El dilema de la deuda externa 2

Por Guillermo A. Rivera R. miércoles 13 de enero, 2021

Cuando era miembro del Directorio Ejecutivo del Banco Mundial, uno de los temas que más me apasionaba era el tema de la deuda externa. Esto
así debido a que quienes en el Banco llevaban el registro de la deuda, siempre me presionaban para tener al día el monto de la misma.

Somos de la opinión que desde que el expresidente Nixon eliminó el Patrón Oro, las monedas se convirtieron en inorgánicas y en ese sentido
creemos que nuestro país debe seguir las políticas aplicadas por la Reserva Federal y el Banco Central Europeo en tratar de financiar con
cierta cautela la pandemia.

A este respecto, el gobierno no se debe sorprender que aparezcan críticos a esa decisión, sobre todo aquellos que
no poseen una formación académica de economía. Quiéralo o no el crecimiento de la economía no será elevado como pretende el gobierno y
habrá inflación por las debilidades de la oferta.

Deseamos aclarar que hasta el día de hoy se puede considerar que nuestro gobierno ha demostrado buena voluntad en erradicar los
problemas acuciantes con la adopción de medidas de combate al flagelo de la corrupción. No obstante, debe llevar a cabo una política
conservadora con relación a la política de endeudamiento externo.

No es verdad, que los países a nivel mundial han abarrotado los mercados
financieros en busca de lograr préstamos, para financiar la pandemia. Lo que se ha hecho es utilizar los recursos de la Reserva Federal y del Banco
Central Europeo y en nuestro país sería conveniente utilizar una parte de las Reservas Internacionales depositada en el Banco Central.

Nuestro propósito es defender el interés y la soberanía nacionales, las reivindicaciones populares, y analizar temas trascendentales. La deuda
externa siempre ha sido uno de los ejes de la economía y las políticas nacionales.

Hasta hoy no se ha estudiado a través de nuestra historia y no ha sido considerada como el hilo conductor, para explicar que ocurrió
realmente.

La deuda externa es una preocupación histórica desde el primer préstamo a finales de los 1800. Es una fuente inagotable de transferencias de
ingresos hacia los acreedores. Del mismo modo, gravita con fuerza en el presupuesto nacional, determina la política económica como fue el caso
del período de 1982-1986 durante la administración del presidente Salvador Jorge Blanco.

En ese período, las condicionalidades que impuso el Fondo Monetario Internacional, reflejan los requerimientos del establishment local y debido a
que el Banco Central boicoteó la facilidad ampliada que habíamos logrado con el FMI con gradualidad en las condicionalidades, hubo disturbios
considerables donde fallecieron miles de ciudadanos En nuestra historia, siempre se han confrontado aquellos que defienden el interés nacional y los favorables a la entrega de la soberanía nacional.

Asimismo, la deuda ha sido un instrumento, para la instalación y consolidación de grupos políticos y económicos y a través de ella se ha llevado a cabo una enorme transferencia de ingresos hacia los países acreedores, sobre todo a favor del establishment extranjero ya que la deuda externa está relacionada con la corrupción.

La deuda externa siempre ha sido un instrumento para apoderarse de las riquezas nacionales, de imponer políticas y de dominar por parte de grupos
políticos y económicos. Por ejemplo, una operación de préstamo que consiste en utilizar el ahorro externo para fines de desarrollo nacional, en
la realidad es siempre una especulación financiera que va en detrimento del país debido a que condiciona su política, consolida a los gobernantes y
los enriquece junto a los especuladores extranjeros y nacionales.

No cabe duda la vinculación entre el poder político y la deuda externa.

A este respecto, cabe señalar que durante el período de 1982-84, el Banco Central decidió transferir la deuda externa del sector privado y la convirtió
en deuda pública, beneficiando de esa manera a ese sector. Esto es un acto que es condenable en cualquier justicia a nivel mundial.

En nuestra historia, nuestros grupos hegemónicos internos se mantienen vinculados o subordinados a la potencia extranjera predominante. La
deuda externa es utilizada, para regular o extorsionar esas relaciones.
En otros casos, se prestan para promover golpes de estado como fue el caso del derrocamiento del Profesor Juan Bosch, con el propósito de compartir

gobiernos y negocios. Otra forma de intervención se refiere a los golpes de mercado, en los que interviene directamente el poder financiero mediante
la aprobación o negación de préstamos externos.

Por otra parte, el mecanismo utilizado es inflar la deuda a montos tales que no se puede pagar, como fue el caso reciente de los US$50 mil millones
prestados al gobierno argentino de Mauricio Macri.

De manera que se crea la necesidad de seguir recibiendo préstamos, para cancelar los intereses y
se necesita cumplir con la política que imponen los acreedores.

Estos acuerdos se reflejan en los programas Stand-by con el FMI que no desembolsa si no se cumplen.
Hay que obedecer, así de simple, los requerimientos, para que el FMI utilice la deuda externa como el principal objetivo de su influencia sobre los
países.

Habría que tomar en consideración, que esa influencia se refleja en no sólo por el monto que presta directamente, sino porque su luz verde
es un requisito fundamental para tener acceso a otros préstamos o inversiones externas.

Continuar aumentando la deuda externa, se debe tomar en cuenta que dichos aumentos pueden provocar salidas de capitales. Es decir, pagamos
para endeudarnos contrayendo una deuda y en lugar de recibir los fondos ponemos el dinero encima de la mesa. La evasión de capitales puede
constituirse en un grave problema.

Por Guillermo A. Rivera R.

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