El coronavirus, la élite mundial y el neoliberalismo

Por Francisco Rafael Guzmán sábado 23 de mayo, 2020

Leges Muntandae Sunt

  1. Wright Mills en su libro: La Elite de Poder, cuya edición en español data de 1957, da cuenta de que la condición de pertenecer a una determinada clase social u otra, por parte del individuo, no dependía ya para la fecha tanto del origen familiar. El esfuerzo y la capacidad logro de prestigio individual pesarían más en la realización del sujeto, buscando adquirir un status en la sociedad que no es el adscrito, lo que unas veces se logra y en otras vienen las frustraciones. El capitalismo porque como sistema basado en el lucro de los propietarios y los gerentes (trabajadores no directos) de las empresas y en la explotación de los trabajadores asalariados, mediante la extracción de la plusvalía (ganancia), no permite mucho movilidad social vertical ascendente, lo cual es limitado a un grupo muy reducido, cuyos integrantes pasan de trabajadores a propietarios de las empresas.

Que nos dice Mills  en la pág. 14 de su obra, edición del ano citado en el párrafo anterior, veamos: “El destino vital del individuo moderno no solo depende de la familia en que ha nacido o en la que entra por el matrimonio, sino, cada vez más, de la empresa en que pasa las horas más despiertas de sus mejores años;  no solo de la escuela en que se ha educado cuando niño y adolescente, sino también del Estado, que está en contacto con él durante toda la vida; no solo de la iglesia en que de vez en cuando oye la palabra de Dios, sino también del ejército en que es disciplinado”. Este razonamiento de MiIls es muy válido para época en que se editó la obra, para la época actual del modelo neoliberal vigente y su consiguiente capitalismo salvaje que prevalece en casi todo el mundo no lo es como era en 1956 0 o 1957. Hoy en día -lo queda evidenciado a partir de la eclosión de la actual pandemia del COVID-19- el destino del individuo no está dependiendo de Estado. No es así porque este en casi todo el mundo, lo que persigue es cobrar impuestos y sostener una alta burocracia parasitaria, macerando y esquilmando a los trabajadores y el trabajo de estos con amparándose en leyes y decretos inicuos que propician el dolo y el latrocinio de funcionarios en colusión con el gran empresariado, pero especialmente los bancos, lo que han querido llamar capitalismo flexible.

Nada más hay que poner ejemplo como han sido asumidos el rol o los roles del Estado Federal y los Estados locales en Estados Unidos en la actual pandemia, la incapacidad de dar los servicios sanitarios con eficacia y eficiencia, incapacidad de alojamiento de todos los pacientes, pérdida de autoridad al no acatar la población medidas de prevención y entierros en fosas comunes, lo que también ha pasado en Brasil, República Dominicana y muchos otros países. El Estado tiene que asumir los roles de proteger al ciudadano, sobre todo en seguridad laboral y sanitaria, pero además poner controles de precios en el mercado local, eliminar AFP, ARS y los depósitos de dominicanos en paraísos fiscales, quitar el mercado privado del dólar y pasar los bancos al Estado.

Por otra parte, el destino vital del individuo no depende hoy en día de las empresas, ya que estas lo que hacen es despedir con facilidad a los trabajadores, el trabajador de por toda una vida no existe hoy en las empresas privadas. Precisamente, ahora con el ataque del coronavirus o el COVID-19, ante la necesidad del aislamiento o cuarentena y como consecuencia el paro de las empresas, estas aprovechan para despedir más 39 millones de trabajadores en Estados Unidos y en nuestro país fueron despedidos cientos de miles.

El Estado no puede siendo un Estado de capitalismo salvaje para los ciudadanos en su mayoría y de capitalismo flexible para el empresariado, el cual despide a los trabajadores sin buenas prestaciones y sin pensiones, después de macerarlos pagándole salarios de miseria por varios años, pero hoy no toda su vida laboral transcurre en una sola empresa. Esto último es lo que le permite a la empresa privada exprimir o macerar al trabajador, ya que luego de pagarle bajos salarios le despide sin darle buenas prestaciones. Los trabajadores no tienen amparo en la legislación laboral, ya que el código de trabajo no permite la libertad sindical.  Leges mutandae sunt: las leyes deben cambiar.

