El Derrotero de Danilo y sus Acólitos

Por Francisco Rafael Guzmán viernes 4 de octubre, 2019

Los valores morales comenzaron a perderse en el PLD en la coyuntura de las elecciones de 1990, cuando parecía inminente el triunfo de esa agrupación política, previo a ese certamen electoral se notaba la euforia de los peledeistas de que las elecciones serían ganadas por el partido morado y de la estrella amarilla de cinco puntas. Tal euforia era porque se sentían que estaban en el umbral del poder. En realidad, la mística peledeista se estaba perdiendo, ya que no pocos estaban pensando en disfrutar del poder.

Recuerdo cuando uno de ellos, el cual se contaría entre los cuadros de algún comité intermedio,  hablando sobre las expectativas de triunfo y el eventual ascenso de esa organización, me decía con una sonrisa de cómo sería una vez estando en el poder y de que tendrían que disponer de servicio de seguridad personal en sus residencias. Ese no creía ya y no sigue creyendo ahora en lo de servir al partido para servir al pueblo, si no que el lema servir al partido para servirnos nosotros los peledeistas.

En la coyuntura de 1994  en que el PLD se quedó débil, cuando aparentemente Peña Gómez estaba más fuerte que Balaguer y decían los perredeistas como eslogan de campaña: Peña no es Juan Bosch, si ganó ganó -frase que se la hicieron tragar al líder perredeista Balaguer y sus seguidores con una campaña racista, tal y como me lo dijo el fallecido amigo Heriberto Encarnación recientemente fallecido-, recuerdo cuando un profesor de la UASD que está hoy jubilado y trabaja en la administración pública decía que el PLD para triunfar tenía que hacer amarre que en eso él estaba claro.

Ese profesor lo que quería decir es que había que ponerse de acuerdo con sectores empresariales, con sectores de la burguesía que explota muchas veces de manera despiadada a los trabajadores. Esa persona quería que el PLD cambiara de rumbo y buscara el poder, para él y otros peledeistas disfrutar como minoría del poder ocupando cargos en la administración pública y quizás corromperse, aunque no todo el que ocupa cargos públicos sale con mácula, un ejemplo en tal sentido de dignidad es el Dr. Luis Cheker Ortiz, pero esa persona no parece que pretendiera ser un ejemplo así aunque lo sea.

 

El autor de este artículo recuerda, cuando en una ocasión en que estuvo en las inmediaciones del local nacional del PLD en las elecciones de 1996, luego de la primera vuelta electoral, cuando nadie había ganado y Leonel y Peña quedaron en un empate técnico, pero el último le llevaba varios puntos porcentuales a Leonel, escuchó a una mujer  que se le pudo comparar a la Felipa Gómez  del PRD que salieran a la calle a ganarse los votos de los reformistas. El PLD había crecido tanto, que tenía mucha gente ociosa -muchos de los cuales eran candidatos a ser lúmpenes si no encontraban ingresos laborales o aun teniendo tales ingresos-, aunque ese no fuera el caso de ese mujer que era profesional graduada en una profesión de prestigio.

 

Ahora bien, lo peor parece  que vino después, cuando el PLD decidió dejar ser un partido de cuadro para convertirse en un partido de masas, aunque ya antes la matrícula del PLD había crecido pero no tanto. Un colega, al que no voy a mencionar por su nombre porque no estoy autorizado por él, quien fuera en otros tiempos un cuadro medio de ese partido,  me acaba de enviar un escrito de su autoría que creo que no ha sido publicado. Voy a citar cuatro párrafos de ese escrito, pero sin mencionar el nombre del autor, quien es colega del autor.

 

En el primer párrafo que cito dice: “Dicha situación dio un giro importante, desde mediados de los noventa, concomitantemente con las crisis post -electoral de 1994 –Peña Gómez vs. Balaguer- y el desenlace favorable al PLD, que se resume en el acortamiento de dos años al último período gubernamental reformista y la convocatoria a elecciones presidenciales en 1996, bajo un nuevo esquema de doble vuelta.  Dicha situación, a su vez, propició el ascenso al poder del partido de Bosch; sólo que ahora bajo la conducción de un equipo de relevo generacional, cuyo vocero y estandarte principal –en su condición de candidato presidencial- lo fue el Dr. Leonel Fernández.

