El futuro del trabajo

Por Pablo Vicente martes 12 de febrero, 2019

El tema relacionado al futuro del trabajo inunda las redes sociales y es  uno de los términos más buscados en Google. Todos hablamos de los peligros de la automatización, de la inteligencia artificial y de cómo los avances tecnológicos podrían eliminar un porcentaje importante de los empleos que conocemos hoy en día. Por eso hoy, los gobiernos también se están empezando a hacer la siguiente pregunta: ¿cómo podemos preparar a nuestros países para un futuro incierto de profundos cambios en el mercado laboral? ¿Qué medida tenemos que tomar hoy para para que ese impacto sea de manera positiva en el mañana?

En ese contexto resulta interesante el estudio que recientemente el  Banco Interamericano de Desarrollo (BID) dio a conocer, denominado El futuro del trabajo en América Latina y el Caribe, en dicho estudio se pretende dar respuesta a preguntas que del algunas maneras todos en algún momentos nos hemos hechos: ¿Acabarán los robots con nuestros trabajos? ¿Cuáles serán las profesiones más exitosas en el mercado laboral del mañana? ¿Cómo nos afectará la cuarta revolución industrial?

El estudio en cuestión destaca que Hay dos grandes tendencias subyacentes que van a impactar el futuro del trabajo en el mundo y en América Latina y el Caribe: el tsunami tecnológico y el envejecimiento poblacional.

Tecnología y demografía son dos tendencias radicalmente diferentes. La primera tiene un gran impacto mediático y, aunque sucede en tiempo real, sus efectos son todavía muy inciertos. A menudo, los avances tecnológicos pueden estar impregnados de un cierto grado de asombro y optimismo sobre la capacidad humana de progresar, aunque también pueden observarse como una amenaza para la propia humanidad. Por el contrario, el envejecimiento ocurre de manera gradual y está avanzando más rápido de lo normal.

El informe en cuestión destaca que sigilosamente, sin estridencias y sin primeras páginas en los diarios, el mundo envejece y América Latina y el Caribe sucede más rápido que otras regiones. Aunque parece que lo hace muy poco a poco, en realidad, está ocurriendo a gran velocidad en términos demográficos.

Por otro lado, señala el estudio que aunque existe el mito de que vivimos en una región joven, la realidad es que la fuerza laboral de América Latina y el Caribe está envejeciendo más rápido que el resto del mundo. Países como Nicaragua, México o Chile verán cómo en solo dos décadas el porcentaje de los adultos pasa del 10% al 20% de la población total.

Por lo que para determinar cómo será el mercado laboral del mañana dependerá de cómo actuemos en el presente los trabajadores, empresas y Estados.

De acuerdo al estudio se debe tener claro que  República Dominicana necesitará aproximadamente 282 mil maestros, 42 mil médicos y 103 mil enfermeros para el año 2040. Datos interesantes del estudio plantean que en los últimos 40 años, el número de maestros, médicos y enfermeros en América Latina y el Caribe se ha cuadruplicado, los empleos en educación y salud son empleos de buena calidad, especialmente para las mujeres.

Una tercera parte de los maestros que habrá dentro de 15 años en la región, y casi dos terceras partes de los médicos y enfermeros, son personas que todavía no han empezado su vida laboral.

Una prioridad para triunfar en la era de los robots es que nuestros países inviertan más en su capital humano. Para ello, es necesario mejorar las habilidades de la población, impulsando su aprendizaje más allá de la escuela y orientando a su talento hacia las nuevas oportunidades que brinda la tecnología.

Es preciso repensar el Estado del Bienestar, adaptando nuestros sistemas de seguridad social por lo que es una prioridad para triunfar en la era de los robots es que nuestros países inviertan más en su capital humano.

Desaprovechar esta revolución por no habernos preparado para enfrentarla es el mayor riesgo que corre la región. La buena noticia es que, aunque todavía existen grandes desafíos en materia laboral y de seguridad social, la tímida adopción de tecnología nos da un poco más de tiempo para apostar por las políticas correctas. Solo así podremos entrar con buen pie en el futuro del trabajo y garantizar un modelo de desarrollo económico con oportunidades para todos.

 

Por Pablo Vicente

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