“El Culto a la Personalidad”

Por Manuel Cruz lunes 7 de octubre, 2019

Si me tocara buscar el origen del culto a la personalidad partiendo de la psicología intrínseca del individuo, afirmaría sin temor a equivocarme que este tiene su génesis en el nacimiento mismo del hombre. Sin embargo, desde una perspectiva objetiva hay que partir del exordio del Estado como medio de organización social, económica y política iniciado en los antiguos Estados esclavistas de oriente hasta llegar a nuestros días; evidenciándose los vestigios más profusos en el antiguo Imperio Romano, en la URSS de Stalin, en la Alemania Nazi de Hitler y en la República Dominicana de Trujillo al igual que en muchos otros de Hispanoamérica.

Además, el culto a la personalidad es la condición más abyecta que poseen las moscas que han rodeado a todos los presidentes e individuos que detentan lo que el pueblo llano llama poder “nombramientos”. A través de los siglos han caído de rodillas hoy con uno y mañana con otros en busca del favor político ignorando por completo; el concepto de la palabra dignidad. No menos cierto es también, que la adulación solo puede crecer y reproducirse en el terreno fértil del exaltado junto a ese derroche de megalomanía que le adorna, gracias a que el mismo logró superar el anonimato político, social o económico. Motivo por el cual, reafirma su ego y se sobredimensiona así mismo ya que abandonó la cotidianidad del hombre común.

Los Magister en Lisonjería.

Bien pudiera creerse que la actividad del lisonjismo es la herramienta y arma de un plebeyo. Empero, esta en la mayoría de los casos obedece a necesidades bien definidas y emanadas de emisores bien instruidos y de atiborrados profesionales; como fueron los casos de Nikita Kruschev, Joaquín Balaguer y muchos otros, las que fueron analizadas por Lazar Pistrak en “El Gran Táctico” en el caso de Kruschev. La adulación del siglo XXI es tan nauseabunda, oprobiosa y tiralevitas que son cientos de miles de títulos universitarios, especialidades, maestrías y hasta doctorados tirados en el cementerio del olvido o adornando paredes gracias al genuflexismo político o adulaciones monetarias y laborales.

De igual forma, hoy que ya desaparecieron los faraones egipcios, los monarcas, los emperadores romanos y la mayoría de las dictaduras del siglo XX donde muchos de ellos llegaron al extremo de confundir sus vejámenes con la voluntad divina de Dios, encajando a la perfección en las teorías Freudianas del “Ello, Yo y el Superyó”. Por eso, los adulones no han encontrado lastre alguno y han hecho una metamorfosis de los conceptos de presidentes por príncipes, líder de líderes y todas las barbaridades más que les llegan a sus minúsculos cerebros trepadores. Con el agravante, de que hoy hasta los ministros, directores o simples servidores públicos también son vistos como perínclitos. ¡Nada más descabellado!

El Genuflexo Dominicano.

Si llegara a existir un ciudadano tan sui géneris en el mundo con la capacidad para bufonear un polígrafo a la hora de defender sus intereses; sin duda alguna, ese es el dominicano. Acreedor empírico de una multiculturalidad que utiliza como estratagema de sobrevivencia para adaptarse fuera de su hábitat cual si fuera un anfibio. Esa audacia endógena le ha conducido a crear una coraza para vivir y sacar ventajas en escenarios hostiles y, a desarrollar aptitudes singulares que frecuentemente lo convierten en el descendiente inequívoco de Joseph Fouché. Toda vez que, está convencido en ser merecedor de todo lo que anhela o en su defecto; premiado con algo de lo que rodea ese deseo.

Desde esa perspectiva, desde Guacanagarix hasta nuestros días el dominicano es la máxima representación del “Pelotillerismo” y un irrefutable modelo de la Anatomía del Poder de Galbraith”. Por consiguiente, la gran mayoría repiten las mismas historias con cualquiera que sea inquilino del palacio presidencial o administrador de alguna nómina; en la búsqueda de ser premiados como actores principales o detrás de un Oscar como actores secundarios de las técnicas filosóficas del genuflexismo. Fruto de ello, solo nos queda preguntarnos. ¿Qué le habrá hecho más daño al país ésta estela de políticos megalómanos que tenemos, o sus lambones coléricos seguidores de un nombramiento, de un sándwich o un pica pollo?

Autor: Lic. Manuel Cruz (M.Sc.)

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