El efecto Pedro Botello

Por Nelson Encarnación

El pasado 27 de febrero, con ocasión de la presentación de memorias ante el Congreso Nacional a cargo del presidente de la República, el Gobierno se vio en la necesidad de persuadir al diputado Pedro Botello, quien amenazaba con montar un espectáculo frente al palacio legislativo, siguiendo su ya desfasada lucha por el desembolso del 30% de los fondos de pensiones para los trabajadores.

La idea era reunir a manifestantes en las inmediaciones de la edificación más representativa del poder popular para deslucir la ceremonia protocolaria encabezada por el presidente Luis Abinader, de modo que delegados del Gobierno tuvieron que reunirse con él para hacerle desistir de tal tremendismo.

Es decir, que puede afirmarse que, de alguna manera, el diputado por La Romana logró mediante un evidente chantaje, la atención del Gobierno que, si bien no se ha traducido en el logro de su objetivo, por lo menos consiguió que se le tenga como un interlocutor con quien hay que negociar.

Se ha sabido que Botello se propone su misma acción el 16 de agosto cuando se llevarán a cabo las ceremonias de elección e instalación de los cuerpos directivos de ambas cámaras, al mismo tiempo el inicio de la legislatura correspondiente.

Si bien en esta ocasión no asistirán el jefe del Estado ni dignatarios, por la razón de que la presencia del presidente de la República el 16 de agosto solo ocurre una vez cada cuatro años para la investidura, de todos modos, el diputado reformista no quiere desaprovechar el interés mediático del Congreso ese día, para darse su baño de tremendismo.

Esta circunstancia hace presumir que el Gobierno no caerá, en esta ocasión, en el chantaje de Botello, tomándose en cuenta que no estaría en sus predios, aunque no se descarta que pudiera lograr que se le escuche de nuevo.

Dije antes que la lucha de Botello está desfasada, pues el momento cumbre para el éxito de la misma lo fue en el punto más elevado de la pandemia, es decir, al momento del cierre casi total del país a partir de marzo de 2020.

Para entonces, la corriente de opinión favorable se extendía en el liderazgo nacional—político y social—y solo faltaba un poquito de voluntad del pasado Gobierno.

Sin embargo, esa voluntad se expresó para el Gobierno echar manos a 40,000 millones de pesos de los fondos de pensiones mediante una triangulación a través del Banco Central, supuestamente para emprender “proyectos de inversión pública”, los que, como había de esperarse, nunca aparecieron.

Ahora, en las actuales circunstancias de reactivación económica paulatina, el “efecto Pedro Botello” no tiene efecto. Y el Gobierno lo sabe. Simple majadería.

Por Nelson Encarnación

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