El consejero bíblico

Por Enrique Aquino Acosta sábado 31 de octubre, 2020

Dios utiliza siempre la infinidad de su conocimiento, sabiduría e inteligencia para aconsejar a los seres humanos y Adam fue su primer aconsejado y bendecido sobre la tierra (Gn1:28-30)

De ahí, que la idea de consejo tenga su origen en Dios, quien mantiene permanente propósito e  interés en exhortar e insinuar a los seres humanos a que conozcan su parecer y opinión acerca de lo que les conviene y beneficia. También les recuerda y advierte acerca de sus juicios presentes y futuros. Además, en términos corporativos, la palabra consejo significa junta, asamblea o reunión de personas.

Por otra parte, hay que señalar, que aunque Dios aconsejara a Adam directamente al principio, posteriormente lo hizo a través de los profetas, sacerdotes, ancianos, reyes y jueces de Israel. Sin embargo, su propósito e interés  consejero alcanzó más alto nivel cuando decidió  encarnarse en el niño Jesús, de quien se profetizó, antes de su nacimiento, que sería llamado Consejero, junto a otros atributos de su divinidad (Isaías 9:6)

Por eso Jesús aconsejó directamente y posteriormente a  través de su Santo Espíritu, a millones de personas para convencerlas de pecado y transformar su corazón, mediante la predicación y enseñanza de su Santo Evangelio, tarea en la que debe participar activamente su Iglesia (Mc 16:15-16; Jn 15:26)

  En cuanto a los principios que rigen la consejería bíblica, no todos los consejos son buenos, debido a que algunos traen maldición a las personas. Tal fue el caso del profeta Balaam, cuyos consejos movieron a los hijos de Israel a  prevaricar,  o sea, a delinquir, incumplir y violar las normas de Dios. Cuando se presenta ese caso y otros similares, el consejero necesita restauración espiritual (2 S 17:7; Nm.31:16; Is.1:26)

Además de eso, el consejero debe estar siempre disponible para contestar las preguntas que se les formulan, sobre todo, las de sus aconsejados (Is.41:28) Asimismo, en el terreno político, un pueblo que es dirigido sin consejos sabios cae en desorden, debido a que no entiende. Sin embargo, cuando se le dirige y aconseja sabiamente tiene orden y seguridad (Prov. 11.14; Dt 32:28)

Por tanto, una persona que no recibe consejos sabios frustra sus pensamientos, pero si los recibe los consolida. También se debe tener presente, que Dios entorpece, frustra  y estorba las ideas de los malos consejeros (2 S 15:31; Prov. 15.22)

Respecto al cumplimiento de los deberes espirituales del consejero bíblico, debe mantener comunión con Dios y  depender de  ÉL. ¿Cómo? Mediante el estudio, reflexión, comprensión, conocimiento, fe y  aplicación permanente de su Santa Palabra.

En ese sentido, debe aconsejar según las enseñanzas bíblicas para no ser  influenciado ni arrastrado  por las corrientes de pensamiento que predominan en el mundo. Además, debe aplicar métodos terapéuticos acordes con sus convicciones cristianas y  amonestar a los aconsejados con palabras que los alienten, que les den ánimo y resulten constructivas (Ro 15:14; 1Ts 4:18 y 5:11)

El consejero bíblico debe confesar los pecados y  ofensas que comete contra Dios y su prójimo, dando señales de que necesita arrepentimiento, perdón y calidad espiritual para aconsejar. Además,  debe considerar la consejería bíblica como elemento necesario para discipular a la iglesia local y motivar al pueblo de Dios a  involucrarse en ella, mediante la capacitación, entrenamiento y equipamiento necesarios. (Stg 5:16)

Incluso, el consejero debe orar por el estado físico y espiritual en que se encuentran sus aconsejados para que Dios sane sus dolencias y enfermedades. Sobre todo, debe hacerles entender que muchos de sus problemas emocionales y espirituales los origina su estilo de vida  pecaminoso (Mt 6:14; Stg 1:13-14)

En adición a ello, debe pedir a Dios discernimiento, inteligencia  y sabiduría  espiritual  al aconsejar a las demás personas y  debe darle gloria, honor y merito por todo lo que haga, cantando salmos e himnos  espirituales con acciones de gracias que salgan de lo profundo  de su corazón (1 Cr 29:11; Col 1:9 y 3.16)

Una actitud similar deben asumir aquellos creyentes que han alcanzado un alto nivel de conocimiento y madurez espiritual. Deben usar esas bendiciones para aconsejar, orientar y  soportar las flaquezas de los hermanos y hermanas que son débiles en la fe. En tal sentido, no deben criticarlos ni burlarse de ellos si cometen alguna falta, sino, ayudar a restaurarlos con espíritu de mansedumbre y  pensar que ellos mismos pueden ser tentados y caer en pecado (Ro 15.1, Gl 6:1-2)

En vista de lo expresado hasta aquí, Dios nos llama a santificarnos y fortalecernos espiritualmente para que podamos obedecer la ley de Cristo  y  sobrellevar las cargas de los demás con mansedumbre (Ap 22:11).

Por: Enrique Aquino Acosta

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