El futuro de la OTAN

Por Esmirna Paredes

A casi un año de su llegada al poder, el presidente Joe Biden ha tomado importantes decisiones a nivel internacional. Después de una exitosa cumbre G7 y el lanzamiento de un plan de infraestructuras similar a la Franja y la Ruta de la Seda china, ha decidido retirar las tropas de Afganistán junto a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), lo cual ha traído consecuencias negativas a la imagen internacional no solo de los Estados Unidos, sino de todo el bloque occidental.

Sin embargo, un mes después de los sucesos en Afganistán, el gigante del norte restablece su orden imperial y esta vez firmando el pacto AUKUS (por sus siglas en inglés), una alianza militar de defensa junto a Gran Bretaña y Australia, con la finalidad de contrarrestar la pujanza de China en la región del Índico y del Pacífico. Esto ha conllevado que Canberra anuncie la compra de submarinos nucleares de fabricación estadounidense, excluyendo a Francia del contrato celebrado hace seis años.

La marginación no solo afecta a París sino a toda la Unión Europea, y esto hace reflexionar dada la importancia geopolítica que representa esta nueva alianza. Además, la AUKUS fue anunciada el mismo día que el viejo continente reveló su propia visión estratégica para la región Indo-Pacífica. Al parecer, a Washington se le ha olvidado por segunda vez consultar a sus aliados. En vista de los acontecimientos surge, espontánea, la pregunta acerca de qué tipo de relación desea tener Estados Unidos con este bloque.

Por otro lado, la República Popular China ha declarado que este acuerdo socava la paz y la estabilidad regional, intensificando la carrera armamentística y debilitando los esfuerzos internacionales para frenar el incremento de armas nucleares. De hecho, dado que Australia contará con dichos submarinos, llamará la atención de otros países que querrán seguir sus pasos para no quedarse atrás. Todo esto representa un peligro no solo para esta zona, sino para el mundo entero, dado que esta es la región donde los Estados Unidos y China se han citado para disputarse la primacía global.

Todo indica que el equilibrio de poder se movió del Océano Atlántico al Pacífico y que Occidente ha dejado de ser el centro del mundo. En este sentido, el jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, ha afirmado que el Indo-Pacífico se está convirtiendo en “el centro de gravedad mundial”, tanto en términos geoeconómicos como geopolíticos y que el futuro se escribirá allí. Refiriéndose a la decisión unilateral de los Estados Unidos ha dicho que representa una nueva prueba de que la UE debe existir por sí misma, ya que los otros existen por sí mismos. Toda esta situación viene a crear un descontento del cual Pekín y Moscú podrían beneficiarse.

Actualmente se observan dos importantes decisiones puestas en acto por la gran potencia norteamericana: retirar las tropas de Afganistán, abandonando la lucha contra el terrorismo, y acercarse al Mar de China Meridional, el cual es tan estratégico para el dragón asiático como lo es el Mar Caribe para los Estados Unidos. Al parecer, el objetivo principal que persigue Washington ya no es el terrorismo, sino más bien frenar el auge de China como potencia.

En estas dos importantes decisiones ha tomado poco en cuenta a sus aliados tradicionales, por lo tanto, la interrogante a este punto es cuál será el rol que desempeñará la Unión Europea en esta nueva reconfiguración mundial y si la Alianza Transatlántica logrará perseguir sus beneficios sin desintegrarse.

Hasta el momento se vislumbra una toma de decisiones de manera unilateral por parte de los Estados Unidos, actuando de manera poco diplomática tanto en el fondo como en las formas.

Por Esmirna Paredes

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