-praxis de los empresarios y de los poderes fácticos respecto de dejar y de “entender” el ejercicio –o gerencia- de la política y de los poderes públicos a los políticos vía sus “aparatos” y movimientos, ha quedado rota.

A simple vista, por dos razones básicas: 1) porque muchos políticos se metieron -¿o se hicieron?- a empresarios (y que nadie me pregunte cómo o por cuál vía consiguieron la plata, pues tampoco muchos –o la mayoría- de los empresarios sabrían explicar el embrión-genealógico de sus fortunas); y 2) porque descubrieron que, aparte de sus capitales, hay otros –disponibles- de agencias extranjeras (o vamos a decirlo por su nombre: de gobiernos extranjeros) que además de esos capitales les facilitarían –para armar-diseñar su plataforma política-electoral- a sus vagones o buques insignias nacionales: ONGs, intelectuales-tecnócratas –algunos otrora izquierdistas- y periodistas (todos políticos de la “secreta”, si no, échenle una miradita a su accionar político-mediático en la recién pasada campaña política-electoral mayo-15, ¡estaban casi todos con la oposición: Abinader-PRM!, y cuando no, y finalizado el proceso –alegando fraude y que ochocuántos-, terminaron juntos: Abinader-Moreno-Minou-Aquino y Chochueca).

Sin embargo, el meollo del asunto fue –y es- que, por mucho tiempo, los actores políticos –pero sobretodo sus líderes permisivos- gastaron demasiado tiempo en glotonería de poder, acumulación rápida o espontánea de riquezas, monopolizando sus “aparatos” políticos sin ningún referente de democracia interna, y, lo que fue peor, sumándose, en la práctica, a la despótica, conservadora, tramposa y anti-ética técnica de poder que diseñó-regenteó el Dr. Joaquín Balaguer. Lógicamente, los empresarios (y la oligarquía parasitaria) no estuvieron al margen del beneficio ni de la dinámica de ese esquema –de dominación y control político-electoral- balagueriano como tampoco del que sus herederos políticos –con sus matices y variantes- han ensayado a sus anchas y sin disimulo.

Ahora bien, habría que examinar –y sobre todo las cúpulas y los líderes de los “partidos políticos” tradicionales- hasta dónde ese viraje de los empresarios y sus socios (nacionales y supranacionales), coyunturales o no, no se convierte -de cara al 2020 o al 2024- en una verdadera amenaza política-electoral (a partir de la derrota de Abinader y del ensayo-plan piloto Collado) y deviene, con garras suficientes, para destronarlo –de los poderes públicos- y mandarlo al zafacón de la historia vía un proceso político-electoral atípico -de relevo del poder- si partimos del referente: Venezuela (con Hugo Chávez), Ecuador (con Correa) y Bolivia (con Evo).

A mi modo de ver, el desafío o epitafio es claro: o los partidos políticos tradicionales (llámese: PLD, PRD, PRM, PRSC, y los partiduchos-ventorrillos de izquierda-derecha), pero sobre todo, sus líderes-caudillos, fomentan la democracia interna en sus organizaciones y empujan, sin dilación de tiempo ni subterfugios baladíes, los cambios y las reformas que los ciudadanos y las sociedades están demandando y que son: transparencia pública, rendición de cuentas, calidad educativa, eficientes servicios públicos, lucha sin cuartel contra la corrupción pública y privada e implementación de políticas públicas integrales, entonces, sobrevivirán; pero si no, serán suplantados-barridos por empresarios políticos, o en el peor de los casos, por alcahuetes directos de la llamada “sociedad civil” (casi toda financiada por agencias extranjeras y que nadie sabe de asamblea eleccionaria-democrática en donde escogen sus líderes-tecnócratas) llámese: ONGs, intelectuales frustrados –otrora izquierdistas-, pseudos-periodistas “hacedores de opinión pública” (¡mentiras!: oposición política) o Roba la Gallina (político folclórico) tipo Guillermo Moreno, Max Puig o, el diputado-senador fallido, Pedro Catrain.

Por supuesto, tal desafío no se conjura con conferencias, charlas, ni talleres sobre principios doctrinarios-filosóficos en procura de formación política, cimientos histórico-sociológicos de las sociedades democráticas o fenómenos internacionales (en todo caso, golpes en el pecho o naderías académicas de evasión y poesía), sino, fomentando democracia interna, alentando, motivando y facilitando los liderazgos políticos –de calificación, trayectoria y méritos- en ciernes (no por nepotismo, lambonería o tráfico de influencia ), y sobre todo –y cuando un partido está en el poder- realizando cambios y reformas (el PLD, vía sus gobiernos, ha realizado algunas), y pensando –no desde el interés político-coyuntural-, sino a corto, mediano y largo plazo.

De esos líderes y “partidos políticos” tradicionales –lo pongo entre comillas porque está en veremos si todavía lo son-, dependerá que, “Iniciativa por la Institucionalidad Democrática”, Manifiesto por la “Democrática”, “Acción por la Justicia y la Seguridad”, o la madre-inspiración de todas ellas: el proyecto de “Acción de la Sociedad Civil y la Justicia” (financiado por una agencia extranjera) termine imponiendo una de dos: a) a un empresario en el poder o, en su defecto, a un Roba la Gallina (tal como lo he definido –otras veces y ahora- con nombre y apellido); o b) su objetivo menor: la instalación en el país de un tutelaje –supranacional-técnico-“independiente”- como la CICI (un órgano –dizque “estrictamente técnico”- “Contra la Impunidad” pero que en la práctica implica que un país y sus instituciones no pueden ser garantes de la aplicación de sus leyes, de los limites de los poderes públicos, de la fiscalización efectiva de los recursos públicos ni mucho menos de prácticas de transparencia pública ni de un código de ética pública con su correlato de sanciones o de apertura de procesos judiciales).

O tal vez –como ya escribí en el citado artículo del primer párrafo-, el asunto-objetivo no llega a tanto y lo que se procura, con esas “loables iniciativas ciudadanas”, es unos cuantos miembros-peones en las llamadas altas cortes. El tiempo dirá.

Pero finalmente –y esto debe fijárselo, en su disco duro, toda la clase política, el éxito de todas esas “loables iniciativas ciudadanas” –de empresarios y vagones de agencias extranjeras (ONGs y sus intelectuales-periodistas-técnicos orgánicos también asalariados-financiados)-, dependerá de que los actores políticos nacionales y sus “aparatos”, pero sobre todo, sus líderes-caudillos, entiendan que, en sus praxis política y el ejercicio del poder, no es con más Balaguer, sino con más Bosch –en el enfoque de la agenda social-, con más Mujica –desmitificando y humanizando el poder- y, por supuesto, con más Mandela –priorizando las instituciones y no los hombres-. Eso sí –insistimos-reiteramos-, en el ejercicio, ¡diario!, de la actividad política y del poder. ¿Quién se anima?

Por Fco. S. Cruz

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