El fantasma de Trujillo

Por Manuel Hernández Villeta miércoles 27 de mayo, 2020

Trujillo es el gran fantasma de la sociedad dominicana. Nadie lo quiere sepultar. Todos los analizan una vez cada año por las ramas, por encima del fino polvo, pero no se van a una mirada a fondo,  a la podredumbre que revela la historia, la que permita comprender ese fenómeno.

Trujillo fue decapitado como persona, pero sus métodos y su forma de gobierno se han entronizado en la sociedad dominicana. El caudillismo, el autoritarismo, el exceso de las autoridades, la corrupción, el abuso de poder. Todo lo que mantuvo a Trujillo en el poder,  hoy es la página principal de la cartilla.

Trujillo fue ajusticiado por algunos de sus colaboradores y cercanos en desavenencia con el régimen. Cierto, fue una acción heroica y los dominicanos les debemos un reconocimiento permanente a los que se sacrificaron para matar al sátrapa.

Pero había  que seguir profundizando  en su aura de poder, para erradicar el trujillismo de la vida dominicana. Por el contrario, el borrón y cuenta nueva permitió que las principales figuras de la dictadura se renovaran hasta que murieron de vejez, o todavía están en el medio.

En una coyuntura determinada el borrón y cuenta nueva permitió que Juan Bosch consiguiera la suficiente cantidad de votos para ganar las elecciones, pero ese misma confluencia social propiciaría luego el Golpe de Estado. En la campaña, Bosch les  abrió puertas a los simpatizantes de Trujillo, pero no concertó con ellos desde el poder.

Nadie depuró  a la sociedad que dejó Trujillo. Un claro ejemplo es la revolución de abril, fue llevada a cabo por las fuerzas armadas creadas por Trujillo y que en ese momento no habían sido tocado. Es la lucha por el retorno a la Constitución sin elecciones que provoca la escisión de los organismos armados. Pasó también con el Golpe de Estado a Juan Bosch,

Trujillo fue la respuesta a una coyuntura donde los norteamericanos buscaban dejar un hombre de mano fuerte en el gobierno del país. Eran los momentos más atormentadores de la lucha que ya se vislumbraba entre grupos que buscaban cambios sociales, y el capital tradicional.

Sin el apoyo norteamericano, y de la iglesia católica, Trujillo hubiera sido un gobernante efímero. Lo que eterniza a Trujillo es que los anteriores presidentes  o caudillo eran de manigua, o de castas sociales tradicionales, pero sin férreo apoyo internacional.

Trujillo crea una sociedad a su idea y semejanza, la cual es totalmente del agrado de los norteamericanos y de una iglesia católica que en esa parte del siglo 20 ejercía total dominio sobre las decisiones nacionales. Si a Trujillo no se le analiza a fondo, siempre nos perseguirán sus demonios.

La libertad y la independencia han costado ríos de sangre al país y nunca más volverá a  surgir un dictador de este ropaje, porque las coyunturas han cambio y los pueblos mejor mueren antes que tener  los grilletes de la esclavitud. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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