El Código Flautista

Por Gregory Castellanos Ruano martes 14 de marzo, 2017

El Flautista de Hamelín es una narración hecha por los hermanos Grimm (cuyo nombre original es Der Rattenfänger von Hameln, que se traduciría como El Cazador de Ratas de Hamelín), que trata la historia de una extraña desgracia ocurrida en la ciudad de Hamelín (Hameln en alemán), Alemania, el 26 de junio de 1284. También hay un famoso poema en inglés sobre el particular de la autoría de Robert Browning.

En 1284 dicha ciudad estaba infectada de ratas. Cierto día apareció un desconocido que ofertó sus servicios a los ciudadanos. Por una recompensa él los libraría de todas las ratas y ratones, los aldeanos se comprometieron a materializar la recompensa. El flautista comenzó a tocar su flauta, y todas las ratas y ratones salieron de sus madrigueras y comenzaron a caminar hacia donde se originaba la música.

Una vez que todas las ratas y los ratones estuvieron reunidas alrededor del flautista, éste comenzó a caminar y todas las ratas y los ratones le siguieron al compás de su música. El flautista caminó hacia el río Weser y las ratas y los ratones, que iban tras él, murieron ahogadas.

Ejecutada su misión, el flautista volvió a la ciudad a pedir la entrega de la recompensa pero los habitantes se negaron a cumplirle. El flautista, molesto, se fue de la ciudad y volvió poco tiempo después, el 26 de junio, para vengarse.

Mientras los habitantes de la ciudad estaban en la iglesia, el flautista comenzó tocar con la flauta su música. En esta ocasión ciento treinta niñas y niños le siguieron al son de su música, y los llevó a una cueva fuera de la ciudad. Jamás volvieron a ver a las niñas y niños.

Supuestamente dos niños se retrasaron y por eso no entraron en la cueva. Ellos dos les avisaron a los ciudadanos incumplidores lo sucedido. De los dos niños uno era ciego por lo que no podía señalar el sitio en que sus compañeritos desaparecieron. El otro niño era un cojo y no pudo ver lo ocurrido porque se retrasó. En otras versiones se habla únicamente del niño cojo.

En otras versiones más próximas en el tiempo se habla de que el flautista devolvió a las niñas y a los niños tras recibir una recompensa superior a aquella por la que fue engañado.

Los primeros en ser víctimas del flautista fueron ratas, es decir, una especie de seres vivientes por debajo de la categoría del homo sapiens.

Los segundos en ser víctimas del flautista fueron niñas y niños, es decir, personas sin discernimiento.

El secreto del hombre flautista de Hamelín estaba en que sólo podía influenciar sobre carentes de discernimiento. Un fenómeno parecido ocurrió aquí en la República Dominicana, sólo que el papel del flautista no lo desempeñó una persona sino un código: el Código Procesal Penal.

Y el papel de víctimas del código flautista lo ha desempeñado el segmento de menos discernimiento de la clase de los abogados. El secreto del flautista de Hamelín consistente en incidir sólo sobre carentes de discernimiento es el mismo secreto del Código Procesal Penal.

Todos los abogados de prestigio de República Dominicana advirtieron, tras haber estudiado el Código Procesal Penal, que dicho código le traería consecuencias catastróficas al país. Y mucho menos de dos meses después del mismo estar vigente los alertas resultaron ser profecías de inmediata comprobación que se fueron cumpliendo con precisión matemática.

La delincuencia se apoderó de todo el territorio nacional debido a que la herramienta legal en cuestión resultó ser la mejor aliada de los delincuentes.

La formación que se les daba en las universidades a los estudiantes de Derecho se suponía que los preparaba para el cuestionamiento, por lo que la misma ha quedado marcada ante la realidad evidente de que esa capacidad de cuestionamiento no funcionó para impugnar un código caracterizado por numerosas falencias; y estas falencias (siendo tales falencias) pasaron a ser alabadas como supuestos adelantos cuando en realidad eran (y son) evidentes retrocesos.

Pero el asunto de falta de discernimiento se hizo patentemente más grave en el caso de los abogados que ya estaban en ejercicio al momento del Código Procesal Penal entrar en vigor, pues gran pa

rte de éstos demostraron tener tan poco o ningún discernimiento como aquéllos que en ese momento apenas eran estudiantes de Derecho.

Mientras los abogados de más prestigio del país señalan las numerosas falencias del código en cuestión, contrastantemente los abogados de menos prestigio del país siguen al Código Flautista como aquellos dos grupos de poco discernimiento siguieron al flautista de Hamelín. Ver la fila de ratas y ratones tras el flautista debió ser un espectáculo impresionante.

Ver la fila de niñas y niños tras el flautista igualmente debió ser un espectáculo impresionante. Pero creo que más impresionante es ver el fracaso rotundo de las universidades dominicanas en preparar a los estudiantes de Derecho para ejercer el cuestionamiento frente a una herramienta legal.

El flautista de Hamelín parece que murió y reencarnó en el Código Procesal Penal y arrastra a los “letrados” señalados.

Mientras tras el Código Flautista van aquéllos, que son una minoría, la sociedad dominicana ve ese espectáculo como una muestra de un experimento jurídico fallido hasta tal punto que frente a la negligencia de las autoridades del Estado ha optado por auto-protegerse linchando delincuentes, auto-colocándose rejas y creando grupos zonales para prevenir contra la delincuencia y para capturar delincuentes.

Mientras la fila que sigue al Código Flautista va en una dirección (la equivocada), la sociedad dominicana va en una dirección radicalmente opuesta.

La falta de discernimiento se presta a que aquéllos afectados por ese problema sean fácilmente conducibles y manipulables. Por eso se produjo la primera fila que siguió al flautista de Hamelín. Por eso se produjo la segunda fila que siguió al flautista de Hamelín.

Y por eso se ha producido la fila que ha seguido al Código Flautista. ¿Quién les hubiera dicho a los hermanos Grim que el flautista reencarnaría varios siglos más tarde y que lo haría en la forma de un código?

¿Quién les hubiera dicho a los que creen en la reencarnación que esta no se da solamente en los seres vivos, sino que también puede darse adoptando el reencarnado la forma de un libro?

 

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