Un mundo así, a juicio del autor, con las reglas impuestas por el neoliberalismo, se hace insostenible.  Mientras escribo estas líneas oigo por la radio a un bombero decir en la radio que los bomberos no tienen pensiones si se retiran por su avanzada edad y si salen y se enferman le niegan atenciones médicas. Esto no puede seguir, el neoliberalismo hay que destruirlo. La elite política y económica mundial, los grandes empresarios del mundo desarrollado y los grandes políticos de las grandes naciones, no quiere que el modelo neoliberal instaurado no cambie, pero la realidad que ese modelo es insostenible. La pandemia ha puesto al desnudo al capitalismo salvaje que tenemos con ese modelo. Un Estado de bienestar, sin hegemonía del capital financiero y con un Estado fuerte en la sociedad, al servicio de las grandes mayorías, es una necesidad mundial.

¿En que estarán pensando las grandes elites del mundo? El autor no habla de la elite política local, porque de seguro estos están pensando en politiquería, más que en la solución de la crisis sanitaria, pero el mundo no va a seguir como ellos piensan. El mundo va tener que cambiar, se podría decir que en un relativamente breve plazo. La solución no estará en la continuidad y promoción de un turismo expansivo como el que hemos tenido y cómo piensan algunos hazmerreir, el sargazo sigue y la crisis sanitaria para largo. Hay que enfrentar muchos problemas en nuestro país y en otros muchos países, como los parques de vehículos, la producción agrícola y pecuaria, la protección del medioambiente, el parque vehicular, los fondos de pensión, los seguros médicos, etc.  ¿En que estará pensando los grandes privilegiados del mundo?

Quieren mantener sus grandes privilegios, pero parece que ya no podrán seguir así. ¿En que pensarán los que selección presidentes para países como Estados Unidos? ¿En que pensaran los que componen la matrícula del club Bilderberg? Daniel Estulin, quien escribió sobre la existencia y propósitos de ese club de la elite mundial, debería tener una respuesta. Es probable que algunos de ellos se alegrarán de la pandemia matara a muchas gentes, para así poder mantener un modo de vida muy privilegiado para un por ciento minoritario de la población mundial, según la profecía de Susan George en libro: Informe Lugano. El autor es optimista y cree que no será como algunos de esa gran élite pueden estar pensando, aunque el virus de la pandemia haya sido manipulado en los laboratorios, puede ser el tiro le salga por culata a quienes piensan en los grandes privilegios.

En 1900, el magnate más grande de Estados Unidos era John Rockefeller, con una fortuna de 1,000 millones de dólares. La familia Rockefeller se vinculó al negocio del petróleo, causante de tantas desgracias por la crisis petrolera de 1973, aprovechada por los grandes bancos del mundo y los industriales de Europa y Estados Unidos, al imponerse el modelo neoliberal al negociarse la deuda externa con el FMI en muchos países subdesarrollados no productores de petróleo. Henry Ford I, en 1925 tenía una fortuna de 2,000 millones dólares.

Sin embargo, con el avance tecnológico y la expansión de la economía de servicios, muchos magnates del mundo no han hecho sus fortunas en la industria transformativa, extractiva o en las finanzas, sino más bien actividades vinculadas a actividades de empresas de servicios.

Por ejemplo, en una lista de los cien hombres más ricos la tecnología del mundo, aparecida en el periódico del 30 de septiembre de 1997, en su página 7E, Bill Gates encabeza la lista con una fortuna de 38,660 millones de dólares. Casi todos están vinculados a la informática. El 31 de diciembre de 2019 aparece un listado de los 500 más ricos del mundo, siendo la fortuna de Bill Gates tiene una fortuna muy superior a esa, según correo que me envió Hugo Cedeño. Uno de los 500 millonarios que está en fortuna por debajo de la de Gates tiene una fortuna de 106,200 millones de dólares, responde al nombre de Bernard Arnault, tan solo el año pasado se ganó 37,700 millones de dólares en negocios bolsa de joyerías. Tanta especulación con el dinero, no con la producción de bienes destinados a satisfacer necesidades humanas.

 

Por Francisco Rafael Guzmán F.

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