El Caribe atiza el fuego y el ambiente caldea las pasiones

Por Carlos Martínez Márquez lunes 15 de julio, 2019

’El hombre es un animal que estafa, y no hay otro animal que estafe además del hombre’’. ’’ Edgar Allan Poe

Como de costumbre, por las mañanas despierto, con una sinfónica onomatopéyica de pájaros en su nidal, alzando el vuelo, cantando y oteando desde lo alto, como si estuvieran invocando a la divina providencia de lo que el día les depararía. El café, se me hace imperativo para el [warm up] creativo de la lírica combinada con la naturaleza y la elevada temperatura que el Caribe manifiesta, en un verano para nada placentero.

El agua gélida que brota del grifo de la ducha, mitiga considerablemente, la inestabilidad térmica de mi endeble anatomía, para así, poder propiciar el buen desempeño de mi rutina diaria, que no deja de ser una constante durante los 365 días del año. Para un día complicado, mejor encender una música que vaya acorde con mi estado de ánimo, pero la calidad de mi preferencia por ella, no desciende a lo más ínfimo de mis exigencias en cuanto a lo que tenga que ver con el contenido y orquestación.

Las manecillas del reloj van trazándome pautas de cómo va la transición melódica que me lleva a otro estado emocional. Escribo todo lo que en cuanto se me ocurra y voy compaginando una serie de eventos a tono con las melodías; es como si a cada uno de ello, le buscara algún tema musical creando una moción y situación, para así dejar creado el Sound track de mi película en formato 35 mm.

En el intermedio, tras el último sorbo de café, ‘’me sirvo y degusto un pozuelo de cornflakes’’, como una entrada ligera a lo que sería luego mi desayuno; me transporto a los finales de los 70 e inicio de los 80 recorriendo la música de uno de mis preferidos: Barry White y su Love Unlimited Orchestra (nada mejor que empezar el recorrido musical  con el tema de shaft- vocalizado por Isaac Hayes). Cada loco con su tema- como siempre- habita en nuestras mentes, ese divino acto senil que nos desconecta de realidades inverosímiles donde existen islas de fantasías, creadas a la perfección, para recrear experiencias que pueden ser fantásticas o desalentadoras.

En el mes de junio empiezo a crear mi portafolio para proponerle a Netflix lo que podría ser un ‘’hit’’ para mini series y disfrute de todo el universo de usuarios, vinculados al famoso proveedor de películas en línea, ubicado en Los Gatos, California.

He aquí, mis proposiciones: Muertes de turistas en la Isla Hispaniola, sicarios de grandes ligas y Estupro a Lolita Constitución, esta última en desarrollo para su posterior edición. Si de resultar efectiva mi propuesta, entonces, no me dedicaría a nada más. Me blindaría de plata de por vida, pero todo queda a discreción de ciertas realidades que reside en el ámbito local. Mike Pompeo ya ha sido contactado para que me autorice si desea aparecer en los créditos de la serie. The Last House Call (‘’La última llamada a casa’’) es un corte musical que tome prestado para dicha serie.

Aproveche el intermedio, para concluir mi cereal, y luego comerme  el derretido de queso y un licuado de mango al natural; la cinta es en blanco y negro y el casting, no me fue difícil reclutar. Estaban todos los actores en el lugar de los hechos; la mansión de los legisladores, por los predios del Centro de Los Héroes, estaba a casa llena.

Los ‘’drones’’ estaban a punto de despegar para realizar las tomas necesarias, para la majestuosidad de la panorámica que rodeaba el congreso. Los actores principales, estaban enojados porque hubo problemas técnicos a lo interno del lugar y tuvieron que abortar el proceso. El calor y el Sol azotaban como caldera en ebullición, motivaban a muchos, a consumir líquidos para la hidratación.

Todo era algarabías y enojos. Había allí, una gran tensión de alto voltaje… que fácilmente podría desencadenar una estampida de paquidermos, pisoteando las masas y los resultados fueran hoy funestos. Allí todos arriesgaron la faja y la resistencia fue tan cruenta, que la temperatura llegó a niveles exorbitantes. Veremos como termina.

Por: Carlos Martínez Márquez

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