El Energúmeno Jair Bolsonaro

Por Francisco Rafael Guzmán martes 13 de agosto, 2019

El actual presidente de Brasil está prestando la atención a las proyecciones de los candidatos del peronismo para las elecciones argentinas, las cuales se celebrarán en el próximo octubre. Según sondeos Alberto Fernández -candidato a la presidencia por el peronismo-, a quien le acompañaría la ex-presidenta Cristina Fernández como candidata a la vice-presidencia, cuenta con más del 47 % de las preferencias. Le llevaría una ventaja de poco más de 15 puntos a la candidatura de Mauricio Macri, actual mandatario argentino.

¿Cuál es la preocupación del actual presidente de Brasil, el cual parece un engendro de satán? El éxodo de migrantes de la Argentina a Brasil, según lo dice y está reseñado en el Nuevo Diario del 12 de agosto del 2019, y según la reseña Bolsonaro rememora el éxodo de los venezolanos con la crisis que enfrenta Maduro. Entonces, parece que quien escribiera el Informe Lugano no se ha equivocado. ¿Cuál es la preocupación de la clase burguesa de los países desarrollados (entre los cuales no se podría dejar fuera a Brasil con el polo de desarrollo industrial que representa Sao Paulo para América Latina)? Mantener un nivel de vida privilegiado para los miembros de ella como clase.

Parece que con la explosión demográfica expresada en un gran aumento de la población, el agotamiento de los recursos naturales, las amenazas de destrucción de los ecosistemas y el calentamiento del planeta eso no es posible a largo plazo, sin una poda de la población con la provocación de enfermedades y muertes por el uso de drogas, la esterilización de una parte de las mujeres y las intoxicaciones medicamentosas. Debe haber un control de la natalidad, porque los recursos del planeta conocen límites, pero no de modo compulsivo y satisfacción de los privilegios de un grupo reducido sino dentro del contexto de una sociedad más justa e igualitaria.

Ahora bien,  sectores  de la clase dominante en los diferentes países, en medio de la globalización a la cual no se opone dicha clase en su totalidad, trata de hallar soluciones locales. Especialmente los representantes de esta clase que encabezan gobiernos conservadores políticamente hablando. El caso de Bolsonaro es uno de ellos, como también lo es Donald Trump. Creen ambos que cerrando fronteras a los migrantes, pueden encontrar solución al “peligro” de que los ricos no tengan tantos privilegios como los han tenido. Aparentemente no están opuesto al libre comercio y la globalización, pero en realidad asumen algunas medidas que van en contra de lo que son fenómenos propios de la globalización: Las migraciones masivas de personas principalmente desde países menos desarrollados hacia países menos desarrollados, en busca de trabajo, huyendo de la indigencia o pobreza absoluta, como se dan hoy día.

Tal vez Bolsonaro habla así porque quiere ser un Hitler en Suramérica y ser el un camarada  de credo ideológico de Donald Trump. Entonces, las ideologías no han muerto. En realidad, Bolsonaro parece que es un técnico del rifle al servicio de la burguesía más opulenta de su país, pero es un ignaro que no razona mucho y por eso está inmerso en la explotación irracional de la Selva Amazónica por el capital privado, para devastar a ese principal pulmón del mundo que no es sólo para Brasil, ya que no le importa la deforestación, la erosión de los suelos y el azolvamiento de las cuencas fluviales. En su caso, la visión funcional del Estado no es la de un leviatán para frenan los instintos egoístas de los seres humanos, más bien es la del Estado que es un monstruo para preservar los instintos egoístas de un grupo humano muy privilegiado: la clase burguesa brasileña o el grupo más privilegiado dentro de ella. Devastar la Selva Amazónica sin importar el después sería la meta de ese grupo de privilegiados en Brasil; la Selva Amazónica no es propiedad de los brasileños, sino que es un patrimonio de toda la humanidad.

Argentina no es una nación subdesarrollada cualquiera en América Latina, es la segunda economía de La Región, después de Brasil. Pudo haber llegado a ser una gran potencia primero que Brasil, con los recursos que contaba en el pasado, casi competía con los Estados Unidos. Las grandes obras de infraestructuras que Perón construyó fueron muy suntuosas en su momento, pudiendo haber desarrollado más la industria para ser una gran potencia; es el caso de la calle 9 de Julio de la capital argentina que es la más ancha del mundo, el Centro Astronómico que tiene ese país.

Que no sueñe Bolsonaro, ya que para furher él no da, aunque no deseamos que haya furher.  Hitler, en su libro: Mi Lucha, decía que los enclenques, ni los endebles y ni lo que adolecían  de lasitud no podían ser furher. Bolsonaro parece un endeble o parecen adolecer de lasitud. Afortunadamente, porque América Latina y el mundo entero no se merece un Hitler o un Mussolini, no tendremos un Bolsonaro con las dimensiones de un liderazgo internacional, capaz de amenazar la paz en todo el continente y el mundo. El estado de conciencia social de todos los pueblos del continente no va a permitir eso, aunque las élites económicas y políticas así lo quieran, aunque cuenten con el apoyo del Grupo de Lima no pasarán.

Donald Trump, de quien es pupilo Bolsonaro, después de tanto predicar la xenofobia y el rechazo a los migrantes se echa para atrás y a raíz de lo ocurrido en El Paso del Estado de Texas y en Ohio se pronuncia en contra del odio y dice que las dos masacres fueron producto del odio. Lo que debiera decir es que son producto del mercado de las armas, pero no lo dice porque él defiende los intereses de la industria de armamentos y lo evidenció en su campaña.

Por Francisco Rafael Guzmán F.

Anuncios

Comenta