El general no tiene quien le escriba 

Por José Rafael Vargas C.

“Estoy pobre porque no he querido robar. Otro me ven desde lo alto de sus carruajes tirados por frisones, pero me ven con vergüenza. Yo los veo desde lo alto de mi honradez y de mi legítimo orgullo”.

Ignacio Manuel Altamirano.

 

El incorruptible Frank Serpico; aquel policía de Nueva York que enfrentó con agallas su departamento por haber incurrido en corrupción. En su momento, representó la excepción policial, y muchos se enfurecían por su rigidez, luego, el tiempo y la justicia le otorgaron la razón. Entendía, que hacer lo correcto debía ser la norma, y así fue. Como podemos observar, el reto de ese momento para la justicia y la sociedad estadounidense era enfrentar la disyuntiva, entre un entramado de corrupción y sus sectores cómplices o reivindicar la moral a través de la imagen del agente policial, Serpico. Estaba en juego, el flagelo institucional y la imagen, sin embargo, entre un paño tibio para el presente o curar de raíz el problema, decidieron por el camino difícil, siendo esta, una de las acciones por la que hoy caer en corrupción en la policía de ese país, es infrecuente.

Al desembarcar en nuestra tierra, observamos también dos repúblicas paralelas que se debaten arduamente hacia la meta social deseada; el trayecto de una se destaca con gran ahínco, la otra, con gran desafío, pues su camino conlleva atravesar un valle lleno de espinas, en pleno sol del día. Como vemos, “el silencio de la moral es cuasi obligatorio, al ver la inmoralidad pasearse con gran jaleo y contentura”.

Así también, el silencio de muchos medios convencionales ante el cambalache social, quizás delate su complicidad o su poco interés. Los llamados “influencers’’, son excluido de este tema por carecer de objetivos y propósitos razonables. Como notamos, la moral se está quedando en mute, el camino difícil debe también enfrentar no tener interlocutores que infieran en su situación. Sería vital y necesario por el porvenir de una sociedad justa y vestida de valores, realizar un sermón de adviento actualizado, por aquellos que no tienen voz, y juntos, no importa cuantos, gritar en el desierto contra la corriente mayoritaria de aquello que callan los medios masivos y las redes sociales, pues sino, la excepción será para los pocos honrados que queden.

 

Hace unos días, en un popular programa de radio, escuché una denuncia de la hija de un general retirado. Esta, indignada y atónita, manifestó que la pensión de su padre no permitía ni siquiera cubrir el inicio del tratamiento de cáncer que sufre, otra cosa que nos llamó la atención, fue lo que expresó luego, cito; “si mi padre hubiese incurrido en corrupción, quizás no estaríamos en esta situación, pues mientras muchos que ensuciaron sus manos, hoy están limpios y llenos de lujos, mi padre, por elegir el camino limpio y correcto, no tiene para sostener tan siquiera lo básico, su salud.”

Este ejemplo muestra que la puerta hacia al camino incorrecto está cada vez más ancha, mientras rompe en el alma, ver encogerse la puerta de los que intentan salir adelante sin mancharse.

 

Todo dominicano, sabedor del sacrificio, que valora cada chele y cada amanecer, conoce el perfil de las personas que en este país pueden pagar 7,000 dólares por escuchar a un bachatero muy afamado; la incongruencia no es de farándula sino social, pues, es libre la apreciación del mercado y quienes pueden pagarlo, lo triste es que, hasta el día de hoy, el general no tiene quien le escriba.

Por  José Rafael Vargas

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