El Domingo de Ramos revive la entrada de Jesús entre palmas en Guatemala

Por EFE domingo 25 de marzo, 2018

EL NUEVO DIARIO, GUATEMALA.- “Ahí viene Jesús”, exclaman dos señoras agarradas del brazo. Al fondo, decenas de guatemaltecos de la aldea San Felipe de Jesús, incluidos los doce apóstoles, escoltan a Jesús Nazareno, que entre palmas y rezos ha vuelto a vivir.

Apenas amanece y la gente se va conglomerando a la salida de la iglesia. El atrio está lleno. Los alrededores suenan a bullicio y recogimiento; huelen a atol, café y panitos, y lucen verdes y morados, con los ramitos de palma.

Aura ha venido con toda su familia. Su esposo y sus cinco hijos. Hace años que la procesión en vivo del Domingo de Ramos en la aldea San Felipe de Jesús, la única con burro en la ciudad colonial La Antigua, es una tradición en su casa.

“¿De aquí sale? ¿Cuándo?”, le pregunta a Aura uno de sus hijos escondido detrás de un gorro rojo. La devoción y el fervor se continúa viviendo generación tras generación en este pueblo católico.

Desde la década de los 60, cuenta a Efe Luis Humberto Gaitán, se realiza esta procesión, que empezó como una representación teatral y terminó como una romería en vivo de la entrada de Jesús en Jerusalén y de la liturgia de la palabra que evoca la Pasión del Señor en el Evangelio de San Mateo.

“Con el paso del tiempo se fue cambiando. Se acortó el camino, por ejemplo”, recuerda este hombre canoso, que vino por primera vez con su padre con 4 años y que cargó su primera anda procesional con 10, allá por 1962.

Aún lo recuerda como si fuera hoy, parece que el tiempo no ha pasado por su mente. Su idea, y la de estas hermandades de San Felipe de Jesús que han mantenido viva esta usanza con acervo, es continuar: “Queremos no perder esta tradición de hacerlo en vivo. Las instituciones no pasan, pero la gente sí”.

El niño de 11 años que lo acompaña, Luis Felipe Javier, es un ejemplo de que sí hay futuro. Desde pequeño asiste a esta procesión en vivo y espera ser, algún día, uno de los doce apóstoles que acompañen a Jesús, pues supone su “bienvenida” a la hermandad como un nuevo miembro.

Luis Humberto gira la cabeza. Ya terminó la homilía y está a punto de salir la procesión. Los doce apóstoles se colocan a los costados en la entrada del templo y el burro -que orina ante los asistentes previo a iniciar la travesía-, se ubica en el centro, junto con Jesús.

Tras una breve oración empieza un recorrido de más de tres horas a pie por algunas de las aldeas más cercanas, en las que se revive la Pasión de Jesús, con representaciones improvisadas durante este recorrido engalanado con música y pólvora.

“Bendito sea el que viene en el nombre del señor”, grita Judas, mientras dos niños tocan los tambores y un par de mujeres lanzan pétalos de flores al paso de la comitiva con entusiasmo y pasión.

Y es que la Semana Santa en San Felipe es “vivir”.

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