El diálogo: muy frío……

Por Manuel Hernández Villeta

El diálogo nacional no es un ejercicio académico, ni tribuna de  alambicadas elocuencias y ponencias subjetivas. Se va al diálogo buscando salidas armoniosas y consensuadas a la situación que vive el país. Cualquier otra variante es inaceptable y fuera de lugar.

Para unos la ruta del diálogo debe estar entre la burocracia de los organizadores  y una carta de ruta que es movida con sentido académico. Ahí no cabe esa metodología. No se va a un post-grado, ni una escuela de retórica, es buscando salida a la crisis nacional.

Nada se gana con una metodología exhaustiva de trabajo, si los partidos políticos y las organizaciones comunitarias no se ponen de acuerdo. Lo único aceptable  es que se debe  pelear para que todos podamos entrar  a la senda del consenso.

Da la impresión de que el único que tiene claro y definido el diálogo es el presidente Luis Abinader. El mandatario hizo la convocatoria y pronunció un discurso para fijar su punto de vista. Apuesta a una reforma constitucional. Sin consenso no podrá lograrlo.

Pero el presidente en solitario no puede adelantar el diálogo. No es un monólogo, todos tienen que dar su opinión, y sobre todo presentar a futuros resultados. No está pasando así, y la sociedad civil juega a demostrar que es  figura  estelar de este encuentro.

Bueno es recordar que todos los diálogos nacionales  anteriores  fracasaron. Muchas fotos, declaraciones y un cierre de abrazos y espumosas, pero luego todo perdido. Tiempo que se lo llevó el viento. Si no se da un salto adelante, aquí todo quedará igual. El consenso diplomático, pero sin  soluciones reales. El pueblo no se  merece esta situación.

Veo a los partidos de oposición esperando el momento oportuno para abandonar el diálogo. Los grupos emergentes están como en una vitrina para vender sus oficios al gobierno. Los sindicalistas sin que nadie los escuche, y para muchos, es una impertinencia hablar del alto costo de la vida.

Para que este diálogo camine, hay que entrar de lleno en soluciones efectivas a la intranquilidad ciudadana, poner freno a la carrera de agiotismo y especulación con los alimentos, las medicinas y los servicios. Hay que hablar de una política de pleno empleo y de convivencia pacífica.

Veo que un viento frío cubre el diálogo. Hay muchas exposiciones que no van al grano del problema. No es desvelar, no es denunciar, es buscar soluciones, plantear alternativas, ver que se puede desarrollar. El fracaso del diálogo, será un lamentable tropezón para el país. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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