El “divertido” y costoso juego de la guerra

Por Alejandro A. Tagliavini miércoles 18 de septiembre, 2019

Los políticos se divierten con la guerra, pelean unos contra otros y todos contra todos según sople el viento, gastan fortunas, y las masas los siguen como en el Coliseo romano cuando tiraban cristianos a las fieras.

Veamos, lo cierto es que el terrorismo busca aterrorizar ya que el miedo paraliza y las personas reaccionan primitivamente, sin razonar, sacando ventajas los terroristas que así pueden ganar. Las especies animales están destinadas a desaparecer más tarde o más temprano, es ley del universo, porque no pueden superar sus instintos básicos: por caso, toda acción dispara una reacción inversa, toda violencia, es respondida violentamente y terminan desapareciendo.

Salvo el hombre cuya razón le permite saber que hay modos de sobrevivir superando a la violencia. Pero no siempre…

Atemorizados, muchos han creído que el modo de terminar con el terrorismo es con violencia “defensiva”. Después de los atentados del 11-S, se creía que la solución era eliminar a Bin Laden, pero lo asesinaron y los terroristas recrudecieron. Cada vez que se intenta combatir al mal con violencia, recrudece: el terrorismo no es un grupo de personas eliminables sino causas profundas, precisamente, alimentadas por la violencia, que deben corregirse.

La “defensa” violenta enardece a las víctimas inocentes, cercena libertades y aumenta el gasto estatal. Cuando habría que hacer lo opuesto, promover la eliminación de la coacción estatal como las leyes del salario mínimo que impiden que trabajen los que ganarían menos, y los impuestos que los empresarios derivan hacía abajo -bajando salarios o aumentando precios- creando miseria y marginación, excelente caldo de cultivo para suicidas y terroristas.

En Arabia Saudí, donde gobierna una tiranía fanática que decapita personas por supuestos delitos, las mujeres son esclavas y desde allí es de donde salieron más fondos para el fanatismo islámico y para financiar mezquitas en Occidente. Wikileaks reveló un cable de Hillary Clinton que dice que “ha sido un continuo reto convencer a sus funcionarios para que aborden la financiación terrorista que emana de Arabia Saudí”. Por cierto, 15 de los 19 secuestradores que se estrellaron contra las Gemelas eran saudíes.

Pero Trump es aliado de los saudíes -EE.UU. vende a los árabes más de US$ 40.000 millones anuales en armas- y amenaza a Irán por los recientes ataques a la petrolera saudí. Aunque, seguramente no irá a la guerra, de hecho, quiere salir de Afganistán al punto de cometer la inmoralidad de invitar a su casa a los terroristas: “los… líderes talibanes… iban a reunirse conmigo en secreto… en Camp David”, twitteó Trump, que luego canceló la reunión y las negociaciones de paz.

En Afganistán, desde que el brutal régimen Talibán fue derrocado, hubo progresos gracias a una mayor libertad individual, pero pocos que podrían haberse logrado sin guerras y, en cambio, el costo fue elevadísimo. Durante 18 años, EE.UU. gastó unos US$ 900 mil millones casi el triple de lo que produce toda la República Argentina en un año y murieron más de 147.000 personas y los talibanes, que cada vez están más seguros de volver al poder, y ya controlan la mitad del país.

Así como la poderosa tiranía estalinista sucumbió, finalmente con la caída del muro de Berlín, con métodos pacíficos puede acabarse con los talibanes, empezando por no apoyar a sus históricos sostenedores, los saudíes.

Por Alejandro A. Tagliavini

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