El COVID-19 en chowfan para comerlo en gajitos

Por Carlos Martínez Márquez lunes 20 de abril, 2020

‘’Hice una prueba de existencialismo. Deje todas las respuestas en blanco y saque un diez’’. Woody Allen  

Teddy Pendergrass, una de las voces más prodigiosas del R&B (rythm and blue) nacido en la localidad de kingstree, ubicada en el sur de Carolina, Estados Unidos. Fue considerado la voz más sexy  en Philadelphia y una gran legión que le seguía. Alcanzo notoriedad en la década de los años setenta, cuando se integró a la agrupación de Harold Melvin and the Blue Notes. Su voz que alcanzaba los registros de barítono, lo hizo merecedor de ser galardonado con cinco discos platino de manera consecutiva. Hoy día sigo deleitándome con sus canciones, y es uno de mis favoritos en su género.

Desde un rincón de mi escritorio observo con claridad todo en cuanto transcurre en los entornos del residencial, y el color de la hiedra, adherida a la pared de fondo, que copiosamente se une a los árboles que sobresalen de los jardines del templo de los mormones; me aproximo a los dinteles de mi ventana y veo un diminuto nidal de pajarillos que abrazan el color alegórico de primavera, me doy una tregua y  retorno al teclado de mi computadora mientras degusto el café matutino acostumbrado y la música de fondo que suelo escuchar para nutrir las neuronas que me aportan altas dosis cognitivas para el manejo neurolingüístico que hace conexión con el sentir estructural de lo que pienso y siento.

La introspección, la canalizo, como mecanismo de disuasión respecto al covid-19, me ha sido útil para elevar mi estado de conciencia y poner en práctica mi arrojo y audacia para el desafío que el endemoniado virus nos pone a prueba. Por vez primera, veo muy de cerca lo que es una pandemia, lo que antes solía ver en cortos cinematográficos ya hoy es una realidad.

Nada me asombra en la vida, la perversidad del hombre trasciende lo irracional del ser, y más aún cuando somos seres extraordinarios en materia de inteligencia aplicada a los métodos científicos, las matemáticas, química e ingeniería , física cuántica y otras categorías de la ciencia de la que hoy día, la humanidad disfruta.

De que nos ha servido haber llegado a este pleno siglo 21? Llegamos hasta acá para destruirnos entre sí? Con que fin? Tiene sentido todo lo que el hombre ha sido capaz de construir con sus manos para luego destruir de manera simple con sus pies?   La naturaleza ha sido expuesta de mil formas por la obsesión del hombre sembrar el mal, en lugar del bienestar para la humanidad. La sed de poder es otra característica sin sentido que prohíja el hombre, su carencia de humildad lo reduce a polvo que luego el viento erosionara y lo remitirá al pasado sin una historia que destaque su bondad.

El covid-19 es un juego de Nintendo de que alguien se quiere autoproclamar de ser el ‘’chapulín colorado’’. Alguien ha estado detrás de este experimento enfermizo para manipular la fragilidad del ser humano. El miedo es más pánico que pandémico, y ha sido la materia prima para el éxito de la propagación.

Están jugando a ‘’no contaban con mi astucia’’ y el cuento del murciélago solo les sirve como fabula antropológica sin mérito alguno como caso de estudio. Gracias a la divina providencia que solo consumo lo necesario para mi estabilidad física y evolutiva. No hago del chowfan parte de mi canasta alimenticia, sugiero que al virus debemos cortarle la corona como a la serpiente su cabeza. Pero no dejo de reconocer que la china me encanta comerlas en ‘’gajitos’’.

La vida es una canción que vale la pena cantar [‘’life is a song worth singing’’]; la carrera artística de Pendergrass se vio suspendida tras accidentarse de manera violenta mientras conducía su coche, quedando con parálisis desde la parte superior de su torso a las extremidades inferiores, pese a sus limitaciones, continuo su carrera artística hasta retirarse en el 2007. Murió de un fallo respiratorio en enero del 2010. La vida es simple, tan frágil como porcelana que tras caer… no vuelve a ser igual. El daño físico y psicológico que provocaron con el covid-19 solo el tiempo lo repara. Aquellos que crearon el pánico no están exentos de nada, las circunstancias de la vida les pasara factura por igual.

Por: Carlos Martínez Márquez

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