El coronavirus y la nueva sociedad.

Por Carlos McCoy sábado 18 de abril, 2020

Así como el atentado a las llamadas torres gemelas, nos cambió la percepción de seguridad y nos ha obligado hasta a quitarnos los zapatos para abordar un avión, el coronavirus nos va a cambiar muchas de nuestras costumbres y tradiciones.

La más popular, por lo menos en occidente, pues los orientales por milenios se saludan con una inclinación de cabeza, será la de los abrazos y besos en la mejilla.

Ya algunos se están saludando, haciendo un puño y tocándose los nudillos, otros con los codos, y los más exagerados, con los pies.

Las grandes aglomeraciones tenderán a desaparecer y los núcleos familiares y de amigos, serán mucho más compactos.

El covid-19 nos ha cambiado hasta los hábitos de consumo.  Nos enseñó, que muchas de las cosas que comprábamos, en realidad no la necesitábamos.

Hemos descubierto inagotables bibliotecas y videotecas virtuales, donde disfrutamos de libros, documentales y películas, que por la vida agitada que vivíamos, no sacábamos el tiempo para disfrutarlas.

La educación será otro de los renglones donde habrá grandes cambios.

Con una tableta con capacidad de conexión a internet y una cuenta en las nubes, para poder almacenar el material de estudio, convertiría en obsoletos los libros y las mochilas.

Ya los alumnos ni los profesores tendrían la necesidad de salir de sus hogares para recibir el llamado “Pan de la enseñanza”

Los productores de programas de televisión también han tenido que recurrir a la tecnología y están haciendo sus presentaciones al estilo de las video conferencias, lo que ha demostrado ser una ventaja, pues ahora pueden tener invitados desde cualquier parte del mundo, sin que estos tengan que moverse de sus lugares de origen.

Esta pandemia ha obligado a la mayoría de los sectores productivos a reinventarse.

Son muchos los que en estos momentos están trabajando, eficientemente, desde sus casas, incluyendo médicos.

Los empresarios se han dado cuenta que no había necesidad de que algunos empleados asistieran físicamente a sus lugares de trabajo, cuando lo pueden hacer más cómodamente desde sus respectivas casas.

Al trabajador le ha convenido, pues hay ciertos gastos en los que no tendrá que incurrir, como es el transporte, vestuario y comer en casa.  Mucho más barato y saludable.

A esto se agrega la flexibilidad en el horario.

Las avenidas se ven vacías y los que verdaderamente tienen que estar en las calles ejerciendo una labor, se les hace mucho más fácil.

Hasta los legisladores han descubierto que pueden legislar sin asistir al edificio del congreso.  Esto va en beneficio de la legislatura, pues un diputado o senador, puede recibir electrónicamente en su computador o teléfono inteligente, la agenda del día, estudiarla con más tiempo y hacer en línea sus enmiendas.

Agilizando con esto las sesiones. Solo, en circunstancias muy especiales, tendrá el legislador, la necesidad de desplazarse desde su provincia a la capital de la República

Tendrán mucho más tiempo para intercambiar con su comunidad y verdaderamente conocer de primera mano sus reales necesidades.

De la naturaleza no vamos a hablar mucho.  Solo vamos a decir que, en muy poco tiempo, la hemos visto recuperando espacios que nosotros le habíamos sustraídos y depredado.

Se han avistado especies que creíamos extinguidas. Comenzamos a escuchar de nuevo el hermoso cantar de las aves, de los ríos, hasta el sonido del viento, que corre libre de contaminación.

Algo o alguien, nos está mostrando el modo de vivir correctamente.

Por mucho tiempo, toleró estoicamente el abuso, pero hoy dijo, ¡Basta ya!

Carlos McCoy

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