El deber del ciudadano preocupado por su país

Por Ramón Antonio Veras martes 18 de junio, 2019

   I.- Llevar una vida ajustada a normas que motivan honra

 

1.- Por muy difícil que se presente la situación del país en lo social, económico, ético y moral, no podemos precipitarnos, comportarnos entregados; como si fuéramos una comunidad de mujeres y hombres derribados, que estamos entregados, ya hundidos en la desesperanza.

 

2.- Contrario a como piensan los desalentados y angustiados, debemos confiar en la potencialidad, el aliento y el ánimo de los que son los más, el pueblo, que se mantiene afianzado porque está formado para batallar, resistir y salir vencedor, convirtiendo la complejidad en sencillez y los problemas en soluciones.

 

3.- La realidad nos dice que cada día advertimos más y diferentes fenómenos sociales nocivos que nos llenan de espanto, pero ante esa materialidad no podemos caer en el abatimiento como si ya todo está perdido, que no hay nada que hacer para darle vuelta atrás al ambiente que se nos presenta como desalentador. Hay que poner en nuestras propias manos el destino del país que aspiramos, necesitamos y merecemos. Armados de decisión, aplomo, empuje y suficiencia, de seguro que salimos adelante, olvidando todo lo que sea inseguridad, incredulidad y desesperanza.

 

4.- No debe estar en nosotros echarnos por tierra; sentirnos derrocados; aceptar como bueno estar en estado de abandono y resignados. Estamos obligados a sacar energía para ser triunfadores, estar entonados para todo lo que significa lucha.

 

5.- Bregar para convertirnos en un pueblo libre de las taras que nos deforman, los estigmas que nos reducen y de las lacras que están de por medio; de las tachas que nos hacen ver como entregados a fallas que solo sirven para desacreditar, deshonrar y desprestigiar.

 

6.- Estamos en el deber de comportarnos exhibiendo actuaciones que nos identifiquen como personas correctas, para poder ser exaltados y dignos de alabanzas. El descrédito, los insultos y las ofensas no podemos aceptarlas como normales.

 

7.- Para hacer de nuestra comunidad un conjunto de mujeres y hombres de actuaciones decentes y admirables, necesariamente tenemos que actuar como personas de buen vivir; que sirvan de modelo en conducta; con un estilo de vida merecedor de encomio, de motivación, de sincera ponderación.

 

8.- Una comunidad humana solo es posible gozar de estima, consideración y respeto si lleva una vida ajustada a normas que motivan honra. Prestigio, renombre y reputación solamente adornan a quienes dan demostración de comportarse habitualmente con honradez.

 

II.- Eliminar lo que le daña es un deber del ser humano

 

9.- Siempre es posible cambiar lo negativo por lo positivo; tenemos que confiar en que vamos a salir adelante porque contamos con la potencialidad necesaria para lograrlo; y llegará el momento cuando contemos con el ser humano irreprochable, correcto, cumplido; olvidando al imperfecto, vulgar, insoportable y vicioso.

10.- A los fenómenos sociales negativos que lesionan vivamente la conciencia y logran torcer el pensamiento, hay que hacerle frente, afrontarlos con firmeza, oposición permanente, no dejarle espacio para su función dañina. No hay que rehuir a las situaciones que nos desafían para aniquilarnos y ponernos arrodillados. Con decisión, valentía y tenacidad es posible conquistar lo que está a nuestro alcance.

 

11.- Nunca debemos olvidar que en la vida todo es lucha y estamos obligados a combatir, ser batalladores; mantenernos como consecuentes y coherentes contendientes; presentes en los debates civilizados contra todos aquellos que están aferrados a un presente funesto, y opuestos a que llegue la dicha, lo favorable.

 

12.- Eliminar lo que daña es un deber de las mujeres y los hombres que en cada país se sienten comprometidos con las causas justas, dispuestos siempre a resistir y no ceder, repeler y no aguantar, zapatearse y no rendirse, rechazar y no flaquear, afrontar y no arrastrarse. La desmoralización no debe nunca impedir al ser humano contrarrestar las adversidades, abandonar el escenario sin encarar las dificultades, los contratiempos y las desgracias.

 

13.- Todo aquello que nos lesiona como pueblo laborioso y digno tenemos que enfrentarlo con decisión; y dejarnos de estar compungidos, quejosos, angustiosos y tristes. Estamos obligados a armarnos de felicidad, sin demostrar debilidad, agotamiento ni melancolía. Estar listos, esperanzados, contentos, y dispuestos para triunfar.

 

14.- Corrupción, degradación moral y ética, en fin, la podredumbre social no puede estar por encima de la limpia intención que tenemos de vivir en un país sin lacras; por la capacidad nuestra para preservar y alcanzar los propósitos de vivir en un medio en el cual sea sobresaliente aquel que se eleva por su esfuerzo, y no el pillo que mancilla el calificativo que merece llevar nuestro pueblo de honrado y trabajador.

 

15.- Estamos más comprometidos que nunca a confiar en nosotros mismos, sin mostrarnos atormentados, encolerizados, desequilibrados ni perturbados. Es el momento de demostrar que dominicanos y dominicanas están hechos de un material muy especial, y con las herramientas necesarias para eliminar escollos y superar barreras.

 

16.- Adecentar el medio social del país es primordial, indispensable; algo vital, por lo que promover actuar con honradez es algo básico como pueblo civilizado, y lleno de empuje, nos da bríos para construir un medio social atractivo por la ética de la mayoría de sus habitantes.

