El cantar de Girón 

Por Raúl Mejía Santos

La corrupción administrativa que vive República Dominicana nos hace incapaz de llegar a indignarnos ante tanto abuso, lo vemos como legajo normal de nuestra historia y realidad desde la fundación pública en el Estado dominicano. La ética, la moral, los buenos hábitos en el manejo de asuntos cotidianos, parecen distanciados del entorno social en nuestro país y más en el escenario político. Y llegó Girón.

Con el caso Coral, nombre peculiar utilizado por la Procuraduría General para designar el proceso judicial iniciado contra altos jerarcas militares y policiacos, incluyendo al jefe de seguridad del expresidente cuyo nombre no deseo recordar, queda evidenciado que la milicia y la fuerza policial sufren del mismo padecimiento nuestro de cada día.

Los encartados en el caso Coral disfrutaron las mieles del poder danilista por ocho años corridos, disponiendo partidas presupuestarias y nóminas castrenses a su antojo. Bajo el manto de impunidad que les apadrinó no era difícil agenciarse una vida suntuosa y de placeres, robándose hasta el último chelito que pudieran empuñar.

Las entrañas del Palacio Nacional, al ladito del entonces mandatario, fueron escenario de órdenes para estafar millones de pesos al erario. Muy a pesar de esa vil realidad, la danza interminable de la corrupción castrense siguió hasta después del traspaso de mando al nuevo gobierno.

Como es uso y costumbre en nuestro país que a los jerarcas militares o policiacos no se les cuestiona, los encartados por ese heroico ministerio público entendían ser intocables, que podían seguir sus andanzas sin temor alguno y la cercanía a los círculos de poder les colocaba fuera del radar justiciero.

Se equivocaron, el discurso sobre transparencia y compromiso con la lucha anticorrupción se hizo cumplir. Caen altares, redoblan tambores en República Dominicana, al fin vemos consecuencias a lo mal hecho. Aquellos que juraron defender la patria contra enemigo interno y foráneo, incluso hasta ofrendar sus vidas, optaron por mancillar su honor.

Raúl Alejandro Girón Jiménez rompió el silencio, sus razones tendrá. Hizo historia delatando entramados protagonizados para beneficiarse y lucrar a sus superiores. Declaró en audiencia todo lo que sabía; hablo lo necesario para revelar su complicidad y afilar hacia los aventajados del esquema de corrupción que se ideó durante el gobierno danilista. Impresionan sus palabras, su relato y la seguridad que proyecta frente al estrado.

Atentos, los dominicanos sensatos, conscientes y convencidos de querer transparencia y justicia en los asuntos públicos, escucharon pormenores de la historia del valiente delator. Ese con rango de mayor, que un día conspiró y defraudó su juramento como militar de la patria, en ese momento honró el uniforme.

 Declaró sus vivencias y cómo funciona el goloso plan para alzarse con la millonaria partida. “Lo vi, escuché, me ordenó” fueron palabras recurrentes que retumbaban contra los coimputados presentes en sala. Su testimonio fue devastador; en Ciudad Nueva se escuchan alabanzas al creador.

Papel y bolígrafo en mano el listado de asuntos a tratar frente a la juez parecía interminable, pero servía de aliciente para la patria. ¡Que se haga justicia!

Por Raúl Mejía Santos

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