El Estado Dominicano comienza a sentirse en el Exterior

Por Rolando Robles

Los cónsules, a la luz de los acuerdos firmados en 1961 en Viena, son funcionarios que actúan como agentes comerciales de un Estado ante otro Estado anfitrión. Mas luego, en 1963, se ratificaron tales acuerdos y además, se le concedieron (a los cónsules) las prerrogativas contempladas para los embajadores, en materia de exenciones fiscales y de inmunidades personales. De manera que, aunque no sean diplomáticos de hecho, se comportan como tales y en función de esa realidad, los Consulados y Embajadas se convierten en un pedacito de nuestro país dentro de Estados Unidos.

 

Cuando además de sus funciones propias de “Representante del Estado dominicano”, el Cónsul de la Gran Manzana se compenetra con la comunidad residente en las áreas de su demarcación y se envuelve en la solución de sus quehaceres diarios, ayudando a enfrentar -en la medida de sus posibilidades- las situaciones difíciles de su gente, en ese momento el Cónsul se convierte en un “Embajador de la Dominicanidad”, actuando como una extensión del Poder Ejecutivo nacional.

 

Este razonamiento es lo único que permite explicar el hecho único de que el Consejo Universitario de la mas vieja casa de estudio en América se traslade hasta Nueva York para reconocer el trabajo realizado por un simple y humilde funcionario que desborda los límites ordinarios de su puesto para extender la mano amiga y responsable del Estado dominicano hasta los que vivimos fuera, y hacernos sentir que ciertamente, ha llegado el Cambio para todos, no importa donde vivamos.

 

La misma Rectora Magnifica Doctora Emma Polanco Melo, es de por sí una muestra anticipada de que vientos renovadores soplan en Quisqueya y que el rumbo del país se ha rectificado, permitiendo corregir las grandes y tradicionales injusticias, al tiempo que se sientan las bases para un futuro mas promisorio, tal y como lo soñaran los padres fundadores de nuestra nación.

Los absurdos históricos se corrigen con perseverancia y voluntad política y doña Emma, la maestra de treinta años de ejercicio, se dispuso a enmendar ese dislate que nos llegó con Cristóbal Colón hace más cinco siglos. De esto quería hablar en público y desde mi tribuna particular “Pensamientos Propios”, con la profesora Emma, pero no se pudo y no fue por su culpa. Parece que circunstancias especiales no le permitieron a su equipo de prensa distinguir la paja del trigo en eso de la comunicación efectiva en New York City.

 

Pues les cuento: en el estamento militar dominicano, misógino por naturaleza y forzada lógica, las mujeres ni siquiera eran admitidas en sus filas y no es sino hasta hace unos pocos, lustros cuando podemos ver que alguna fémina alcanzó el rango de “General”, un botón que muestra el subdesarrollo que nos arropa como nación.

 

Por otro lado, la educación dominicana siempre ha estado encabezada por una mujer, de hecho, creo que todos fuimos alfabetizados por una dama prestante, de indefinida edad pero, de muy grata recordación. La “Señorita Trina”, ya anciana, me condujo por los maravillosos vericuetos del libro Mantilla, donde logré conectarme con el hábito de leer. Eran los años iniciales de la década de los 50’s en la polémica Era de Trujillo, mi familia vivía en San Francisco de Macorís, en la antigua “calle ancha”.

 

Comparando estos dos casos, las Fuerzas Armadas y la Universidad del Estado, observamos que a las mujeres les resultó más fácil llegar a los altos mandos militares, que a la dirección de la mas vieja universidad de América. Y eso me habla con claridad del “calibre de mujer” de doña Emma Polanco Melo, doctora en Economía (otra de las disciplinas vetadas a las damas) y Rectora Magnífica de la UASD, mi Alma Mater.

 

De sus luchas y sus derrotas, de sus triunfos y sus metas, de sus aprehensiones y sus satisfacciones personales, de eso quería hablar con la Maestra Emma; pero no pude. ¡Cuánto lo siento!

 

Sin embargo, mi maestra favorita doctora Polanco, a la que no tuve oportunidad de disfrutar “a la distancia que el pupitre permite”, paradójicamente una generación más joven que yo y superada solo por doña Trina, la “señorita Ramón” y Pablo Martínez en mi imaginario personal, vino a Nueva York por un motivo mas altruista y puro. Vino a reconocer el mérito ajeno, y eso la engrandece y complementa.

 

Mover una representación del Consejo Universitario para testimoniar los esfuerzos del cónsul Eligio Jáquez, a fin de que los dominicanos que emigramos y dejamos trunca la carrera universitaria iniciada años antes, pudiéramos terminarla si el caso lo permitía, es un esfuerzo loable por su significado y trascendencia; especialmente en esta nueva etapa de reencuentro del Estado con la comunidad residente en el exterior que inaugura el presidente Luis Abinader y que fielmente ejecuta su representante en el estado de Nueva York y sus alrededores.

 

¡Loor a la Rectora Magnífica Doctora Emma Polanco y al honorable Cónsul

Eligio Jáquez por su correcta interpretación del pensamiento político del Presidente Luis Abinader!

 

 

¡Vivimos, seguiremos disparando!

 

POR ROLANDO ROBLES

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