 

En el segundo párrafo dice lo siguiente: “En la medida que dicha victoria electoral se produjo sobre la base de una alianza formal con el caudillo reformista, a propósito de la segunda vuelta electoral, -el denominado “Frente Patriótico- el gobierno resultante, el del “nuevo camino”, surgió con una especie de “legitimidad a medias”, que pavimentó la vía para una aplastante victoria del Partido Revolucionario Dominicano, ya muerto su “líder histórico”, tanto en las elecciones legislativas de 1998, como en las presidenciales de 2000, en las que “coronaron”, llevando a Hipólito Mejía al poder, sin necesidad de segunda vuelta, pese a que –realmente- no llegó a sumar el 50% más uno del voto popular, como establecía la nueva Constitución.

 

En los párrafos tercero y cuarto que cito a continuación, dice lo siguiente: “Una de las consecuencias que tuvo para el PLD la derrota sufrida en esas dos  elecciones, además de la pérdida correspondiente del poder, en todos los niveles, fue una especie de “shock”, de trauma, que llevó a la nueva “jerarquía” partidaria, y particularmente, a la “tríada” conformada –además del ex presidente Fernández- por el candidato presidencial “derrotado” –Danilo Medina- y por el principal “estratega” político, -y vocero económico- Temístocles Montás, a plantearse un rediseño de la estructura –y la filosofía política misma- de la organización, como condición indispensable para poder seguir disputando el poder del Estado a la principal maquinaria electoral de entonces: el PRD.

 

“Ciertamente, abandonando la antigua estructura de cuadros, la organización se “abrió” a quienes quisiesen “pasar”, se abolieron los rígidos requerimientos de entrada, vigentes en otras épocas, y el PLD, en poco tiempo, terminó convertido en un partido de masas, con una formidable capacidad de convocatoria, en calidad de fuerza política aglutinadora, la cual puso a prueba, exitosamente, a propósito de las elecciones de 2004, cuando, sobre la base de la reedición del conocido “frente”, derrotó, holgadamente, a un PRD desgastado por la crisis económica, de origen bancario, y por las pugnas a su interior”.

 

Al parecer los grandes responsables en la transformación del PLD de partido de cuadro a partido de masas, según la citada fuente, son Danilo, Leonel y Temístocles. Los demás son agregados o segundones. La base social que Leonel fue agregando al PLD, al aparecer como líder -ante el alzheimer que sufría Juan Bosch en su senectud- influyó en la transformación del PLD, ya que la disciplina partidaria no la tenía la gente del Partido Reformista Social Cristiano que se pasaron al PLD a partir del triunfo de ese partido en el 1996 y ni la tenía la gente de los movimientos sociales como Cambio 96 y otros que se agregaron en la coyuntura de 1996. Leonel, aunque no aparecía como un gran líder en el PLD, ya para 1990 iba mucho a los medios y aparecía como un gran comunicador.

 

Alrededor del liderazgo de Leonel y del Danilo aparecen muchas gentes que nada tienen que ver con el PLD histórico y que nunca pasarán de ser políticos de tercera categoría o politiqueros que han ido al Estado a enriquecerse, por lo menos eso es lo que se evidencia.   ¿Qué político puede ser Ramón Peralta cuando habla de que el gobierno va a llevar 2, 500,000 ciudadanos a votar? Las Peras no se cultivan tan altas, me parece que los perales no pueden cultivar más allá de la altitud media.

Gonzalo, como candidato de Danilo, no merece ni comentario aunque se imponga (cosa que dudo). Al parecer el presidente Danilo que cae en el mutismo porque cuando debe hablar no habla, parece que es muy rencoroso y de que parece tener una inquina contra Leonel que a él le puede perjudicar más que hacerle bien en la política.

La diatriba es el danilismo es el que la tiene contra el leonelismo y la oposición no tiene una oferta atractiva en contra del PLD, vale mejor decir no tiene una agenda para conquistar el poder y para gobernar. La lucha contra la corrupción ni es una agenda ni es un programa de gobierno. El neoliberalismo no es cuestionado por Guillermo Moreno o este no se atreve a cuestionarlo.

Por Francisco Rafael Guzmán F.

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