 

17.- Nada nos debe amilanar; sentirnos opacados, anonadados ni disminuidos por el hecho de estar moviéndonos en un lugar en el cual las taras sociales han doblegado y condicionado el proceder de amplios sectores que, supeditados a las ambiciones, se han plegado, quedando subyugados por la mercancía dinero, llevándolos a doblar la cerviz por beneficios personales.

 

18.- Conviene mantenernos esperanzados, confiados en que más temprano que tarde aquí va a despuntar, a resaltar el ser humano distinguido por ser honrado; porque se tendrá con alta valoración comportarse de acuerdo como mandan las normas de la decencia. El tiempo está para que una nueva generación dé ejemplo de que es necesaria una conducta que nos identifique dignamente.

 

19.- La confianza que debemos llegar a establecer de un modo de vida destacado por la limpieza de nuestras actuaciones, debe ser algo aceptado, por todos aquellos con quienes compartimos donde vivimos.

20.- Que el desconsuelo jamás sea una espina que nos acompaña por proceder con deshonestidad; la consternación nunca esté en nuestra mente como martirio por accionar dominados por taras sociales, como la corrupción y tachas que desalientan, rompiendo toda aspiración al entusiasmo y la alegría.

 

21.- Esforzarnos por ser ciudadanos y ciudadanas auténticamente honestos, es un aporte de buen vivir que hacemos a lo mejor de la presente y futuras generaciones. La buena fama, el buen criterio es la mejor herencia que vamos a dejar al marcharnos del mundo de los vivos.

 

22.- El dinero no debe llevar a la persona a la degradación, la deshonra y a ser calificada como oprobio social. No ennoblece mantenerse indiferente ante lo vejatorio en una sociedad rebajada por la corruptela.

 

23.- A la juventud dominicana hay que hacerle hincapié que debe abrazar la honradez como suya; clavarse en su conciencia la idea de que la honestidad no es una pose, gesto, fingimiento o consigna, sino una forma de vida que se lleva con naturalidad, espontaneidad y absoluta llaneza.

 

24.- Los mejores dominicanos y dominicanas de hoy están en el deber de vivir con el convencimiento de que el porvenir es de los que sirven de ejemplo en sus actuaciones, por obrar correctamente; operar con honradez; desempeñarse con decoro; hacer de sus realizaciones dechados, muestrarios de pudorosos.

III.- Construir un nuevo país que sea acogedor

 

25.- No debemos seguir viviendo sobre la marcha, como si nada estuviera ocurriendo a nuestro alrededor. Los hombres y mujeres que aquí habitamos somos los responsables de todo lo bueno, pero también de todo lo malo que sucede o puede suceder. Es una irresponsabilidad vivir al margen de las realidades y decir que solo respondemos de lo agradable, de lo que nos eleva como país. Colocarnos como jueces condicionados no cuadra en las personas llamadas a tomar partido en todo lo que ocurre en su medio social.

26.- Cada generación de un país está en el deber de cumplir una función social en la etapa que le corresponde vivir, y no transferirla a las que han de venir. Endosar a otros lo que es de nuestra responsabilidad, no es más que una actitud insensata, ligera y acomodaticia; es actuar conforme su interés personal, como el oportunista que se mueve a su mejor conveniencia.

27.- La actitud ante la vida define a los seres humanos, de donde resulta que nuestro proceder, mientras formemos parte del mundo de los vivos, es el que va a permitir, en el futuro, decidir si nos hemos comportado en cada ocasión como mandan las circunstancias. La coherencia o incoherencia sirve como referencia para la calificación del informe final de nuestra existencia.

28.- No cuadra en una dominicana o un dominicano preocupado por el bien de su país asumir una actitud contemplativa; contentarse con señalar los males sociales sin accionar para erradicarlos. Aceptar la fea realidad sin preocuparse por cambiarla, no es más que hacerse el desentendido; no revelarse contra lo que estamos obligados a eliminar por nocivo.

29.- La ciudadana o el ciudadano que en el fondo de su alma no está de acuerdo con el estado de deterioro ético, moral y social que nos encontramos, y se comporta anónimo, furtivo y velado, está descalificado para solo de palabra impugnar el statu quo, porque no se cambia la materialidad que nos afecta recurriendo a politiquería, chismografía, santurronería, habladurías y lamentaciones.

30.- El país que merecemos no va a ser el resultado de un accionar politiquero ejecutado por grupos insaciables, hipócritas y moralmente inhabilitados, sino que será la obra maravillosa construida con amor y la sana voluntad de los que aquí están en política por convicciones arraigadas y principios sólidos formados en el duro batallar político y social.

31.- Las personas dominadas por nobles sentimientos, son las que deben estar al frente de los procesos sociales, con la participación activa de las masas populares que en todo el curso de la historia han hecho posible las transformaciones que han cambiado para bien la vida material y espiritual de la especie humana.

32.- Nuestro deseo de construir un nuevo país que sea acogedor, placentero y hospitalario, es posible con el concurso de los que aquí creen en el accionar político basado en principios éticos y morales. Solamente aquellos que van a la brega política en procura del bien de la comunidad humana están en condiciones de luchar por la instauración de un ordenamiento económico justo, libre de privilegios y de las taras que lesionan la buena formación para vivir en armonía.

 

Por: Ramón Antonio Veras

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